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Forges reivindica como lectores al público de las viñetas

El simposio de la Fundación Luis Goytisolo dedicado al personaje en la narrativa actual, que se celebra en El Puerto de Santa María (Cádiz), acogió ayer una charla poco habitual en este tipo de foros. Antonio Fraguas, Forges, humorista gráfico a punto de cumplir 40 años en el oficio, acudió al Auditorio Municipal del Monasterio de San Miguel para pronunciar una conferencia titulada Persogramas e ideonajes. "Me produce una sensación muy agradable estar con escritores importantes, y sobre todo a la sombra de un maestro como Goytisolo", afirmó el dibujante.

Forges explicó que su trabajo funciona en el sujeto que lo recibe "como una síntesis de periodismo y literatura, por eso llamamos a nuestro público lectores. Les ahorramos tiempo porque de un solo vistazo, con poquísimos datos, reciben mucha información. Y es algo que nos agradecen mucho", añadió. No obstante, se reservó una legítima cuota de pesimismo: "No es ningún secreto que la lectura en general no está de moda. Cada vez somos menos leídos y más mirados, cada vez hay menos lectores y más miradores". El humorista, creador de personajes como Blasillo o Romerales, se resistió a dar recetas infalibles a los escritores. "No me atrevo a dar consejos porque no me los doy ni a mí mismo. El mejor consejo en estos casos, y sirve para todos, es intentar hacer las cosas bien", dijo.

Acerca de la implicación de los intelectuales en la realidad social del momento, Forges zanjó la cuestión con una cita: "Conflictivos los tiempos en que los jóvenes no hacen caso de los mayores, los ricos no reparten con los pobres y todo el mundo escribe un libro... Esto lo dijo Marco Tulio Cicerón hace 2.003 años, pero la discusión ya venía de los griegos".

Junto a Forges, en la jornada de ayer también intervinieron el crítico Fernando García Lara y la escritora Belén Gopegui, quien trató de mostrar los modos en que se utiliza el personaje narrativo para convencer al lector. "De la misma forma que en el teatro se viste al personaje bueno de blanco y al malo de negro, en literatura muchos autores ponen rasgos que consideran positivos en el protagonista, y otros negativos en el antagonista. Se trata de un procedimiento un tanto deshonesto, porque no cargas la verdad en los argumentos o acciones del personaje", señaló.

La autora de La escala de los mapas puso como ejemplo sendas novelas de Armando López Salinas y Javier Marías para explicar que "puesto que hoy casi nadie tiene la posibilidad de cambiar con su acción el curso de los acontecimientos, los personajes opinan, pero nadie actúa". Este hecho, dijo Gopegui, "devalúa la capacidad de la literatura. La narración es un elemento más complejo que el ensayo". "Desde siempre, el atractivo del adulterio o el espionaje era halagar en el lector la fantasía de que se pueden vivir dos vidas. Ahora el personaje que halaga esa fantasía es el escritor, y lo que cuenta no son sucesos", dijo.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 14 de noviembre de 2003