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Mas inicia una visita a Quebec para reforzar su perfil nacionalista

No habrá rememoración del Vive le Quebec libre, pronunciado por el que fuera presidente de la República Francesa Charles de Gaulle en 1967. Quizá tampoco un "me siento quebequés", como el enunciado por Jordi Pujol en 1996. Pero el conseller en cap de la Generalitat, Artur Mas, aspira a que la opinión pública perciba rastros de esa doctrina en la visita que inició a última hora de ayer domingo a la rebelde provincia francófona del Canadá federal.

El objetivo confeso de este viaje de Artur Mas es el de estrechar los tradicionales lazos de amistad "de dos naciones sin identidad propia en un mundo global". Con ello el conseller persigue reforzar los aún débiles trazos de su perfil como político nacionalista.

En 24 horas, Artur Mas ha cambiado el registro de manifestante pacifista en Barcelona por el de político nacionalista en Quebec. Y es que contrariamente al enunciado de la socorrida máxima de ignaciana, en tiempos de tribulaciones preelectorales se debe hacer mudanza. Así que ha iniciado la visita a la tierra en la que muchos nacionalistas sueñan: una provincia canadiense que ha buscado su independencia por las urnas en dos referendos, el último de los cuales lo perdieron los francófonos por el 1,2% de los votos emitidos.Jordi Pujol siempre que ha visitado Quebec ha mostrado una extraordinaria cautela, pero resulta inevitable el guiño del "a ver qué día podremos parecernos a éstos". La distancia geográfica y política es grande, no en vano la provincia francófona tiene tres veces el tamaño de la Península Ibérica y está poblada tan sólo por 7,5 millones de personas. Y además pertenece a Canadá, un país donde muchas cosas están abiertas.

Mas inició anoche su inmersión soberanista transatlántica con la visita oficial con algún problema, ya que su vuelo desde París se vio retrasaso un par de horas por problemas técnicos.

Primero Montreal, después la ciudad de Quebec. Serán dos días de frío glacial -las temperaturas alcanzan estos días los 30 grados bajo cero- pero de calor nacional. De momento, y por un error del programa entregado por el Gobierno de Quebec a los periodistas, ya se ha expresado ese afecto. El Monsieur Artur Mas, premier ministre de la Generalitat, ha quedado convertido en su traducción catalana a "Molt Honorable senyor Artur Mas, president de la Generalitat de Catalunya".

Acompañado por el consejero de Cultura, Jordi Vilajoana, y por una comitiva empresarial catalana, el conseller en cap quiere pasar revista a la situación del doblaje de películas en un país en el que todo se dobla y, donde, por otra parte, existe un exquisito respeto al bilingüismo. Asimismo Mas mantendrá contactos con el sector aeronáutico. Luego explicará su proyecto sobre el futuro de Cataluña a lo más granado de la sociedad quebequesa: el CORIM, un organismo privado que tiene como objetivo fomentar la participación ciudadana en los asuntos internacionales. No faltarán entrevistas con los ministros quebequeses de Familia y Relaciones con los Ciudadanos e Inmigración.

El broche de la visita será la entrevista que el conseller en cap mantendrá con el primer ministro, Bernard Landry, del Partido Quebequés (PQ). Landry es un soberanista, alejado del pragmatismo de su predecesor, Lucien Bouchard, un culto ex premier que lee a los clásicos en latín y griego, capaz de recitar de memoria pasajes de Proust. Pero Landry, a juicio del sector más radical de su partido, perdió el tiempo al no haber llevado la cuestión de la independencia a referéndum. Landry y Bouchard son exponentes de las dos almas que debe tener todo partido nacionalista que se precie.

Pero aunque en Quebec y en Cataluña sea año electoral, las distancias entre el PQ y CiU son enormes. En la provincia canadiense, los nacionalistas esperan poder salvar su mayoría en las urnas para convocar un nuevo referéndum hacia la libre asociación o la independencia del resto del Canadá anglófilo. En Cataluña, los objetivos de CiU son más modestos: un nuevo estatuto contra reembolso electoral.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 17 de febrero de 2003