Reportaje:

La extraña orquesta de Papa Wemba

La estrella de la música africana, detenida por tráfico ilegal de inmigrantes

Hungu Wembadio Pene Kikumba, mundialmente conocido como Papa Wemba, rey de la rumba africana, fue detenido anteayer, en los alrededores de París, acusado de estar implicado en un asunto de inmigración clandestina. Las policías francesa y belga sospechan que Papa Wemba lleva como mínimo dos años dedicado a facilitar la emigración ilegal hacia Europa de varios cientos de ciudadanos congoleños. El músico, a cambio de 3.300 euros, habría ofrecido a los candidatos a la emigración la posibilidad de hacerse pasar por miembros de su banda Viva la Música. Fue precisamente la constatación de que cada gira de Papa Wemba por Europa acababa con el retorno hacia el Congo de muy pocos miembros de la banda, lo que despertó la curiosidad de la PAF (policía del aire y de las fronteras). La detención de Papa Wemba en su domicilio de Aulnay-sous-bois coincidió con una orden de busca y captura internacional dictada por la justicia belga a raíz de la llegada al aeropuerto de Bruselas de supuestos 15 músicos acompañantes de Papa Wemba, de los cuales sólo uno llevaba en su equipaje algo que podía parecerse a un instrumento de música: un pequeño tam-tam.

El artista hacía pasar a los emigrantes por miembros de su grupo a cambio de 3.300 euros

Los pocos datos que se han filtrado hasta el momento indican que Papa Wemba podría ser acusado de "ayudar a estancia irregular en banda organizada" y de "falsificar documentos administrativos". Ese último aspecto significaría que Papa Wemba contaba con algún cómplice en la Embajada francesa en Kinshasa para que le expediese los documentos necesarios y facilitar así el cruce de las distintas fronteras. La PAF ha confirmado que la mayoría de las bailarinas de Viva la Música han acabado ejerciendo la prostitución callejera en distintas ciudades belgas o francesas. Fuentes de la investigación comentaron ayer que el cantante ha reconocido parcialmente los hechos que se le imputan y ha admitido que recibió 100.000 euros por haber facilitado la entrada de extranjeros.

Nacido en 1949 en Lubefu, en lo que entonces se llamaba Congo belga, Papa Wemba, que en el año 2001 fue elegido mejor cantante de África, aprendió los ritmos africanos de su madre, plañidera profesional a la que él acompañaba desde muy pequeño a las ceremonias fúnebres. Más tarde, durante los años sesenta, Papa Wemba descubre los ritmos occidentales y se convierte en Jules Presley, en homenaje obvio a Elvis. Pero descubrir a James Brown le reconciliará con la negritud y le llevará a formar parte de Zaïko Langa Langa, un grupo que pone en marcha la llamada rumba africana mezclando ritmos africanos, influencias cubanas y rock. Desde 1977, Papa Wemba lidera su propio grupo, el llamado Viva la Música, con el que actúa en todos los países de Europa y en Japón. Algunos de sus temas, como Maria Valencia y Le Voyageur, obtienen éxito internacional -Bernardo Bertolucci los incluyó en la banda sonora de uno de sus filmes- y, a mediados de la década de los ochenta, a caballo de la moda de la world music o música del mundo, Papa Wemba se convierte en una de la figuras de mestizaje cultural, una supuesta demostración de las potencialidades de una síntesis entre culturas distintas. El británico Peter Gabriel, a través de su sello Real World -una filial de la multinacional EMI-, editó cuatro discos de Papa Wemba, pero éstos no obtuvieron el éxito esperado, ya sea por razones artísticas, ya sea porque los discos tienen que competir con las ediciones en casetes pirata propiciadas por el propio Papa Wemba.

El caso de Papa Wemba parece que no sería el único que implicaría a artistas congoleños como intermediarios o instigadores de circuitos de emigración ilegal. Una vez descubierto que era relativamente fácil hacer viajar la cultura autóctona, una vez constatado que el dinero no tiene patria y que cuando abunda encuentra refugio en los bancos de todo el mundo, Papa Wemba ha querido hacer con las personas lo mismo que con la música y los euros y dólares. No era un gesto desinteresado, un gesto de solidaridad para con algunos de sus conciudadanos en peligro, sino una manera de redondear sus finales de mes o de reemplazar los ingresos perdidos desde la ruptura de contrato con Real World. Es la vertiente siniestra de un personaje festivo, que se presentaba como príncipe de la SAPE (Sociedad de Ambientadores y Personas Elegantes), es decir, de amantes de la fiesta y de su pompa.

Papa Wemba, en una imagen de 1999.
Papa Wemba, en una imagen de 1999.

* Este artículo apareció en la edición impresa del jueves, 20 de febrero de 2003.

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