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Entrevista:Ken Follett | LA ESTRATEGIA DEL 'BEST SELLER'

"Para que una novela funcione debe ser capaz de generar cincuenta o cien escenas dramáticas"

Literatura y éxito de ventas no están necesariamente reñidas aunque en la práctica suelen ir por caminos separados. El escritor galés se esfuerza por construir historias sólidas y bien documentadas que se adapten a un público masivo, para lo que ha desarrollado un método que le funciona a la perfección. Cincuenta millones de libros vendidos lo avalan. El autor de Los pilares de la tierra y de la reciente Vuelo final recuerda los orígenes del thriller y habla sobre los secretos de su éxito.

Atildado y correcto, afable, elegante y sereno, Ken Follett (Cardiff, Reino Unido, 1949) parece estar muy satisfecho de sí mismo. Y no es para menos. Este periodista galés, devorador de novelas de espías y de suspense, decidió un buen día convertirse él mismo en autor de best sellers. En 1978 publicó su primera novela, El ojo de la aguja, y dio en la diana. Desde entonces ha vendido más de cincuenta millones de ejemplares de otras 14 novelas, entre ellas, Noche sobre las aguas, En boca del dragón, Los pilares de la tierra (novela histórica sobre la construcción de una catedral medieval, escrita en 1989, que sigue siendo uno de los libros más vendidos en España y en el mundo) y, la más reciente, Vuelo final (Grijalbo, 2003). Follett es muy consciente de que quiere llegar a un público masivo, aunque también lo es de las exigencias del autor hacia su obra. Las cifras millonarias de ventas se logran, según él, respetando ciertas fórmulas durante la escritura. El método es parte del secreto de su éxito.

"Mis novelas son siempre sobre gente en peligro, que le plantean al lector la pregunta, ¿sobrevivirá el héroe y conseguirá su objetivo?"

"Mis lectores quieren una gran aventura, y para lograr eso conviene relacionar la historia a algún gran acontecimiento"

"Creo que a Hollywood no terminan de gustarle las historias en las que las mujeres son heroínas"

PREGUNTA. ¿Considera usted sus libros, de entrada, como best sellers o preferiría que se les incluya dentro de géneros más "literarios" como la intriga o la novela histórica?

RESPUESTA. El best seller no es, ciertamente, un género literario. Libros de cualquier género pueden convertirse en best sellers: novelas de autores como Norman Mailer, libros de no-ficción, de ciencia... La mayoría de mis obras pertenecen al género del thriller. Mis novelas históricas son un poco distintas, pero en general escribo thrillers, novelas de suspense. Son siempre historias sobre gente en peligro, que le plantean al lector la pregunta, ¿sobrevivirá el héroe y conseguirá su objetivo? La amenaza pende siempre, de forma personal, sobre el protagonista o los personajes principales, aunque en los thrillers se suma el elemento de que existe un peligro para la seguridad del mundo entero. Una guerra, una amenaza nuclear o terrorista, un virus, un riesgo de grandes dimensiones. Ése es el patrón básico. El primer thriller fue una novela titulada The ridlle of the sands, publicada en 1903 por Erskine Childers. Es interesante porque el thriller es un género propio del siglo XX. Y ése es el primer libro que lo representa. Trata de dos jóvenes que están en un bote en la costa alemana y por accidente se topan con una flota de embarcaciones que se preparan para invadir el Reino Unido. Ellos tienen que arreglárselas para llegar a casa y dar esa información. Es el epónimo del género: dos hombres lejos de casa, en un bote; hay una amenaza personal porque los alemanes intentan capturarlos al verse descubiertos, y hay una amenaza mundial. Es el modelo por el que se ha guiado el best seller a lo largo del siglo XX.

P. Yo diría que ya la Odisea responde en parte a ese mismo patrón.

R. Sí, supongo que es verdad.

P. En todo caso, usted habla de un patrón. Es lo que le ayuda a usted a saber lo que quiere escribir y lo que los lectores esperan. ¿Escoge usted sus historias siempre en torno a un hecho real?

R. No creo que sea esencial, aunque sí resulta muy útil. Mis lectores quieren una gran aventura, no una pequeña. Y para lograr eso es siempre conveniente relacionarlas con algún gran acontecimiento. Por ejemplo, algo con pocas posibilidades de suceder en tiempos de paz es mucho más probable durante una guerra. Es por eso que la Segunda Guerra Mundial ha sido un campo tan fértil para la novela. Pero, para mí, una idea no tiene que estar necesariamente ligada a la realidad. Lo principal, el test que hago para ver si una historia funciona, es si ésta es capaz de generar cincuenta o cien escenas dramáticas. Y eso es todo, básicamente.

P. Usted construye sus novelas a partir de tres o cuatro historias entrecruzadas, al servicio de un argumento general. ¿Es el argumento lo principal en sus novelas o lo es la construcción de los personajes?

R. En el tipo de obras que yo escribo lo principal es el argumento, el plot. Lo que engancha al lector es el deseo constante de saber qué es lo que va a suceder a continuación. Y eso se logra con la sucesión de acontecimientos ordenados de manera correcta, de modo que cada respuesta sea capaz de despertar una nueva pregunta. Por eso lo principal es la trama y los personajes deben ser fabricados para encajar en esa construcción argumental. No obstante, muchos de mis amigos escritores lo hacen de otra forma. Empiezan con uno o varios personajes que sean capaces de generar situaciones de interés y luego las juntan. La historia nace en torno y a partir de esos personajes. Muchos de ellos prefieren no hacerlo como yo, planificando cuidadosamente la historia.

P. ¿Hace usted un gráfico o un esquema total de la obra antes de escribirla?

R. Yo escribo un largo resumen, de unas treinta o cuarenta páginas, en las que describo qué sucede en cada capítulo. Y me tomo mucho tiempo en hacerlo, casi un año.

P. ¿Durante la investigación documental?

R. La investigación no me toma mucho tiempo. Es importante para mí y además mis lectores leen mis libros como entretenimiento, pero les gusta sentir que están aprendiendo algo al mismo tiempo. No leen mis libros con afán educativo, pero eso les resulta un valor añadido. Les gusta enterarse de cosas sobre la Segunda Guerra Mundial, sobre la era victoriana, la construcción de catedrales, la vida en Afganistán o sobre aviones y radares. Lo principal, sin embargo, es la historia.

P. Usted es un autor galés, europeo, por tanto. Muchos de los escritores de best sellers son norteamericanos. Tanto aquí como allá se hacen novelas de espías o sobre la Segunda Guerra Mundial. ¿Cree que unos y otros tienen distintas formas de abordarlas?

R. Muchos escritores británicos son populares en Estados Unidos. Eso no sucede con autores de otros países europeos. No se lee a escritores franceses o alemanes en Norteamérica. Tampoco españoles, aunque sí se lee a los autores latinoamericanos. Y no creo que esto sea porque los británicos sean mejores escritores que los franceses, es porque hablamos americano. La cultura estadounidense es la dominante en el mundo de hoy. Nosotros hablamos el mismo idioma y eso nos hace a los escritores británicos más internacionales. Al resto de los escritores europeos les resulta más difícil.

P. Quizá sea más que eso. Sus novelas, construidas a partir de escenas dramáticas, son también muy visuales, muy cinematográficas. Tienen acción, diálogos cortos y directos. Encajan en la cultura norteamericana, muy ancladas en las películas de Hollywood.

R. Es posible que eso sea verdad. Porque, después de todo, hay muchos escritores británicos excelentes que no venden nada en Estados Unidos. Obviamente no es sólo cosa del idioma. Quizá influye el hecho de que yo no sea inglés. Los escritores ingleses parecen estar siempre preocupados por los problemas de clase en su sociedad, algo que a la larga resulta muy aburrido para los demás. A mí me parece tedioso y creo que a muchos europeos también. Y, desde luego, a los norteamericanos. Los estadounidenses ni siquiera creen que eso exista, ellos no tienen esos problemas. Eso me distingue de los autores ingleses. Por otro lado, he vendido los derechos de algunas de mis novelas a la televisión, pero muy pocas al cine. Sólo han adaptado una de ellas al cine, lamentablemente. Tal vez alguna historia más corta sería más adecuada. Es muy difícil cortar un argumento en el que todos los hilos están tan interconectados. No hay nada superfluo. Además, creo que a Hollywood no terminan de gustarle las historias en las que las mujeres son heroínas. Hay menos prejuicios en la televisión. En Estados Unidos dicen que el hombre es quien decide qué ver en el cine y las mujeres qué ver en la televisión. O sea que hay que hacer películas para hombres y programas o series de televisión para mujeres. No sé si será verdad.

P. Precisamente, el tener como protagonista o heroína de sus aventuras a personajes femeninos es una de sus señas de identidad. Son mujeres inteligentes, fuertes, decididas, equilibradas, audaces. ¿Por qué lo suele hacer así?

R. Me fascinan ese tipo de mujeres, pero también hay razones literarias. Hace veinticinco años, cuando escribí El ojo de la aguja, me pareció interesante y novedoso tener a una mujer como protagonista de un thriller. Era una idea nueva. Y toda la segunda parte de la historia es ella contra él, lo cual me parece mucho más interesante que un hombre contra otro hombre. Además, ella tiene un niño -lo cual hace las cosas más complicadas-, se enamora... No sólo me parecía interesante desde un punto de vista literario, sino también comercial, porque las mujeres son muy buenas lectoras y compran muchos libros. Ésa fue mi primera novela y desde entonces me gusta tenerlas de protagonistas y, en caso de que sea un hombre el héroe, suelo incluir una mujer de carácter como segundo personaje. A mis lectores les gusta y a mí también.

P. Volviendo al tema del cine. ¿Lee usted más o prefiere ir a ver películas?

R. Leo más que voy al cine. Leo ficción todos los días. Al cine voy cada dos semanas o así. Los libros son mucho más importantes para mí que las películas.

P. ¿Qué libros o autores prefiere?

R. Leo un poco de todo, pero prefiero, sobre todo, el tipo de libros que yo escribo: las novelas de suspense. En la adolescencia estuve enganchado a las novelas de James Bond y todavía me parecen estupendas. Pero con los años he ampliado mucho mis gustos y perspectivas. Leo autores modernos y contemporáneos, me interesa mucho la novela victoriana y últimamente estoy disfrutando literatura escrita en otras lenguas. Me gusta mucho Marcel Proust, leí Por el camino de Swann cuatro veces. También me gustan los latinoamericanos, García Márquez, Isabel Allende, Vargas Llosa, en particular, la novela La tía Julia y el escribidor. Pero sobre todo amo el thriller.

P. ¿Para usted, qué relaciona a Proust con el thriller?

R. Bueno, empiezas a leer a Proust y continúas pensando cómo será posible que continúe con esa historia. Y luego llega el momento en que estás verdaderamente intrigado por todo el proyecto en su conjunto. Y supongo que empiezas a compartir sus obsesiones, porque en Proust todo es obsesión. Es incapaz de tener un interés casual por algo. Si su atención recae en una actriz, en un escritor o en los nombres de los pueblos franceses, desarrolla una obsesión. Entonces te das cuenta de que todo esto representa un mapa o un paisaje mental completo.

P. Uno de sus libros de mayor éxito ha sido Los pilares de la tierra. Usted ha mencionado que va a escribir una segunda parte.

R. Sí, voy a hacer una secuela. Lo escribiré después de otro libro que estoy terminando ahora. Tengo un contrato por tres libros y me llevará tres años escribir esta segunda parte porque necesito tiempo para ambientarlo y volver al tema. Pero estoy entusiasmado porque las catedrales son una especie de símbolo de todas las contradicciones de la Edad Media. Son hermosas y están llenas de riqueza y complejidad, en una época que tendemos a recordar por la pobreza y la ignorancia de la gente, comparada con tiempos posteriores. La catedral simboliza todo esto y es, para mí, la época más fascinante de la historia de Inglaterra y Gran Bretaña.

P. ¿Cree usted que las novelas históricas ayudan a comprender la historia?

R. Estoy seguro de eso, pero es porque no se enseña bien la historia. Los hechos históricos resultan interesantísimos si están bien escritos. Lamentablemente, no muchos historiadores son capaces de hacerlo. Los que lo hacen escriben best sellers y la gente los lee con avidez. La historia se enseña de forma aburrida, con listas de hechos que hay que memorizar, lo que sucede en la novela es que te atrae porque se convierte en un drama personal que se centra en un pequeño grupo de gente. Pero como esa gente tiene que tomar decisiones en su vida diaria, y esa vida doméstica, a su vez, está afectada por las decisiones de reyes y reinas, aprendes sobre ese periodo. La gente absorbe la historia si se la cuentas de esa forma y la recuerda por mucho más tiempo.

BIBLIOGRAFÍA

El valle de los leones. Plaza & Janés, 1999.

El tercer gemelo. Grijalbo, 1998.

Noche sobre las aguas. Mondadori, 2000.

Doble juego. Grijalbo, 2000.

En la boca del dragón. Grijalbo, 2001.

Triple. Plaza & Janés, 2000.

Los pilares de la tierra. Plaza & Janés, 2000.

Una fortuna peligrosa. Mondadori, 2001.

El hombre de San Petersburgo. Crítica, 2003.

Alto riesgo. Grijalbo, 2003.

Vuelo final. Grijalbo, 2003.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 9 de agosto de 2003

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