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OPINIÓN DEL LECTOR

Gorrillas en Sevilla

Me dirijo a Francisco Gómez, como ciudadano de Sevilla y de ideas progresistas que soy, con respecto a su carta publicada el pasado 9 de octubre. No se engañe, el Ayuntamiento de Sevilla no tolera a los "gorrillas". El hecho de que sea usted tan taxativo ("la única ciudad que los tolera...") demuestra que desconoce la realidad de otras ciudades o que magnifica el problema en Sevilla para darse una razón que en su totalidad no tiene. Yo he sido testigo de que el problema ha ido menguando bastante, incluso si lo comparamos con otras corporaciones de talante, usos y abusos derechistas, se podría decir que su disminución ha sido exponencial. Pero también comprendo, por mi formación jurídica, que los residuos que quedan, para su total y completa erradicación, se deben al carácter espontáneo del mismo y la dificultad de demostrar que esos individuos mantienen una actitud delictiva o dolosa.

Dice usted que Sevilla "se acerca cada día más al abandono y deterioro más absoluto". Y sabe usted que exagera, cualquier ciudadano que le haya leído sabe que usted falta a la verdad no sé con qué motivo, alguno deberá tener para darle la vuelta a la realidad como si fuera un calcetín. El proceso de modernización que está llevando el Ayuntamiento progresista que gobierna nuestra ciudad no tiene parangón. Esto quiere decir que se está implantando una ciudad policéntrica, o lo que es lo mismo, una ciudad donde un ciudadano pueda disponer de los mismos servicios viva en el lugar que viva del territorio urbano. Quizá esto interese poco a los que habitan los núcleos residenciales nobles de la ciudad, pero para el conjunto de los ciudadanos es un avance importante en el ámbito del bienestar general.

Dice usted que limpian su calle cada vez que llaman a los servicios de limpieza, usted no hace del vicio virtud, sino de la virtud un vicio, no es mal servicio el que acude cuando se le llama, excepto en su caso, que resulta fastidioso.

Así que, señor Gómez, pague con tranquilidad sus impuestos, que serán empleados con equidad, ¿o no es eso lo que pretendemos?

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 14 de noviembre de 2003