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Editorial:
Editorial
Es responsabilidad del director, y expresa la opinión del diario sobre asuntos de actualidad nacional o internacional

Turismo a la baja

El mercado turístico mundial está atravesando una fase de extrema debilidad de la demanda que puede comprometer gravemente los resultados de las empresas hoteleras, transporte y touroperadores durante este ejercicio. En el caso español, el cuadro de situación pinta colores dramáticos. Las reservas hoteleras están sufriendo descensos considerables, en porcentajes que van del 10% al 20%. Los hoteles detectan caídas en la ocupación de entre el 10% y el 15% y en Baleares el desplome llega hasta el 25%; desciende el número de pernoctaciones y los operadores turísticos más importantes están recortando drásticamente los precios de los viajes organizados a España para recuperar la demanda. El desánimo del mercado promete un ejercicio turístico pésimo -aunque se recupere el volumen de reservas, se conseguirán a precios más bajos- y amenaza con percances empresariales de cierta importancia.

Es lugar común atribuir este clima depresivo a los efectos de la destrucción de las Torres Gemelas, hace año y medio, que desató el miedo a viajar en avión, y ahora, a la intervención militar en Irak. Los efectos de este tobogán de terrorismo y antiterrorismo han sido devastadores y a ellos habría que añadir la novena plaga de la neumonía atípica originada en China. Los ciudadanos de los países industrializados se retraen a la hora de viajar y piensan en vacaciones en su propio país o en zonas próximas a sus lugares de residencia. La industria aeronáutica en general y la estadounidense en particular, con sus empresas punteras al borde de la bancarrota, sufre la peor crisis financiera desde sus orígenes. No es casual que en este clima de sálvese quien pueda británicos y franceses hayan decidido retirar de la circulación el mítico Concorde, que pasará a los museos después de pasear por los cielos durante 34 años su revolucionaria silueta.

Pero no todo es terror bélico o miedo a enfermedades ignotas. La desaceleración económica en Europa ya estaba socavando los flujos turísticos británicos, alemanes y franceses hacia España. Y nuestro mercado turístico empezaba a sentir antes de 2001 la firme competencia de otros destinos en el Mediterráneo, en Centroeuropa o Europa oriental (Croacia, Macedonia, Bulgaria), con mejores precios y calidades comparables a los servicios españoles.

Un riesgo evidente es que el efecto de la guerra en Irak oculte el nudo de la cuestión, que es la pérdida de competitividad de España frente a zonas o destinos como los mencionados. Una forma práctica de afrontar la crisis, sea en su versión inmediata o en su modalidad estructural, exige que las autoridades coordinen una reflexión conjunta de los agentes económicos implicados en esta depresión prolongada del mercado -agencias de viajes, líneas aéreas, establecimientos hoteleros...- con el fin de acordar qué tipo de actuaciones de ámbito nacional, autonómico o local conviene adoptar para que las zonas turísticas españolas no se degraden hasta convertirse en destinos de cuarta fila. Canarias acaba de dar un primer paso en este sentido al aprobar su Parlamento una ley que prohíbe durante tres años el otorgamiento de nuevas licencias para instalaciones turísticas.

Los servicios turísticos españoles requieren una reforma en profundidad, que incluye formación para los profesionales, mejores (que no más) plazas hoteleras, inversión en infraestructuras de acceso y disfrute y promoción auténtica del turismo cultural. Lo que en ningún caso conviene es echar la culpa a la guerra, Irak en este caso, y mirar hacia otro lado hasta que sus efectos desaparezcan.

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