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UN PAÍS DE CINE / DVD | 'Pascual Duarte'

Versión libre de una rebeldía

La colección de EL PAÍS presenta 'Pascual Duarte', de Ricardo Franco

Pascual Duarte, la sobria adaptación cinematográfica de la novela de Camilo José Cela que realizó Ricardo Franco en 1976, y que podrá comprar mañana sábado por 5,95 euros quien compre EL PAÍS, alcanzó un notable éxito nacional e internacional (su protagonista, José Luis Gómez, obtuvo el premio de interpretación masculina en el Festival de Cannes de ese mismo año). Segundo largometraje de su director, aunque el primero realizado desde la producción profesional, consigue el difícil equilibrio entre el respeto a una dura historia convertida ya en un clásico de la narrativa española y la legítima voluntad creativa de su adaptador, apoyada sin duda por la espléndida fotografía de Luis Cuadrado.

Ya había habido intentos de adaptar al cine La familia de Pascual Duarte (Camilo José Cela, 1942), novela en la que el autor había ofrecido "el esquema clásico de una variedad de la fauna humana, tremebunda pero realísima, pareja de otras no menos atroces que tienen también su literario arquetipo", en comentario de Gregorio Marañón. Uno de aquellos intentos de llevarla al cine, allá por los sesenta, fue el de Fernando Fernán-Gómez, pero distintas razones, a las que no siempre fue ajena la censura, hicieron que cada proyecto se fuera postergando... En 1974 el productor Elías Querejeta recibió la oferta de dirigir él mismo una versión cinematográfica de la novela. Un grupo de asturianos, entre ellos Juan Cueto, ostentaban los derechos del libro, y descartando su primitiva idea de que la dirigiera el italiano Marco Bellochio, llamaron a Querejeta, que rechazó la oferta, aunque ofreciéndose a producirla.

"En su comportamiento hallan explicación atroces comportamientos colectivos"

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Así fue cómo Emilio Martínez-Lázaro y Ricardo Franco, quien finalmente la dirigió, recibieron el encargo de elaborar un guión, al que se incorporó más tarde el propio Querejeta, "guión muy laborioso de escribir porque Elías tenía la obsesión de alejarse lo más posible de la novela", según le contó Martínez-Lázaro a Alberto Úbeda-Portugués: "De hecho, ves Pascual Duarte y percibes un alejamiento muy drástico de la novela, que a mí siempre me ha gustado mucho. Al tener vida propia decidimos llamarla Pascual Duarte a secas, para distinguirla del libro, porque a pesar de que el punto de partida había sido la novela de Cela, el punto de llegada fue un lugar completamente autónomo, al que Ricardo Franco consiguió darle una fuerza visual muy particular".

Fernando Lara corroboraba en Triunfo que esos cambios carecían de importancia porque "la película posee una entidad particular, con características propias que la alejan de la simple adaptación de un texto preexistente para convertirse en una verdadera recreación". Por su parte, el crítico Lorenzo López Sancho, que fue miembro del jurado en el Festival de Cannes donde Pascual Duarte compitió, dijo en Abc: "La hazaña de Ricardo Franco ha sido realizar una concentración esencial de un personaje aterrador y plasmar en él una imagen de cierta España. En la violencia de Pascual germina la violencia de España. En su comportamiento hallan explicación atroces comportamientos colectivos", lo que Fernando Lara puntualizaba: "Pascual Duarte personifica una rebeldía que, motivada por un contexto irracional, se transforma en una violencia del mismo signo". Según Ángel Fernández-Santos, "Ricardo Franco y José Luis Gómez han sacado a la luz con esta película la evidencia de que el poderoso relato de Cela obtiene su plena inteligibilidad leído así, en clave de salvaje zumo negro, dando cara a toda su atrocidad".

En aquel Festival de Cannes de 1976 Pascual Duarte fue recibida con cierta polémica a causa de la violencia de algunas de sus secuencias, especialmente aquella en la que Pascual Duarte mata de un tiro a su perro, sin truco cinematográfico alguno, o en la que acribilla a puñaladas a su mula. Esta última secuencia, por cierto, fue luego montada de nuevo porque, según confesó Querejeta, "era una salvajada excesiva". Algunos medios aseguraron que la censura había obligado a cambiar también la frase final, cosa que Elías Querejeta siempre ha negado: "En la secuencia de la ejecución por garrote vil, teníamos dos finales. La diferencia era que en uno, en el último estertor, el ejecutado gritaba 'hijos de puta', y en el otro no. Decidimos montar el segundo". En la memoria estaba aún reciente el ajusticiamiento, un año atrás, del joven anarquista Salvador Puig Antich...

La censura exigió otras supresiones, como el himno de Riego y la voz de Alcalá Zamora proclamando la República, además de dejar reducida "a una cantidad insignificante la aparición en pantalla de banderas republicanas". Finalmente, los censores hasta hicieron su propia crítica cinematográfica: "La película es deprimente y negativa, pero no se opone a las normas vigentes, y puede ser autorizada. Por la difícil estructura de la película, sería bueno recomendar la aclaración de que la acción se ambienta en la época anterior a nuestra guerra para evitar confusiones injuriosas para España".

Los aplausos tras la proyección de la película en el Festival de Cannes se prolongaron en el reconocimiento del jurado presidido por Tennessee Williams, que consideró a José Luis Gómez como el mejor actor. Gómez, hombre de teatro, aparecía por primera vez en el cine sustituyendo a Alfredo Landa, a quien Querejeta había considerado desde el principio el más adecuado; pero Landa tenía ya otros compromisos profesionales. José Luis Gómez recordó en una entrevista que la película había levantado en Cannes "una atmósfera pasional", compensada luego con "las excelentes críticas de los medios internacionales más importantes, que habían comprendido muy bien la película".

Hubo quien observó que Ricardo Franco tenía 26 años cuando dirigió Pascual Duarte, la misma edad que Camilo José Cela al publicar la novela. Coincidencias. Fue una película de gente joven o, al menos, de rostros no conocidos en el cine español. Junto al novísimo José Luis Gómez, intervinieron actores provenientes del teatro como Paca Ojea o Joaquín Hinojosa, así como el entonces recién exiliado Héctor Alterio, en su primer trabajo en España, todos espléndidos... Tras ellos, la solvencia de Luis Cuadrado en la fotografía y de Luis de Pablo en la música.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 23 de mayo de 2003