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Crítica:

Expansión seminal

Manolo Paz vuelve a Madrid con una muestra personal después de trece años. La exposición se centra en sus tradicionales esculturas minerales, pero realizadas en el último lustro. Tiempo en el cual también ha explorado con otros materiales y registros.

Tras Francisco Leiro, con quien coincide por cierto en su actual retorno al panorama expositivo madrileño, el de Manolo Paz (Cambados, 1957) es sin duda el referente a la postre más firme consolidado en el campo de la escultura por el relevo generacional que irrumpió en el horizonte de la plástica gallega hacia el umbral de los ochenta. Sin embargo, salvo por su siempre destacada presencia recurrente en las sucesivas ediciones de Arco, Paz llevaba sin ofrecer una muestra personal de su trabajo en esta ciudad desde la que realizara en 1990 en la galería Estampa. Un paréntesis tanto más manifiesto, en la medida en que la última década se asocia en el devenir de su trabajo a un esfuerzo sensible por explorar, a partir de una fructificación expansiva de su sintaxis vertebral, un más dúctil y extenso espectro visionario.

MANOLO PAZ

Galería Trama

Alonso Martínez, 3. Madrid

Hasta el 10 de mayo

De ahí el singular interés del reencuentro propiciado por esta exposición de Trama, que el artista articula en torno a un contundente despliegue de trabajos fechados en el último lustro, en una selección que equilibra de forma elocuente la diversificación tipológica instalada en su obra. Por supuesto, el Paz nuclear sigue asociado a la primacía de los cosmos de la piedra, tanto por la talla del granito que aún modula la evolución derivada de sus monolitos primordiales como en la dicción constructiva que suman sus ensamblamientos de lascas de cuarcita, tanto en el imaginario ensimismado de las piezas ovales abiertas a la intuición de un abismo interior como en la pulsión arquitectónica de esas articulaciones expansivas que aquí nos deparan, con el conjunto escénico de sus Catedrales, el impacto más deslumbrante de la muestra. Pero junto al eje centrado por ese escultor mineral, la selección introduce asimismo algún ejemplo puntual -como la modulación cúbica de la pieza mural de madera- de la curiosidad alentada en el último Paz hacia otros registros materiales, fértil extravío que ha deparado aciertos como el de la tan inquietante instalación de las sogas erizadas de puntas, presentada el pasado año en la Fundación Miró de Palma.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 26 de abril de 2003