Peralada se rinde con entusiasmo ante el jazz de Keith Jarrett

El jazz irrumpió con fuerza en Peralada entrando por la puerta grande en la 17 edición de su festival. Si era necesario, que lo era, iniciar una relación amorosa entre el certamen y la música de jazz la opción escogida no pudo ser más acertada ya que el trío de Keith Jarrett sigue siendo hoy por hoy una de las más sólidas y creativas propuestas del panorama. En los jardines del castillo de Peralada lo demostró una vez más.

Las entradas para el concierto, a pesar de su precio (de 35 a 90 euros), se habían agotado con inusitada rapidez y un público mucho más variado que de costumbre se acercó hasta el casino gerundense para no perderse lo que se preveía como un verdadero acontecimiento. Mientras en el interior el pianista norteamericano llevaba de cabeza a toda la organización con sus ya históricos caprichos, en el exterior el público se arremolinaba inquieto sin perder de vista las nubes que cada vez oscurecían más el cielo. Las gotas que llegaron a caer justo antes del inicio aconsejaron a los organizadores repartir chubasqueros que los seguidores habituales de Jarrett recogían con una cierta incredulidad pensando cual podría ser la reacción del pianista al primer conato de tormenta. Por suerte no fue necesario comprobarlo: como si la magia de las primeras notas del piano hubieran desencadenado algún poderoso conjuro, el cielo fue despejándose.

Música majestuosa

Keith Jarrett anda celebrando los primeros 20 años de vida estable de su trío con el contrabajista Gary Peacock y el batería Jack DeJohnette. Una gira sumamente reducida con una sola parada peninsular en Peralada. Dado que el grupo comenzó su andadura sorprendiendo a propios y extraños con su muy particular visión de los estándares, es esa faceta de su trabajo la que han recuperado para esta celebración. Una maravilla que en Peralada sonó de forma realmente majestuosa. Temas de toda la vida que, en manos de estos tres músicos sensacionales, cobraron una vida totalmente nueva sin perder nunca su esencia original.

El concierto se dividió en dos partes, mucho más densa la primera, más festiva la segunda. El piano de Jarrett es lo primero que llama la atención en este trío, pero sus dos compañeros no le andan a la zaga. Por ejemplo, el toque rítmico de DeJohnette en el Straight no chaser que cerró oficialmente el concierto fue una pequeña obra maestra. Los tres hombres se conocen a la perfección y han caminado mucho juntos, lo que les permite afrontar cualquier situación de forma totalmente relajada.

Fueran o no los presentes aficionados al jazz, lo cierto es que el público de Peralada se rindió ante la propuesta del trío propiciando uno de aquellos éxitos que se recuerdan y más cuando Jarrett y sus amigos nos enviaron a casa tarareando una melodía tan bella como When I fall in love, el bis preferido del pianista, colofón idóneo de algo que más que un concierto fue un auténtico tónico vitamínico tanto para la mente como para los sentidos.

* Este artículo apareció en la edición impresa del lunes, 21 de julio de 2003.

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