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Entrevista:TROTAMUNDOS | ALBERTO SAN JUAN | FUERA DE RUTA

Comer pipas en la plaza de Cañamares

Acaba de llegar de Brasil, pero prefiere hablar de sus escapadas al pueblo castellano de su abuela. Seguro que en cuanto estrene Días de fútbol, su última película, Alberto San Juan regresará a la plaza y al río de Cañamares (Cuenca).

Como buen madrileño, necesita un pueblo para tener cierta identidad.

Yo he nacido y me he criado en Madrid, y sentirse de aquí no es fácil, así que el pueblo de mi abuela es mi lugar de referencia íntima. Significa ver a mi prima y a mi tía. Además, creo que viviendo en la capital es imprescindible salir fuera cada semana, si se puede. La ciudad te cierra los sentidos, uno por uno, y es necesario cambiar el punto de vista. Al fin, viajar sirve para comprobar que la vida es más amplia de lo que sentimos.

Ancha es Castilla, así que sitúeme en el pueblo de su abuela.

Se llama Cañamares y está en la sierra de Cuenca. Justo donde termina la llanura, llamada el campichuelo. No es un pueblo especialmente bonito, aunque recomiendo llegar hasta allí, parar en el hotel rural que hay junto al río y probar el morteruelo, que es un paté hecho con aves de caza. También es un buen plan sentarse en la plaza de la iglesia a comer pipas. Después hay que perderse en el bosque.

¿Es de los urbanitas que idealizan todo el mundo rural?

No creo. Yo tengo ciertas prevenciones sobre el carácter castellano. No me atrae la rigidez, ni esa austeridad sentimental que cuesta atravesar. Tampoco que se valore tanto lo de trabajar de sol a sol. A mí me dicen que lo mío no es trabajar.

Pues sus trabajos le dan para salir fuera de España. ¿En qué tipo de países prefiere recalar?

En Europa están los museos, el arte, esa cultura... Pero hay que viajar a África, América y a Oriente, porque se aprende. En los países donde viven peor que nosotros en lo material, viven mucho mejor en otros aspectos.

¿Qué es lo mejor y lo peor que le ha pasado en un viaje?

Lo mejor siempre es comprobar que mientras uno está vivo, todo es posible. Lo peor es la soledad que se puede sentir cuando te alejas.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 20 de septiembre de 2003