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Reportaje:MANUEL IRADIER | AVENTUREROS Y VIAJEROS

Un explorador de quimeras

La vida y la obra de Manuel Fermín Iradier Bulfi -Vitoria,1854-Valsaín (Segovia), 1911)- aparecen ensambladas en torno a un proyecto al que se dedicó apasionadamente: el recorrido y el estudio de parte de la actual Guinea Ecuatorial, que suponen importantes hitos en la historia de las exploraciones geográficas. Fascinanado por las grandes exploraciones africanas de Burton y Speke, desde julio de 1870 Iradier dirigió en su Vitoria natal un grupo de jóvenes con el triple objetivo de: fundar un centro que les sirviera de estímulo para sus trabajos; recorrer Álava, y conservar en un museo los objetos reunidos en sus excursiones.

Corre el año 1871 cuando fue sustituido el nombre de Sociedad Viajera por el de La Exploradora, se simplificó el reglamento interno y quedaron formadas tres comisiones. En junio se presentó un estudio sobre el "Equipamiento de una expedición y su valor". El proyecto, ambicioso para la época, consistía en atravesar África, el continente misterioso, todavía con numerosos espacios en blanco y aún "no explorados", de Sur a Norte, siguiendo un itinerario que comenzando en la surafricana Ciudad de El Cabo terminaría en Trípoli (Libia). Sin embargo, Henry Stanley, de paso por Vitoria convenció a Iradier de que iniciara sus exploraciones en las posesiones españolas en el golfo de Guinea.

Fruto del primer viaje al país del Muni (1874-77) -sin ayuda oficial, estuvo acompañado de su flamante mujer (Isabel Urquiola) y de su joven cuñada-, es Fragmentos de un diario de viajes de exploración en la zona de Corisco (Madrid, 1878), con una carta geográfica donde se detallan los itinerarios seguidos. Afrontó su segunda expedición en 1884, mejor planificada y con mayores medios. Estuvo acompañado por el médico Amado Osorio, aunque pronto cayó enfermo. Tras ellas dio a la imprenta dos meritorios volúmenes: África y Viajes y trabajos de la Asociación Euskara La Exploradora (Vitoria, 1887). Paralelamente, las potencias europeas participan de una suerte de frenético reparto del pastel africano.

El primer tomo de África está dedicado a la narración de sus dos viajes, el inicial, con una duración de 834 días, y un recorrido aproximado de 1.800 kilómetros; y el segundo, en 1884, de 150 días y 400 kilómetros. Constituye una especie de diario donde va anotando las incidencias desde su salida de la capital alavesa hasta su vuelta. Así, al lado de los sucesos e incidencias acaecidas, algunas de gran atractivo, relaciona los lugares (puertos, accidentes geográficos, poblados) visitados, con datos de interés y descripción de su flora y fauna, comenta las costumbres de los indígenas y aporta pinceladas de color local.

Iradier colaboró en publicaciones y asociaciones de diverso tipo: en el Ateneo vitoriano, Academia Cervántica, Sociedad Geográfica de Madrid, etc. Resulta estimable, aunque menos divulgada, su faceta como inventor (caja silábica para imprenta, papel fotográfico...), pedagogo y conferenciante. Fue un genuino explorador de quimeras y un pionero de los estudios africanos.

Las selvas africanas

En su libro África, que todavía sigue encantando a las nuevas generaciones, Manuel Iradier hace referencia a sus dos exploraciones del golfo de Guinea y a la ocupación del Muni.

En su páginas tiene ocasión de tratar asuntos diversos: observaciones meteorológicas, referencias a plantas y animales, usos y costumbres de los indígenas, derechos de soberanía, historia... Describe la belleza de los parajes visitados allí, quizá por primera vez por un europeo, e insiste en que son impenetrables, inhospitalarios y hostiles.

"Las selvas africanas son la desesperación del viajero. Sobre un terreno húmedo, blando, encharcado, compuesto de capas superpuestas de vegetales..., se elevan variedad inmensa de plantas buscando la luz del sol y alcanzando alturas considerables". "Sus ramas", describe gráficamente, "se entrelazan, se unen y se confunden formando una bóveda espesa de hojas variadas por su color, tamaño y figura, impenetrable a los rayos del sol y guardadora de una atmósfera densa, pesada, saturada de humedad y de venenosas miasmas".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 14 de septiembre de 2003

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