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COLUMNA

Indignante y patético

Es indignante que el gobierno y sus acólitos hayan montado un escándalo sólo porque un gran número de personas exprese públicamente su rechazo a la guerra. ¿Qué cinismo es el de esa ideología, de raigambre religiosa, que se siente ofendida por quienes claman paz? Según la tradición, Cristo conminaba a poner la otra mejilla: ¿qué tiene que ver ese rechazo de la violencia con lanzar cientos de misiles contra un pueblo que ya sufre el totalitarismo? Cristo entró en el mercado y se enfureció con los ambiciosos: ¿qué tiene que ver su justa ira con la promesa manifiesta de Bush de repartir el petróleo iraquí con sus aliados?

Es patético que el gobierno y sus acólitos pongan el grito en ese cielo suyo que van a ayudar próximamente a que se llene de inocentes porque, en un goteo gozoso y estimulante, el rechazo unánime a la guerra, que debiera llenar de orgullo a cualquier dignatario decente, se haga público en Televisión Española, como racional y muy eficaz aprovechamiento de la oportunidad de hacer uso de esa gran plataforma que se nos usurpa, como una toma, por derecho propio, de ese órgano de la mentira y de la ocultación que pagamos todos y manipulan ellos.

Es indignante que Powell enseñe como pruebas unas fotos aéreas borrosas con unas flechas que señalan a unos bultos inidentificables y unos dibujos de camiones de formas escolares y fondo sospechosamente falso y España se las crea y ande alineándose para ir al frente con esos diez países de la Europa del Este (Lituania, Letonia, Estonia, Eslovaquia, Rumania, Bulgaria, Eslovenia, Croacia, Macedonia y Albania) que, patéticos mercenarios de su futuro, mendigarían cualquier migaja de ántrax por salir del ostracismo económico y político en el que les han dejado sus regímenes totalitarios. ¿Ha olvidado Aznar que España ya superó una situación similar?

Pero también es indignante que tres miembros de la CAIA (Célula Antimperialista de Intervención Artística) tuvieran que abandonar la concentración convocada el miércoles en la plaza de Neptuno con motivo de la comparecencia de Aznar en el Congreso de los Diputados debido a la manifiesta hostilidad de la que fueron objeto, en el más puro estilo estalinista, por parte de algunos participantes en la misma. A los de la CAIA se les notaba perfectamente que sus disfraces de terrorista yanqui (riguroso negro, pasamontañas del Todo a 100 y banderín de barras y estrellas norteamericanas pinchado al pecho con alfileres) eran disfraces de terrorista yanqui que, por cierto, venían a ilustrar de forma literal el clásico y muy coreado eslogan de "Vosotros, fascistas, sois los terroristas". Pero muchos de los del eslogan no lo entendieron, consideraron ese atuendo como una provocación (lo era, pero no precisamente hacia ellos) y, liderados por una señora con pinta de feminista de vieja guardia (de las que lucharon tanto por la liberación de las mujeres españolas que, en su lucha, abandonaron a su suerte a las lesbianas para no ser tachadas de tortilleras, que era como se las llamaba entonces y estaban muy mal vistas), exhortaron a los de la célula a abandonar sus maneras, con una insistencia y unas reminiscencias que demostraban que en España el activismo político y cultural necesitaría de la misma reforma radical y profunda que urge a la educación.

Como también es indignante que no se haya oído una sola protesta pública acerca de la apertura de la gala de los Goya con un infame gag en el que dos paletos arrastraban a una cabra, a todas luces contra su voluntad, para dar por inaugurado el espectáculo con esa estúpida y violenta broma. Como es indignante que la Plataforma Animalista, formada por asociaciones y particulares dedicados a salvar de la tortura y el exterminio municipal a perros y gatos que han ido a dar con sus pobres huesos a la perrera de Cantoblanco, sea objeto de una campaña de desprestigio sólo porque dicen esa verdad enorme como un templo y que puede comprobar cualquier persona con un mínimo de sensibilidad y dos dedos de frente que se acerque por allí. Como es indignante que Ruiz Gallardón venga con eso de que los gays deben al PP su bonanza actual y que la ministra del Castillo se refiera a los contrarios a la guerra como "brazo armado de la oposición". En fin, que así de indignantes y/o patéticas están las cosas. Y, en fin, que yo disparo con este brazo: NO A LA GUERRA.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 7 de febrero de 2003