OPINIÓN DEL LECTORCartas al director
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Tabaco en Hacienda

Ayer estuve en Hacienda de Pozuelo. El emplazamiento del edificio pone de manifiesto que allí la gente va resignada, dicho de otro modo, cuando no tiene alternativa. No hay dónde aparcar. No hay un autobús ni un metro, y se encuentra en una pendiente que en el ámbito ciclista sería de primera categoría.

Dentro, no sé cuántos letreros hay que prohiban fumar, todos y cada uno de los cuales se refieren al Real Decreto que los avala. Pero los empleados fuman impunemente. Cigarrillos por todas partes, ceniceros llenos de colillas y humo, mucho humo. Le pregunto, con ironía, a la señora que me atiende que si ya se puede fumar en los edificios públicos. Me contesta que no. Me atiende con una expresión de fastidio y contesta estrictamente con monosílabos, como no queriendo dejar escapar alguna cosa que me pudiera ser de utilidad. Me dice que son las dos y que si no quiero nada más puedo ir desalojando. Y desalojo. Desalojo humillado, desazonado, insultado, triste.

* Este artículo apareció en la edición impresa del martes, 29 de abril de 2003.

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