El gran golpe electoral de Bush

La Casa Blanca preparó en secreto el viaje a Bagdad del presidente durante cinco semanas

La audaz operación de 30 horas en la que el presidente de EE UU, George W. Bush, salió clandestinamente de su rancho de Crawford, en Tejas, para ir a Bagdad, celebrar el día de Acción de Gracias con 600 soldados y reunirse con sus generales y con cuatro líderes iraquíes empezó a prepararse a mediados de octubre, durante el viaje del presidente por Asia. Bush, que entendió enseguida el potencial político y mediático del viaje, estuvo obsesionado por el secreto y hasta poco antes de aterrizar en la capital iraquí exigió garantías de que no se había filtrado la misión. Ante la más mínima duda, hubiera ordenado dar media vuelta al Air Force One.

EE UU ha asumido ya -a golpe de soldado muerto- que la situación en Irak es peligrosa y que la posguerra no ha seguido los derroteros que soñaban las visiones más ingenuas antes del conflicto. La operación era muy arriesgada. Cualquier incidente o intento de ataque contra el avión presidencial o contra el aeropuerto de Bagdad, independientemente de su éxito, hubiera convertido el impecable golpe de mano mediático en una catástrofe política. "Si lo hubiéramos anunciado, yo me habría puesto en una situación de riesgo y les habría puesto a otros, incluidos ustedes", les explicó Bush a los periodistas que le acompañaron en el avión.

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En el secreto participó el piloto de un avión de la British Airways, que, en el curso del vuelo de diez horas entre Washington y Bagdad, fue capaz de distinguir el avión presidencial. El comandante se dirigió por radio al avión: "¿Acabo de ver el Air Force

One?" El piloto del gigantesco e inconfundible 747 se limitó a responder con la identificación de un pequeño avión: "Gulfstream Five". El británico, dándose cuenta de que la respuesta enmascaraba algo fuera de lo normal, se limitó a decir, en la mejor tradición anglosajona: "¡Oh!".

Cuando faltaban tres horas para aterrizar en Bagdad, el presidente obligó de nuevo al servicio secreto a repasar los detalles de seguridad y a garantizar que no había habido filtraciones sobre el viaje. El director de comunicaciones de Bush, Dan Bartlett, se lo dijo en pleno vuelo a los periodistas: "Muy poca gente, fuera de la estructura de mando, está al tanto de la logística. Si esto se sabe mientras estamos en al aire, daremos media vuelta".

El viaje empezó a gestarse a mediados de octubre, durante la gira presidencial a Asia. Según Los Angeles

Times, el presidente pidió a sus colaboradores que estudiaran la posibilidad. Según The New York

Times, fue Andrew Card, jefe de Gabinete de la Casa Blanca, el que le preguntó a Bush si estaría interesado en comerse el pavo en Bagdad. "Sí, me interesaría", contestó el presidente, "pero no a costa de que nadie corra peligro". En los preparativos que se pusieron en marcha desde entonces tomó parte sólo un puñado de personas: su jefe de gabinete; su consejero político, Karl Rove; Condoleezza Rice, la Consejera de Seguridad, y algunos más y los responsables civil y militar de EE UU en Irak.

Bush no se lo avisó a sus padres, que estaban invitados a cenar el jueves, contó a los periodistas; en cuanto a su mujer y a sus dos hijas, "les dije que no podría estar en la cena de Acción de Gracias. Les aseguré que no iría en caso de que las cosas no fueran como se habían planeado y les pedí que me guardaran las sobras de la cena". Su salida del rancho de Crawford tuvo todas las características de una película de acción: el presidente se metió en una furgoneta con los cristales ahumados y una protección mínima. En el vehículo iba también Condoleezza Rice. Los dos llevaba gorras de béisbol caladas, para que nadie les reconociera, incluido parte del servicio secreto: "Parecíamos una pareja normal", dijo Bush después. Entre la normalidad de la operación estuvo la obligación de soportar los azares del tráfico en el recorrido de 45 minutos desde su rancho hasta el aeropuerto de Waco. "El presidente se encontró por primera vez en tres años con los problemas del tráfico, lo cual fue divertido para los que le acompañaban en el coche".

A pesar de los antecedentes de otros viajes presidenciales mantenidos en secreto -el más parecido, el que hizo Lyndon B. Johnson en la Navidad de 1967 a Vietnam-, Bush admitió que el viaje le reportará ventajas políticas: "Era lo que había que hacer. Unos soldados se lo contarán a otros y todos apreciarán que el presidente fuera hasta allí para darles las gracias y recordarles que su país está con ellos".

* Este artículo apareció en la edición impresa del viernes, 28 de noviembre de 2003.

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