Cartas al director
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Las lágrimas de Aznar

Leo en la prensa que Aznar, con ese tono frío, altivo y despectivo que le caracteriza, dice que no derramará ninguna lágrima por Sadam Husein. Lo cual, vista la calaña de tal personaje, pudiera, en principio, no parecerme mal. Lo grave, lo trágico, es que cuando las bombas empiecen a llover sobre Bagdad, Sadam las aguardará oculto en un búnker desde el que no se oirán los gritos de su pueblo indefenso al ser masacrado. Leo también que, de los 20 millones de habitantes de Irak, más del 50% son menores de 15 años. Pero eso también lo debe ignorar el señor Aznar, por eso no derramará ninguna lágrima. Viva la ignorancia.

* Este artículo apareció en la edición impresa del jueves, 13 de marzo de 2003.

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