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OPINIÓN DEL LECTOR

Pinceladas sobre el padre Castillejo

Hemos estado escuchando en estos días el tema del cura Castillejo, el de las orejas grandes; dicen que las orejas grandes son señal de bondad (mi amigo Pepe, muy conocedor de la filosofía oriental y cura de Bonares, me comentaba que a Buda, la bondad infinita, lo representan siempre con unas orejas que casi le llegan a los hombros). En este caso del padre Castillejo, son signo de un gran amor y mucha bondad para sus cuatro hermanas. Pero cuando están muy separadas de la cabeza, la iconografía se las pone a los ángeles rebeldes, como soplillos del infierno.

Hace unos días lo hemos visto en los periódicos manifestándose por las calles de Córdoba, rodeado de esos canónigos octogenarios, algunos con sotana. Lástima que nunca salgan a la calle, ni para apoyar a las víctimas de ETA, ni para defender a los del PER, sólo han salido y con gorros para las procesiones. Esta vez para las perras.

Hace unos años, lo vi en la Catedral de Sevilla, cuando su canonización en vida, rodeado de obispos y de canónigos de mucha capa roja, algunas muy despintadas. ¡Qué profanación de nuestro gran templo! Él estaba dentro de una casulla bordada en oro que le sentaba fatal.

Monseñor Martínez se ha portado muy bien, y es que estas personas sencillas, no tan rimbombantes, dan sorpresas. Son fieles, honrados, y no podía pasar por alto el escándalo de Castillejo, y que además se ría de él. Ese tenía que haber sido el comportamiento del arzobispo de Valladolid con el menudo elemento del ecónomo.

Es hora de que algún pastor se alce, rasgándose las vestiduras, por el pecado de las finanzas. Solamente los vemos escandalizados por los pecados de la sexualidad, cuando son reconocidos públicamente por el autoconfesante. En el Evangelio, Nuestro Señor Jesucristo no se cansa de recomendar a sus seguidores el desprendimiento de los bienes materiales, la austeridad, la pobreza, el compartir, etc. Signos de credibilidad.

Don Javier Martínez ha dado un buen ejemplo. La comunidad de Córdoba está muy contenta. Esta acción profética y valiente se necesitaba en España. Espero que muchos obispos sigan su ejemplo y dejen que se oiga su voz no solamente para defender los intereses materiales y partidistas.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 27 de diciembre de 2002