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Crítica:

Hacia una novela panteísta

Luis Goytisolo ha escrito una novela que brota de la anterior, Diario de 360º. Varias historias simultáneas que confluyen al final. Individuos que buscan una liberación interior y exterior.

Si fuera verdad que el mundo es un continuum sin fin, ¿por qué no lo sería también la novela, que es el arte que hasta ahora mejor lo ha definido y contenido sin convertirlo nunca en esa clonación actual que al parecer está destinada por el momento al fracaso? Ya en su anterior "novela", Diario de 360° (Seix Barral, 2000), Luis Goytisolo forzó al extremo su experimentalismo, algo que que le ha acompañado hasta esta Liberación que surge de la anterior, explorando alguna de sus zonas más comprometidas, la que intenta separar la intriga del género que supuestamente debe contarla. ¿En qué apoyarse entonces, sin personajes ni episodios ciertos? ¿En el mundo, en el tiempo, en el espacio, en esa globalización preternatural que nos recuerda la vieja noción del clásico panteísmo?

LIBERACIÓN

Luis Goytisolo

Alfaguara. Madrid, 2003

236 páginas. 16,50 euros

Los experimentos siempre han acompañado al narrador Luis Goytisolo desde el principio, desde que en 1958 obtuviera el primer Premio Biblioteca Breve con Las afueras, libro admirable y polémico pues provocó el debate sobre si se trataba de una novela o de un libro de relatos, y es evidente que era una investigación sobre lo primero, esto es, una novela experimental al fin y al cabo. Luego siguió experimentando hasta llegar a su obra maestra, Antagonía (1973-1981), tetralogía de base autobiográfica compuesta a partir de un tronco común del que se desgajaban tres ramas complementarias que no agotaban su totalidad. Y después todo estalló, la metaliteratura tomó el poder (Estela del fuego que se aleja, Paradoja del ave migratoria) y al final, en este camino de ascensión hacia la idea de un panteísmo globalizador, mezcló -en Estatua con palomas- autobiografía y formación con una falsificación de un texto de Tácito para estrechar el cepo del relato, antes de derramarlo por las experiencias informáticas de Mzungo (posible novela de aventuras), las eróticas de Placer licuante o las satíricas de la desdichada y tan actual neoburguesía madrileña en Escalera hacia el cielo, estas tres últimas menos conseguidas por su dependencia de la anécdota al fin y al cabo.

Su segunda mayor experimentación hasta hoy ha sido su novela anterior, Diario de 360°, que era una exploración de siete líneas narrativas a lo largo de un espacio circular dividido en las semanas de todo un año, donde a cada día correspondía un discurso textual: ha sido su máxima ambición para plasmar esa "narración panteísta" que así corresponde y combate la mala globalización del mundo de hoy. O de siempre, parece decirnos en estas nuevas ramas desgajadas que hoy se inician en Liberación como surgían las de Antagonía de Recuento. Un espacio rural de la Cataluña interior se expone minuciosa, profunda y simultáneamente, superponiendo sus diversos tiempos y sus naturalezas sucesivas. Paisajes, casas que perduran o que se suceden, bosques mágicos, historias legendarias, guerras tan reales como ignotas y crímenes absurdos y todo ello mientras se encuentra un posible manuscrito del emperador Marco Aurelio que todo lo cuenta veinte siglos atrás, colocado además en la parte central del volumen para que irradie sobre todo lo demás.

Las viejas casas nos contami

nan, se compran o se venden, sus propietarios se suceden sin saber muy bien por qué, las mujeres son como flores que se marchitan, los matrimonios se hacen y deshacen, las nuevas generaciones de moteros son tan analfabetas como criminales las de los guerreros quintacolumnistas. La naturaleza real se humaniza, o nos naturaliza, mientras el mundo gira y los seres humanos se debaten entre el amor, la traición, los suicidios o los asesinatos, la desaparición o su ilusión, pues nunca nada ni nadie desaparece de verdad, pues todo sigue existiendo tras la muerte, que nos contamina con sus miasmas de las viejas casas, de todos nuestros proyectos o vacilaciones: "Las ideas y razonamientos del ser humano no son más que el reflejo de las ideas y razonamientos existentes en la naturaleza, integrados en ella, lo que llamamos sus leyes". Pues mientras tanto, "ese retorno a la tierra de los muertos, más que un final, es una simple etapa de un proceso asimilativo de carácter general, de la transformación de la hierba del prado en cordero y del agua del río en pez, en alimento que harán suyo estos mismos humanos que han de terminar siendo agua o tierra, integrados en la hierba de un prado o en la estructura de una edificación".

Nunca podremos liberarnos de todo ello, pero así asumimos la herencia total que somos en el seno del universo. Esta múltiple novela global es mucho más clara y transparente que la anterior, aunque hasta cierto punto, pues su simultaneísmo la complica bastante. Pues nuestra verdadera liberación será asumir todas esas imágenes abandonando las que ofrecemos hacia el exterior, para siempre jamás. ¿Cabe mejor y más ilusionado -o disparatado- panteísmo?

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 1 de marzo de 2003

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