Crítica:CRÍTICA | CLÁSICACrítica
i

Mejor otras veces

Si en sus anteriores visitas -con el Concierto para violín de Beethoven, la Sonata Kreutzer o la integral de conciertos de Mozart- Mutter recreó siempre el programa interpretado, esta vez se ha mostrado mucho más parca en sus hallazgos. Ni en el Trío op. 8 de Brahms ni en el op. 49 de Mendelssohn hubo demasiadas sorpresas. Tampoco se alcanzó la excelencia de sonido de otras ocasiones, ni se apreció -aunque quizás sí existiera- un análisis tan exhaustivo de las partituras. Todo ello no obsta para que, junto a Previn y Harrell, se consiguieran momentos admirables, y hubiera entre ellos un ajuste digno de lo que son: tres inmensos solistas, bien duchos, por otra parte, en la música de cámara.

Anne-Sophie Mutter

Lynn Harrell, violonchelo. André Previn, piano. Obras de Brahms y Mendelssohn. Palau de la Música. Valencia, 20 de febrero de 2003.

Respecto al Trío de Brahms, el programa de mano dejaba constancia de que se trataba de la versión revisada por el propio compositor en 1891 (la partitura original es de 1854, aunque ésta rara vez se interpreta), pero se omitía el Adagio en la relación de movimientos, omisión que causó el lógico desconcierto entre el público. Los intérpretes lucieron gran oficio a la hora de contestarse entre sí, trazando diálogos perfectos en los que se percibía una gran ductilidad en respuesta al fraseo de los interlocutores. A destacar el tercer movimiento, que hicieron expresivo pero sin lloriqueos. Sin embargo, el sonido del violín no fue todo lo terso que esperábamos de la violinista alemana. La Sala Iturbi del Palau la ha contemplado, varias veces, en mejor forma.

El op. 49 de Mendelssohn se popularizó en España, entre otras cosas, porque fue una de las obras que Pau Casals interpretó en su famoso concierto de la Casa Blanca (1961). Los asistentes a la sesión -entre los que se encontraba John F. Kennedy- no tuvieron otra ocurrencia que aplaudir tras cada movimiento, seguramente ignorantes de que debían esperar al final, y así lo recoge la grabación en directo (CBS, Masterworks 72035). Anne-Sophie Mutter se encontró aquí con un público más educado, al que brindó una ejecución con más gancho que la previa de Brahms. En los dos primeros movimientos mejoró el fraseo, la sonoridad, y, sobre todo, la capacidad de interesar al oyente. Lynn Harrell exhibió en el Molto Allegro unos graves impresionantes, así como una hermosísima enunciación de los temas. Previn se mostró lúcido y comedido, sin abusar para nada del pedal y proporcionando una sólida base para el trabajo del violín y el violonchelo. Estos aparecieron en simbiosis total, sobre todo en el Andante.

El Scherzo y también, luego, el Finale, sonó, sin embargo, algo emborronado. La exigencia explícita del propio compositor ("Leggiero e vivace") no fue traducida en términos de transparencia, aunque sí de velocidad. A los intérpretes, no obstante, debió convencerles del todo porque, ante los aplausos del público, dieron en el regalo más de lo mismo.

* Este artículo apareció en la edición impresa del sábado, 22 de febrero de 2003.

Archivado En:

Te puede interesar

Lo más visto en...

Top 50