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El primer integrista islámico acusado por el atentado de Bali es condenado a muerte

Familiares de las víctimas anuncian que recurrirán para que no se convierta en un mártir

Amrozi bin Nurhasyim, un mecánico de Java, de 41 años, convertido en terrorista islámico, recibió ayer con una amplia sonrisa su condena a muerte por un tribunal de Denpasar, capital de Bali, en la primera sentencia que se dicta por el atentado que costó la vida el 12 de octubre de 2002 a 202 personas. Amrozi, conocido como el terrorista sonriente, se dio la vuelta para mirar al público, entre el que se encontraban numerosos familiares de las víctimas , tanto indonesios como extranjeros, y levantó los pulgares en señal de victoria. "Alá akbar" (Dios es el más grande), exclamó.

Amrozi, que nunca ha manifestado el más mínimo remordimiento por los resultados del ataque, milita en la organización radical Yamaa Islamiya, a la que las autoridades indonesias responsabilizan también del atentado con coche bomba contra un hotel de lujo de Yakarta que el martes costó al vida a 10 personas y causó 150 heridos.

Amrozi fue condenado por cinco jueces por unos hechos que reconoció ante el tribunal: haber comprado la furgoneta que fue utilizada como coche bomba y los componentes para fabricar los explosivos. En varios momentos del proceso señaló que los "blancos merecen morir" y acusó a los occidentales de causar la decadencia del mundo musulmán. Antes de que los jueces hiciesen pública su sentencia, comenzó a rezar y luego exclamó: "Hay que quemar a los judíos".

Otros 34 acusados, entre ellos los dos hermanos de Amrozi y el presumible líder de la organización, Abu Baker Bachir, están siendo juzgados en Indonesia y pueden enfrentarse a condenas similares. Amrozi conoció al líder de Yamaa Islamiya en Malaisia en los noventa. Durante su proceso, que se desarrolla en Yakarta, Bachir ha negado sin embargo su participación en cualquier atentado e incluso la existencia de Yamaa Islamiya, una organización que servicios secretos occidentales relacionan con Al Qaeda.

En el mismo momento en el que se dictó el veredicto, se escucharon aplausos en el interior y en el exterior de la sala donde se habían congregado familiares de las víctimas del atentado, que arruinó la economía de la isla indonesia, que depende en un 70% del turismo. "Muchos jóvenes australianos murieron a causa de este tipo", dijo Colin Marshall, un neozelandés cuya novia falleció aquel 12 de octubre. Sin embargo, familiares de las víctimas británicas del atentado anunciaron en Londres que presentarán un recurso contra la sentencia, para que Amrozi no se convierta en un mártir. El condenado tiene, a su vez, siete días para recurrir la sentencia.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 8 de agosto de 2003