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Reportaje:UN PAÍS DE CINE / DVD | 'Pepi, Luci, Bom y otras chicas del montón'

Insólito fresco social

EL PAÍS ofrece en DVD 'Pepi, Luci, Bom y otras chicas del montón', de Pedro Almodóvar

En 1980 debuta como realizador de largometrajes comerciales Pedro Almodóvar. Lo hace con la comedia Pepi, Luci, Bom y otras chicas del montón, que el comprador de EL PAÍS de mañana, domingo, podrá adquirir por 1,95 euros. Es la irrupción en el panorama cinematográfico español de una personalidad brillante, distinta, que va a dar noticia de un determinado sector de la sociedad urbana en el que los esquemas tradicionales de comportamiento ni siquiera se transgreden: simplemente no existen. Veintitrés años después, Almodóvar es el realizador español más prestigioso y popular en el mundo. Hoy, precisamente, opta a un nuevo Oscar por su último y multipremiado filme, Hable con ella.

Corría 1979 cuando Madrid era "la capital del mundo", es decir, cuando la movida despertaba una nueva forma de entenderse con la vida, más libre y divertida. Pedrito Almodóvar, treinta años, era un empleado administrativo de la Telefónica que filmaba cortos en Super-8 en sus ratos libres, escribía cómics y fotonovelas, mientras seguía soñando con el cine de verdad. Cuando se le ocurrió el proyecto de esta película, que entonces era una fotonovela titulada Erecciones generales, tanto su actriz Carmen Maura como el actor Félix Rotaeta le animaron a filmarlo al menos en 16 mm. con la posibilidad posterior de "hincharlo" a 35 mm. Ellos mismos se ofrecieron para recaudar dinero entre los amigos. Parece que lograron reunir casi medio millón de pesetas, cifra insuficiente para hacer una película "de verdad", que entonces costaba alrededor de los 40 millones, según recuerda Carmen Maura.

"Es una comedia divertida, audaz, corrosiva, incorrecta, moderna y amoral"

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Por las mañanas, mientras seguía con su trabajo administrativo en la Telefónica, Almodóvar rescribía el guión adaptándolo a las cambiantes posibilidades de cada rodaje, que realizaba durante los fines de semana y cuando les llegaba algún dinerillo más... Tardaron año y medio en concluir lo que definitivamente se titularía Pepi, Luci, Bom, y otras chicas del montón, la modesta carta de presentación de uno de los directores más brillantes y originales que se hayan dado en el cine español. José Luis Rubio en Cambio 16 le definió entonces así: "Lo que le distingue de otros jóvenes cineastas españoles es su asombroso impudor, su desfachatez, su irrespetuosa franqueza, y también su originalidad".

Tanto el director como los intérpretes y técnicos estaban sin un duro y eran prácticamente nuevos en el oficio, de ahí la mala calidad de la imagen o del sonido, la torpeza de la puesta en escena... "La falta de medios te da una especie de libertad creadora que no tienes en otras circunstancias", le explicó Almodóvar a su biógrafo Frédéric Strauss: "Pepi, Luci... está llena de defectos de lenguaje, de defectos formales; cuando una película tiene uno o dos defectos es una película defectuosa, pero cuando tiene tantos, esos defectos le dan estilo". Y ese "estilo" sorprendió tanto que la película se convirtió en objeto de culto (cuatro años en sesiones nocturnas en un cine madrileño), es decir, en el carné de identidad de la movida.

Aunque el autor dice que la película refleja "lo que a su alrededor estaba ocurriendo entonces en Madrid", la desenfadada caricatura de estas tres "modernas" amigas del título se expresa con una curiosa mezcla de ternura comprensiva y de carcajadas crueles, donde las situaciones absurdas están vistas como lo más normal del mundo, provocando un contraste inesperado, entre afectuoso e hilarante. "Para mí", decía Almodóvar, "la moraleja de Pepi... es que las chicas modernas se quedan solas. Son personajes dotados de una enorme energía, pero personajes erráticos, que caminan sin rumbo fijo. Libres pero solitarias". Si el director ya hubiera realizado La flor de mi secreto (para lo que tardaría quince años) quizá podría haberlas definido como "vacas sin cencerro".

"Respecto a Pepi...", ha declarado también, "sólo puedo repetir lo que ya he dicho más de una vez: que es una comedia divertida, audaz, corrosiva, incorrecta, moderna, desigual, subversiva y amoral", adjetivos que le vienen como anillo al dedo cuando se asiste al momento en que el policía viola a la vecina que cultiva marihuana en la terraza ("Por detrás, por favor, es que estoy más acostumbrada, por el virgo quiero sacar una pasta"), al insólito primer encuentro de la chica sádica con la masoquista mujer del policía que se siente frustrada ("Creí que al casarme con un policía me iba a tratar como una perra, pero hija, me trata como a su madre"), a los anuncios de la tele ("Hagas lo que hagas, PONTE bragas"), a los monólogos de la mujer barbuda, a la paliza al policía vestidos los agresores de chulapos y entonando La revoltosa... Una enloquecida distorsión de la realidad, cuyo atrevimiento posiblemente fuera imposible en el cine de nuestros días, propia de aquel momento cultural, que a la protagonista Carmen Maura tanto fascinó: "Era un grupo de gente que podía hacer lo que le diera la gana, nadie juzgaba nada, las cosas no se consideraban tonterías, todo el mundo hacía cosas extrañas que a nadie extrañaban. Y eso me encantaba".

Alguien definió Pepi, Luci, Bom... como un cómic punk y grosero. "Yo no creo que haya que darle demasiada importancia al asunto de la escatología", aclaraba Almodóvar: "Forma parte de la naturalidad, de la sinceridad de mis películas. La comicidad de la escatología entronca directamente con una determinada tradición de la literatura española, pero yo no la subrayo, la utilizo como un elemento más". El crítico del diario barcelonés Tele-Express no se anduvo con remilgos: "Es un divertimento ágil, corrosivo, cínico, procaz, provocativo, histérico y francamente divertido, que lucha contra el encasillamiento y la falta de imaginación. Inconformista, tierno, amoral, contradictorio, fresco, con una desfachatez que raya los límites de lo permisible -vox populi- el film de Almodóvar es como una sana y bien intencionada patada en las narices".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 22 de marzo de 2003