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Reportaje:CULTURA Y ESPECTÁCULOS

El festival de Benicàssim habla idiomas

La novena edición arrancó ayer con un notable aumento de público internacional. Se calcula que este fin de semana unos 30.000 jóvenes acudirán a la cita pop más importante del año.

Nutrida presencia de público, buenas perspectivas, mejores caras entre los miembros de la organización y mucho sol, mucho calor. El Festival Internacional de Benicàssim apenas acaba de comenzar, pero ya emite buenos síntomas. Es la novena edición de esta cita veraniega con la música independiente, hasta hace poco sinónimo de minoritaria, pero este año volverá a poner patas arriba a una localidad que vive del turismo familiar que proviene del interior peninsular. Se calcula que unos 30.000 jóvenes se unirán durante este fin de semana a la población flotante de Benicàssim, que ayer ya vivió su primera noche a los sones del pop anglosajón.

De tanto repetirse, la escena parece calcada de año en año, pero siempre se añade algún matiz diferente. Llegan los jóvenes, plantan sus tiendas bien en los tres cámpings oficiales del festival o en los otros siete de los que dispone la localidad, se dispersan por la misma en busca de playa, comida y agua, reciben miradas de curiosidad por parte de los veraneantes y el pulso de Benicàssim comienza a acelerarse. Es un súbito temblor en el balneario. Esto ha pasado ya en ocho ocasiones precedentes, pero este año, al igual que el anterior, la nota diferente es la creciente presencia de extranjeros. Si el FIB ya tenía acento francés, en su novena edición se han añadido avasalladoramente el alemán y el británico, muestra de la penetración del festival en mercados foráneos. Para los guiris, la propuesta es perfecta: sol, paella, chicas-os más laxas-os, tolerancia en las costumbres, precios reventados y la posibilidad de ver a sus propios grupos, los grupos que en su país ven en salas en cuyo exterior llueve y donde una cerveza cuesta lo que aquí cuatro. Se encuentran además con un festival que ofrece un cartel atractivo, bien organizado, con césped y zonas asfaltadas que omiten el polvo; todo lo cómodo que puede llegar a ser un acontecimiento para 30.000 espectadores. En el mundo del indie también somos un país de servicios. El Festival de Benicàssim ya puede apelar al público internacional, al que cuida hasta el extremo de que su órgano oficial de difusión, la revista diaria Fiber, ya cuenta con páginas en francés e inglés.

Los hay tan ansiosos que la primera noche extravían sus sandalias y se duermen beodos antes de que actúe el segundo grupo

Todo este montaje se puso en marcha la noche del jueves, con la fiesta de bienvenida que se celebró, por vez primera, en el interior del recinto del festival. Según fuentes oficiales, fueron 10.000 las personas que asistieron a la fiesta, en la que ya se pudieron ver los primeros síntomas de abandono por parte de los más impulsivos. Y es que los hay tan ansiosos que la primera noche ya han de extraviar sus sandalias o dormirse ya beodos antes de que actúe el segundo grupo del cartel. Quienes lo hicieron se quedaron sin comprobar que, pese a la presencia de Pernice Brothers, quienes se llevaron el gato al agua fueron los gallegos De Luxe. La carpa de su escenario se llenó de satisfechos alaridos cuando el grupo abordó temas como Que no o I see you in London. Como guiño a sus próceres, De Luxe versionaron a The Who mediante la explosiva Baba O'Riley. Más tarde, Pernice Brothers acudieron a su pop dulce y con resabios de pradera norteamericana para desgajar las canciones de Yours Mine & Ours, su último trabajo. Con Joe Pernice haciendo partícipe al público de su reciente matrimonio, los mejores momentos los depararon piezas como The Weakest Shade Of Blue o Sometimes I remember.

La apertura oficial del festival tuvo lugar horas más tarde de que se apagase la fiesta de bienvenida con la rítmica bailable de Christian Vogel y Michael Mayer. A las cuatro de la tarde del viernes caía sobre el recinto un sol que no hubiese resistido Clint Eastwood en sus mejores tiempos de pistolero en Almería, por lo que el público buscó acomodo y sombra en las carpas que acogían a los escenarios. La mayor, la del FiberFib/Motorola, tiene en su interior hasta dos pinos. Allí abrieron fuego Bondage, encargados este año de protagonizar el papel de "grupo que abre festival cuando hace mucho calor". Le pusieron ganas y su pop-rock ayudó a que los cientos de abanicos que usaba el público se moviesen con ritmo. El rock retorcido de A Room With A View tomó el relevo, para entregar el testigo a Vacaciones y sus canciones para ver el mundo con gafas anaranjadas. Más tarde Beth Orton impuso su voz para que, envuelta en un celofán de tono acústico, convenciese a los allí presentes de que pasar calor bien merece la pena si el premio es una hermosa canción de pulso relajado. Ya en la noche, para la que se esperaban unas 27.000 personas, el público esperó para dejarse llevar por Blur, estrellas de la primera jornada de un festival que ha comenzado con buen pie.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 9 de agosto de 2003