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Crítica:

'Okupas' en el arte

Doméstico es un espacio alternativo que, por tercer año consecutivo, exhibe en un piso alquilado en Madrid las obras creadas específicamente por varios artistas.

Walter Benjamin atribuía a la obra de arte una cualidad aurática que la diferencia del resto de los objetos vulgares. Esa cualidad, en buena medida, viene determinada por el marco o el pedestal en el que se presenta y éstos se han expandido convirtiéndose en las salas de los museos y galerías, espacios cada vez más sofisticados, con sus inmaculadas paredes, suelos como patenas y una tecnología de iluminación propia de la escena de un teatro. En el marco de estos lugares específicos cualquier objeto, incluso cualquier excremento, elegido e instalado por un artista, adquiere el aura de las auténticas obras de arte. Pero, ¿qué pasaría si un hipotético objeto fuera colocado por el propio artista en una cocina, junto a otros cacharros de su especie, o en un vertedero, entre el conjunto de los excrementos urbanos? Simplemente, sería un cacharro o un excremento más. De esta manera, museos y galerías han pasado a formar parte inevitable del proceso de creación y legitimación de la obra de arte.

EXPOSICIÓN COLECTIVA

Doméstico'02 Paseo de las Delicias, 143 Madrid Hasta el 15 de marzo

Desde hace tres años, un grupo de personas vinculadas con el mundo del arte, con el apoyo económico de algunas empresas, han dado vida a un proyecto alternativo a los museos y galerías que han denominado Doméstico, consistente en alquilar un piso o local en el que sin realizar ninguna transformación se ofrece a un grupo seleccionado de artistas jóvenes para que creen en él alguna obra específica. Aquí la experiencia parece consistir en dar la vuelta al guante, ya que es la intervención artística la que transforma un lugar cotidiano y anodino en un espacio aurático. Las experiencias hasta ahora acumuladas por Doméstico pueden parecer discretas desde el punto de vista expositivo o promocional pero son altamente interesantes desde la óptica de la estética de comportamientos y responden a estrategias de presentación desarrolladas por el pensamiento posmoderno que no han tenido en España un cauce adecuado.

En la primera convocatoria de Doméstico se utilizó una vivienda, en la segunda una vieja academia, mientras que en esta tercera muestra se han servido de un bajo que fue anteriormente y durante muchos años estudio de artistas. De alguna forma, el carácter del lugar, sus usos previos, han determinado el tema y el tipo de obra a realizar, así, los artistas Mónica Alonso, Tamara Arroyo, Isidro Blasco, Daniel Chust Peters, Sofía Jack, Miquel Mont y Fernando Sánchez Castillo han creado obras específicas en torno a su espacio de trabajo, real o ficticio, mostrando nuevas interpretaciones de un tema ya clásico en el arte desde principios del siglo XIX, el de la representación del estudio del artista.

Frente a la cuidada puesta en escena de los institucionales museos y galerías, con sus impecables y atractivas salas acondicionadas para fascinar al visitante, en estos locales espurios la obra surge entre paredes descorchadas, suelos de baldosas desiguales e instalaciones precarias. Los artistas y sus obras se convierten en okupas de un espacio marginal que reclaman desde aquella vieja reivindicación de los años sesenta: "No separar el arte de la vida".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 1 de febrero de 2003