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Intervención del presidente del Gobierno, José María Aznar | AMENAZA DE GUERRA | Los argumentos del presidente

"Todos sabemos que Sadam Husein tiene armas químicas y de destrucción masiva"

El presidente del Gobierno leyó ayer durante 30 minutos un discurso de 14 folios en su primera intervención. Lo que sigue es un amplio extracto del mismo:

"La crisis es consecuencia del reiterado incumplimiento, por parte de Irak, de sus obligaciones internacionales y de las resoluciones del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas. A poco que hagamos memoria, vemos que no es más que un nuevo episodio del problema surgido en 1990, cuando el régimen iraquí invadió Kuwait.

"Irak tiene una última oportunidad de cumplir su obligación en materia de desarme"

"Un nuevo plazo sine die del trabajo de los inspectores daría alas al régimen de Husein"

"Si queremos que Husein cumpla con sus obligaciones, el plazo de las inspecciones no se puede demorar indefinidamente"

"El régimen de Bagdad está en condiciones de ofrecer material químico a grupos terroristas"

"Nuestra posición la asumiría cualquiera que sintiera la responsabilidad de gobernar"

"No se trata de seguir esperando; el cambio de actitud que todos deseamos debe darse en semanas"

"El de Sadam es un régimen de terror que no ha dudado en emplear armas de destrucción masiva en las guerras que ha promovido"

A efectos de facilitar el debate, resumiré la posición del Gobierno en cinco ejes fundamentales:

- Primero, el Gobierno está trabajando por restablecer la paz y la seguridad. El interés del Gobierno es obtener una situación de paz con seguridad.

- En segundo lugar, la paz y la seguridad se garantizan mediante el respeto y el cumplimiento de las resoluciones del Consejo de Seguridad. Esa paz más segura vendrá de la mano de las Naciones Unidas.

- En tercer lugar, es imprescindible el cumplimiento de las resoluciones de las Naciones Unidas que obligan a Irak a desarmarse, eliminando los arsenales de destrucción masiva que ya se ha comprobado que posee. Es imprescindible acatar los acuerdos, es imprescindible acatar los consensos largamente debatidos por las Naciones Unidas.

- En cuarto lugar, este Gobierno ha querido desempeñar un papel activo en esta crisis internacional pensando en la nueva amenaza que hoy supone el terrorismo, especialmente si tiene a su alcance medios de destrucción masiva.

- Y, en quinto lugar, España es partidaria de que la resolución de la crisis permanezca en el seno de las Naciones Unidas y de que la comunidad internacional demuestre una posición de firmeza ante quienes incumplen sus mandatos.

El Gobierno desea la paz y está trabajando activamente para asegurarla. Ningún Estado puede hoy garantizar su seguridad sin cooperar activamente con otras democracias que comparten los mismos valores y que se exponen a las mismas amenazas.

ANTECEDENTES "Violación de la legalidad"

La crisis actual se viene arrastrando desde la invasión de Kuwait por parte de Irak en 1990. Entonces, el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas autorizó el uso de la fuerza para poner fin a esa violación intolerable de la legalidad internacional. España participó en la coalición de fuerzas encabezada por los Estados Unidos que intervino en el Golfo. Desde entonces, España defiende la resolución 687 de 3 de abril de 1991, respaldada por esta Cámara, que es la que establece un alto el fuego supeditado a que Irak destruya, sin condiciones y bajo la supervisión internacional, todas sus armas químicas, biológicas y nucleares. Por lo tanto, según la legalidad internacional, el alto el fuego está sujeto a un desarme que nadie hasta hoy ha podido verificar.

Irak ha incumplido más de medio centenar de resoluciones del Consejo de Seguridad desde 1990. Estos incumplimientos han dado lugar a seis resoluciones de condena por la falta de cooperación en la verificación de su desarme y por no renunciar a la posesión de su arsenal de armas de destrucción masiva.

SITUACIÓN ACTUAL "Doce años de incumplimientos"

Es así, después de 12 años de incumplimientos, como hemos llegado a esta nueva situación crítica, heredada de la Guerra del Golfo. El pasado 8 de noviembre el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas aprobó por unanimidad la Resolución 1.441. Esta resolución ha sido asumida por la Unión Europea en las conclusiones del Consejo Europeo de Copenhague y en las conclusiones de la reunión de Ministros de Asuntos Exteriores del pasado 27 de enero, y esa resolución ha sido asumida también por la Alianza Atlántica. También quiero subrayar el pleno apoyo de la Liga Árabe a esta resolución.

La resolución 1.441 recuerda que "Irak ha incurrido y sigue incurriendo en violación grave de sus obligaciones en la materia al no cooperar con los inspectores de las Naciones Unidas".

El objetivo que persigue el Gobierno es el de la comunidad internacional: que Sadam Husein se desarme, que renuncie a sus arsenales de armas de destrucción masiva ante los inspectores. Los inspectores deben verificar de manera inmediata que las obligaciones se han cumplido. Un nuevo plazo sine die de su trabajo daría alas al régimen de Husein acostumbrado a resistir y a rearmarse durante años.

LA INSPECCIÓN "Certificar la eliminación"

Como sus señorías bien conocen, la resolución 1.441 obliga a Irak a permitir el acceso inmediato, incondicional e irrestricto a los lugares designados por las Naciones Unidas; en definitiva, a cooperar activa, plena e incondicionalmente con sus inspectores. Recuerdo que Irak expulsó a los inspectores de las Naciones Unidas en diciembre de 1998 y que sólo a través de una firme presión de la Comunidad Internacional ha permitido su regreso.

Quiero recordar también cuál es la misión de los inspectores ante el régimen iraquí. Su misión no es, como a veces se dice, encontrar las armas de destrucción masiva de Sadam Husein. La resolución 1.441 es inequívoca: su misión es certificar la eliminación de esas armas. Los inspectores no son detectives, los inspectores deben actuar como notarios que levantan acta de la eliminación de las armas de destrucción masiva que sabemos que posee Irak. Y la resolución señala también que Irak tiene "una última oportunidad de cumplir sus obligaciones en materia de desarme". Es a Sadam Husein a quien le corresponde entregar sus armas, no a los inspectores encontrarlas. Conviene saber que hay abundantes ejemplos de países que se han sometido a programas de eliminación de arsenales bajo supervisión e inspección de las Naciones Unidas. Pongo los ejemplos de Bielorrusia, de Kazajistán o de Suráfrica. Programas que se demostraron útiles.

Todos sabemos que Sadam Husein tiene armas de destrucción masiva. Irak había negado tener armas biológicas hasta que tuvo que reconocerlo en julio de 1995. A renglón seguido negó que hubiera llegado a cargarlas. Un mes después, la deserción de un alto oficial de su ejército hizo a Irak admitir la verdad: que las armas biológicas estaban listas para ser utilizadas.

Todos sabemos también que Husein tiene armas químicas. Los informes de enero de 1999 de los inspectores de las Naciones Unidas expulsados por Irak no dejan lugar a dudas: sus arsenales contenían más de 3.000 toneladas de precursores químicos, 300 toneladas de agentes químicos en bruto y 30.000 municiones especiales para la guerra química.

No han faltado esfuerzos por parte del régimen iraquí para hacerse con suministros capaces de desarrollar armamento nuclear. Por supuesto, lo negó y, por supuesto, era firmante del Tratado de No Proliferación de Armas Nucleares. Pero en 1994 la Organización Internacional de la Energía Atómica localizó más de 50 kilogramos de uranio altamente enriquecido, que le fue requisado.

INCUMPLIMIENTOS "Sadam no detuvo la producción de misiles"

En su informe al Consejo de Seguridad el pasado 27 de enero los inspectores han enumerado con claridad los puntos en los que Irak ha incumplido sus obligaciones impuestas: no ha dado cuenta del agente nervioso VX producido y no declarado; no ha explicado el destino de mil toneladas de agentes químicos que conservó tras la guerra con Irán; no ha dado cuenta de 6.500 proyectiles para carga química; no ha demostrado la destrucción de 8.500 litros de ántrax; no ha detenido la producción de misiles con un radio de más de 150 kilómetros; no ha revelado el destino de 380 propulsores de misiles con agentes químicos que fueron introducidos de contrabando el mes anterior en el país.

Se ha ocultado material como los laboratorios móviles y los vehículos no tripulados empleados para dispersar sustancias tóxicas. Se ha escondido e intimidado a los científicos que trabajan en el desarrollo de armas de destrucción masiva, y tengo que decir que el régimen iraquí ha desarrollado un programa completo y minucioso de engaño y de ocultamiento a los inspectores.

No nos engañemos. La tarea de los inspectores es inútil si no existe voluntad expresa del régimen para destruir sus armas de destrucción masiva. Si queremos que Sadam Husein cumpla de una vez con sus obligaciones, el plazo de las inspecciones no se puede demorar indefinidamente.

TERRORISMO EN ESPAÑA "Es una amenaza global"

No son hipótesis de ciencia ficción. Hemos visto hace pocos días en Londres y también, por desgracia, en Barcelona que hay grupos terroristas dispuestos a atacar causando el mayor daño y destrucción posibles y que cuentan con sustancias que podrían causar centenares, si no miles, de muertos. Después del 11 de septiembre ningún gobernante responsable, ante su conciencia y ante su país, puede ignorar esta realidad. Desde el 11 de septiembre creo que nadie puede llamarse a engaño.

El terrorismo es una amenaza global, relativamente fácil de cumplir con pocos medios, como ya ha ocurrido en Nueva York o como hemos visto en Bali. Luchar contra él es nuestro deber y nuestra responsabilidad.

El 11 de septiembre también puso de manifiesto que existen Gobiernos y regímenes que amparan el terrorismo, que esconden a terroristas y que pueden poner a su alcance armas de destrucción masiva.

El de Sadam es un régimen de terror que no ha dudado en emplear armas de destrucción masiva en las guerras que ha promovido contra sus países vecinos y contra su propio pueblo. Existen vínculos con grupos terroristas como Abú Nidal, como la organización de Muyahidines Khalq, como el grupo Ansar-el-Islam o como la fracción de Abú Abbas. También es sabido con qué generosidad recompensa a los terroristas suicidas de Hamás.

Caso aparte, por su especial trascendencia, lo constituyen las relaciones de Sadam Husein con Al Qaeda. Abu Musa Al Zarkawi es el responsable de Al Qaeda encargado de desarrollar sustancias tóxicas para envenenamientos masivos. Este terrorista huyó de Afganistán tras la caída del régimen talibán. Fue cobijado en Bagdad. Allí vivió varios meses, hasta que se perdió su pista. Algunos de sus colaboradores han sido detenidos recientemente en el Reino Unido y en España. El problema, señorías, nos afecta, y de cerca.

Sabemos que diversos grupos terroristas en todo el mundo están intentando obtener los materiales químicos y bacteriológicos, y sabemos que el régimen de Bagdad está en condiciones de ofrecérselos. El uso de armas químicas o bacteriológicas por estos grupos, desgraciadamente, no es una ficción. En el pasado se utilizaron en el Metro de Tokio y hace sólo unos días, como decía, ha sido desarticulada una célula de Al Qaeda en Londres con agentes químicos necesarios para producir ricina, veneno letal con medio gramo del cual puede matarse a una persona.

Según informaciones conocidas ayer, el viceprimer Ministro de Irak, Tarek Aziz, se refirió expresamente a España advirtiendo de que nuestro apoyo a las resoluciones vigentes de las Naciones Unidas podía suponer lo que eufemísticamente llamó "una extensión del terrorismo" a nuestro país. Se permitió hacerlo, además, ante compatriotas nuestros. España no acepta amenazas de ningún tipo y menos en lo que se refiere al terrorismo.

Hemos impulsado la lucha contra el terrorismo y contra la proliferación de armas de destrucción masiva en nuestras relaciones bilaterales y en todos los foros internacionales: en las Naciones Unidas, en la Unión Europea, en la Alianza Atlántica, en la Organización para la Seguridad y Cooperación en Europa y en el Consejo de Europa. Sabemos que ello nos ayudará, y ya lo está haciendo, en nuestra lucha contra el terrorismo de ETA, y creemos que es un deber específico de España ofrecer su cooperación a otros países señalados por el terrorismo. La pasividad ante estas nuevas amenazas es nuestro mayor peligro.

El Gobierno ha mostrado su opción y su deseo de que el asunto siga en el seno de las Naciones Unidas. Es más, aunque la resolución 1.441 dice literalmente que es "una última oportunidad", el Gobierno trabaja y va a trabajar para lograr otra resolución del Consejo de Seguridad.

El próximo día 14 de febrero los inspectores presentarán un nuevo informe, nos informarán de si Sadam ha respondido o no a sus preguntas, decidiremos entonces cuál deba ser el paso siguiente para hacer cumplir a Irak sus obligaciones y esta Cámara será informada sin retraso. La comunidad internacional determinará entonces si Sadam Husein ha aprovechado la última oportunidad de aceptar la autoridad de las Naciones Unidas pero, de rechazarla, "se expondrá -y lo digo con las mismas palabras empleadas por las Naciones Unidas- a graves consecuencias", y esta Cámara tendrá que debatirlas.

CONSENSO "Pido responsabilidad"

Estamos trabajando para mantener la cohesión internacional reflejada en la resolución 1.441; también en el seno de la Unión Europea, tanto en las reuniones del Consejo, como en iniciativas como el artículo que suscribimos ocho primeros ministros europeos y el presidente de la República Checa en torno a una preocupación que el presidente Havel ha expresado mejor que nadie: "Una paz ilusoria siempre conduce a grandes catástrofes".

Hace diez días los inspectores nos dijeron que el régimen iraquí no ha cambiado de actitud y que sigue sin cooperar. Por eso, no se trata de seguir esperando durante meses o años; el cambio de actitud que todos deseamos debe darse en semanas.

Siento el mayor respeto por todas las posiciones que se puedan manifestar en esta sesión. Nadie tiene el monopolio de la razón, como nadie tiene el monopolio de los buenos sentimientos. Pido a los grupos parlamentarios su reflexión y su responsabilidad. Desearía que convinieran conmigo en que una postura firme y resolutiva para desarmar a Irak en un plazo inmediato es lo responsable, lo lógico e inteligente para las aspiraciones de paz y seguridad de la comunidad internacional, que también son las de nuestro país.

La posición del Gobierno es una posición razonable, es la que asumiría cualquiera que sintiera la responsabilidad de gobernar, es sustancialmente la misma que el Gobierno tomó en 1991, entonces con el apoyo de la oposición, y la que le corresponde tomar a un Gobierno español que atienda a los intereses permanentes de nuestro país".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 6 de febrero de 2003