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Sophie Calle

"Los sucesos felices los vivo, los desgraciados los exploto"

La artista francesa, convertida por Paul Auster en personaje de una de sus novelas, trabaja desde hace más de veinte años en una obra que aparece bajo la forma de instalaciones, fotografías y cuentos. Su nueva exposición en el Centro Pompidou, de París, presenta sus últimas creaciones, entre las que destaca el conjunto Douleur exquise (dolor exquisito) (1984-2003), realizado a partir de la experiencia de una ruptura sentimental, vivida por la artista como el momento más doloroso de su vida.

La conservadora de arte contemporáneo del Centro Pompidou, Christine Macel, lo admite de entrada: "Sophie Calle es uno de los artistas franceses más conocidos y menos vistos". Eso es cierto en su país pero también lo es, aunque en menor grado, en otros. "El reconocimiento como artista me ha llegado de Estados Unidos", dice Sophie Calle, atareada en desembalar cajas y en organizar el material que llega a la cuarta planta del centro para la gran retrospectiva que la institución le dedica hasta el 15 de marzo. "No es propiamente una retrospectiva, sino una exposición monográfica en la que dos terceras partes están consagradas a obra reciente y el tercio restante son obras anteriores que sirven para iluminar mejor las de ahora", matiza Macel.

"Sophie Calle se crea obligaciones, se inventa rituales, se fabrica una autoficción"

El título bajo el que se agrupa todo el material de Sophie Calle es M'as-tu vue (¿me has visto?) y remite al juego de espejos, de identidades, de presencias y desapariciones que articula la obra de la artista. Sophie Calle nace en París en 1953 y tiene una adolescencia y juventud muy viajera. "Comencé militando en un grupo maoísta. A los 18 me fui a Líbano porque quería conocer la lucha de los palestinos y también porque quería impresionar a un dirigente de La Cause du Peuple del que me había enamorado. Los fedayin me llevaron a la montaña, me confiaron una metralleta que nunca supe utilizar. Era una situación novelesca", confiesa Calle. De regreso a París "las batallitas entre las distintas facciones militantes me parecieron ridículas", pero no le impidieron embarcarse en el GIP (Grupo de Información de Prisiones) y luego en el MLAC (Movimiento para la Liberación del Aborto y la Contracepción). El amor la lleva a vivir en comunidad, primero en el centro de Francia, luego en Creta. Una crisis sentimental la conduce hasta una agencia de viajes: "Puse encima del mostrador todo mi capital y pregunté hasta dónde podía ir con aquella suma. Me dieron un billete de ida y vuelta, válido durante un año, para México".

De sus veraneos adolescentes en la región de la Camargue y de su estancia mexicana conserva dos cosas: pasión por los toros y buen dominio del idioma español. "Cuando regresé a París sabía que quería dedicarme a la fotografía. Ya había cedido a todos los tópicos generacionales: había sido maoísta, feminista y hippy en el momento adecuado pero ahora no estaba dispuesta a convertirme en una punk". Eso no impidió que se afeitase el cráneo y que durante semanas se lo cubriese con un pañuelo.

"Sophie es una mezcla de autocontrol absoluto y de dejarse llevar", explica Macel. "Se crea obligaciones, se inventa rituales, se fabrica una autoficción". Y se hace ladrona de historias, comienza a seguir a desconocidos por la calle, a fotografiarles a escondidas, a anotar todo lo que hacen. Más tarde logra emplearse como mujer de la limpieza en un palace veneciano y fotografía las habitaciones en ausencia de los clientes. Y cierra el círculo contratando a un detective para que la siga a ella y poder contrastar dos descripciones de una misma vida.

En el Pompidou se podrá descubrir, por primera vez después de ser mostrado en Japón en 1984, la obra Douleur exquise, surgida de una ruptura sentimental. "El Ministerio de Exteriores me concedió una beca de tres meses para estudiar en Japón. Ese viaje conllevó romper con mi amor. Entonces esa vivencia me pareció la más dolorosa que había conocido. Para protegerme, en vez de contar mi viaje, decidí contar mi dolor". El resultado son fotos y textos, enmarcados, que hablan de antes de la crisis, una habitación que reproduce "el lugar del dolor", y otras fotos y textos en los que una serie de personas responden a la pregunta "¿cuándo ha sufrido usted más?".

Un cineasta -Michael Radford- quiere hacer una película sobre Sophie y le encarga a Paul Auster que le escriba el guión. La producción se hunde por falta de dinero, pero Auster escribe Leviatán, una novela protagonizada por María, una mujer que, por ejemplo, sigue regímenes alimentarios monocromáticos. Sophie Calle retomará la imagen que le brinda Auster, se someterá a ella y la llevará aún más lejos en Des journées entières passées sous le signe du B, du C, du W.

Otra obra que descubre el Pompidou es Unfinished (2003), un trabajo en el que Sophie Calle "lleva al límite su reflexión sobre las nociones de autor y estilo. Parte de un material proporcionado por un banco, fotos de gente que retira dinero de un cajero automático. Durante años, Sophie se ha preguntado qué hacer con ellas y no ha sido hasta el momento en que ha convertido lo inacabado en estilo y tema que ha nacido Unfinished", dice Macel.

Entre los 199 elementos enmarcados -176 fotos y 23 textos- y las diversas instalaciones que acoge el Pompidou también figuran las series dedicadas a investigar cómo son vividas por los ciegos las ideas de color y belleza o la concebida como homenaje a Bénédicte Vincens, una admiradora de la obra de Sophie Calle que desapareció el 27 de febrero de 2000, dejando su trabajo de vigilante en el propio Pompidou al mismo tiempo que un apartamento en llamas. Dieciséis fotos, una fotocopia, un espejo, una silla y unos textos cuentan esta historia entre dramática y fantástica. "Los acontecimientos felices los vivo, los desgraciados los exploto", resume la artista.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 22 de noviembre de 2003