Editorial:Editorial
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Precios recalcitrantes

La tasa de inflación en julio no confirma la tesis oficial de que seguiría una trayectoria descendente en la segunda parte del año 2003. Es cierto que la caída del IPC en el 0,6% en el mes de julio -debida fundamentalmente a las rebajas- mejora algo las expectativas de descenso que tenían el Gobierno y los economistas; pero resulta que la tasa de inflación interanual, que es la que cuenta como referencia para evitar las alzas y bajas vertiginosas que provoca la introducción de las rebajas en el cómputo del IPC, ha subido en julio una décima (al 2,8% desde el 2,7% de junio). De forma que se rompe la tendencia a la contención que se había registrado desde enero y que ya había perdido gas en junio.

La inflación española muestra una enorme resistencia a bajar. Resulta sorprendente que no recoja los efectos antiinflacionistas de la apreciación del euro, como ha ocurrido en los países centrales de la UEM, salvo en descensos esporádicos en los precios de los combustibles. Las explicaciones microeconómicas apenas aclaran la trayectoria zigzagueante de los componentes de los precios, de forma que cuando alguno baja de forma significativa siempre hay otros que neutralizan la reducción. Si se descuentan las consecuencias de las rebajas, resulta que en tasa interanual han bajado los precios de las telecomunicaciones (-2,5%), pero la enseñanza sube el 5%, los hoteles y restaurantes el 4,2% y vestido y calzado -a pesar del descenso por las rebajas, en junio y julio- el 3,9%.

Lo que hace el Gobierno para controlar la inflación resulta insuficiente. Sorprende que la economía española mantenga una tasa anual de crecimiento de los precios de los servicios del 3,4%, un punto por encima de la media europea, sin que ninguna instancia pública encuentre el procedimiento para liberalizarlos; que el precio de la carne de ave haya subido en un año más del 9% y el de las frutas frescas más del 12% sin que se vigile el estricto cumplimiento de las normas de competencia en los canales de distribución de la carne y los alimentos frescos. No basta con tomar nota de las subidas; hay que defender la transparencia de los mercados. Justificarse con "la ola de calor", que, según el secretario de Estado, Luis de Guindos, "perjudica el nacimiento de pollitos", parece tan poco serio como echar la culpa al empedrado.

* Este artículo apareció en la edición impresa del miércoles, 13 de agosto de 2003.

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