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Crónica:BALONCESTO | España-Lituania, final del Campeonato de Europa

Final bomba

Navarro y una defensa 'a la italiana' dan un agónico triunfo a España, que hoy se juega el oro europeo contra Lituania

Las canastas de Navarro, la fe en la defensa y el desenlace. Todo fue bomba en el agónico final con el que España liquidó a su bestia negra de otros tiempos, Italia, y alcanzó la clasificación para jugarse hoy la medalla de oro del Campeonato de Europa de baloncesto ante Lituania y, de paso, la invitación para los Juegos Olímpicos del año próximo en Atenas. Dos pájaros, de un tiro. Incluso tres, si se tiene en cuenta también el punto de ascendencia que marca hoy por hoy el basket español sobre el italiano, que tan mal se le había dado casi siempre.

Esta vez España actuó a favor de inventario, con una fe que no perturbó siquiera el excelente rendimiento de Italia, que se superó como siempre hace en las ocasiones estelares y que, en varios momentos, tuvo un pie sobre el cuello del equipo de Moncho López, al que le costó entrar en materia y que en el primer tiempo rozó el descalabro (29-40). Pero ahora quienes deciden son Gasol y Navarro. Ayer le tocó el turno al segundo en un último cuarto sublime, en el que desquició a la defensa italiana y anotó 13 puntos. Pero la puntilla la dio la defensa española, que liquidó a Italia con la misma receta que tantos años ha utilizado el cuadro transalpino.

LITUANIA 74 - FRANCIA 70

Lituania: Jasikevicius (11), Siskauskas (11), Stombergas (22), Lavrinovic (2), E. Zukauskas (12) -cinco inicial-, M. Zukauskas (4), Macijauskas (8), Songaila (2) y Slanina (2).

Francia: Parker (24), Foirest (3), Abdul Wahad (16), Pietrus (4), Moiso (6) -cinco inicial-, Sonko, Digbeu, Julian (12), Diaw (4) y Dioumassi (1).

Árbitros: Voreadis (Grecia) y Drabikovsky (Ucrania.

Primera semifinal: unos 10.000 espectadores en el Globe Arena, de Estocolmo.

Quedaban 18 segundos. España ganaba por 81-79 y, en vez de hacer una falta para garantizarse la última posesión, decidió defenderse hasta el bocinazo final. Fue un triunfo a la italiana. El último cartucho lo tuvo Bulleri, pero el base del Benetton de Treviso tuvo que arquearse tanto que el balón se fue al hierro. Pudo haber entrado, pudo haber ganado Italia, es cierto. Pero España actuó en todo momento con un talante optimista; con errores y dificultades, pero sin transmitir las dudas y el pesimismo de otros decenios. Y eso que estuvo en precario en muchos momentos.

Tuvo que corregir el equipo español su grisáceo juego de la primera parte y sobrevivir al discreto partido de Gasol, muy encajonado por la defensa rival, favorecida por la falta de tiro exterior en el primer tiempo. El ataque quedó por momentos al borde de la parálisis absoluta y agotó en ese tramo hasta cuatro veces los 24 segundos de posesión sin llegar a lanzar, anestesiado como estaba por la cerrada cobertura contraria.

Navarro no afinó de primeras y sus relevos, Grimau y Herreros, no enmendaron la plana. La producción ofensiva se resintió tanto que, cuando Gasol gozó de un breve descanso, la brecha empezó a abrirse hasta extremos peligrosos.

Los italianos iban a favor de corriente, cómodos por la rentabilidad que les daba su defensa, que beneficiaba las rápidas transiciones de Bulleri, combinadas con ataques tan al borde de su tiempo de posesión que en tres ocasiones anotaron justamente cuando el reloj se ponía a cero. Bulleri llevó por la calle de la amargura a Calderón y Marco. Es un tipo de lo más activo, veloz y decidido, que, de tanto trotar, acabó confundiendo a los dos directores de orquesta españoles.

Pero en el segundo tiempo España fue la que atornilló en la defensa e igualó el partido después de anotar dos triples y de que Garbajosa diera un recital de astucia en el juego ofensivo. En el último tramo, Jiménez desestabilizó a la defensa italiana a base de cortar por dentro de la zona y Navarro decidió tomar las riendas. Lanzó, penetró, provocó faltas... Italia jugó a la confusión utilizando una defensa en zona en los últimos tres minutos y medio. Pero Navarro la rompió y empujó a España a una ventaja sustancial: 81-76 a 47 segundos de la conclusión.

El final fue eléctrico porque Bulleri anotó un triple y Navarro cometió acto seguido una falta en ataque. Quedaban 18 segundos y, en el tiempo muerto, el equipo español decidió jugársela a defenderse, sin cometer falta. Le salió bien. Tiró Bulleri, falló y... España disputará hoy su quinta final en la historia de un Europeo que jamás ha logrado ganar. La oportunidad es esta vez de oro.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 14 de septiembre de 2003