Visita argentina a las islas de Milanesia
Con algunos de sus viajes podría escribirse una antología del disparate. De momento, el músico argentino nos avanza un suculento aperitivo con el relato de su viaje a Milanesia, archipiélago del suroeste del Pacífico. Y lo hace poco después de llegar a España para presentar su trabajo Naturaleza sangre, que le llevará de gira por España a partir de noviembre.
Todo empezó con una huida. Corríjame si me equivoco.
Así es. En 1993 pasé de no vender discos en Argentina a vender 700.000, y de hacer 10 conciertos por año a 10.000. Estaba liquidado, roto. Le dije a Cecilia , mi pareja entonces, "vámonos a un lugar donde nadie entienda nuestro idioma". Y ella se puso a buscar y dijo: acá.
¿Dónde estaba sito el acá?
Eran unas islas cerca de las Fiyi, en la Milanesia. Allá fuimos, pero de camino pasamos por Nueva York y sucedió algo divertido. Nos alojábamos en el hotel Plaza. Estaba solo cuando por la mañana saqué fuera el carrito del room-service. Fue girarme y ver cómo la puerta se cerraba. Y me quedé medio desnudo en medio del pasillo.
Si eso fue el aperitivo del viaje, cómo sería el plato fuerte.
Delirante. Llegamos. Milanesia, descanso total, mucha lectura y una temporada romántica, preciosa. Decidimos ir en barquito a algún lado. El capitán nos habló de una islita en la que había un rey que te recibía sólo si le llevabas una sustancia, una especie de hierba. Lo hicimos y nos recibió.
¿Era tipo rey tribal?
Exacto. Además era muy mayor, parecía tener 140 años, y para darnos la mano se la tenía que sujetar. Gobernaba una población de menos de 200 habitantes en un lugar perdido en medio de la nada, sin televisión.
Imagino que para entenderse recurrirían al lenguaje corporal, que no falla.
Chapurreaban algo de inglés. Así que el colega del rey le dijo que había ido a verle un músico argentino. En cuanto oyó la palabra Argentina, el rey gritó y dijo: "¡Maradona!". Y yo decía: "Maradona, a friend of mine". Y él: "¡Maradona, Maradona!". Ellos tenían una radio, nunca habían visto la cara del futbolista. Así que decidieron que yo era Maradona.
¡No!
Siií. Fui Maradona por media hora. Una situación delirante. Me llevaron a una cancha de fútbol, me dieron una pelota y empecé a hacer jueguitos con ella. Toda la isla expectante. Aún hoy deben pensar que conocieron al Pelusa.
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