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Tribuna:

Crecidas del Ebro, PHN e ingeniería valenciana

A finales del pasado noviembre se registraron lluvias torrenciales en Navarra y en Euzkadi. Ante la consiguiente crecida del Ebro, varias personalidades valencianas han declarado que si el trasvase del Ebro hubiera estado ya construido, el agua que en pocos días se ha "perdido en el mar" habría podido cubrir los 300 hectómetros cúbicos que asigna el PHN a la Comunidad Valenciana en todo un año. Estas afirmaciones son técnicamente inaceptables, máxime cuando entre sus autores figura el conseller García Antón, Ingeniero de Caminos y profesor en excedencia de la Universidad Politécnica de Valencia.

Lo que determina la cantidad de agua que puede ser captada por un trasvase no es el caudal que pasa por el río, sino la capacidad del canal de derivación. Si hubiera estado ya construido el trasvase del Ebro, de poco habrían servido los casi 1.300 metros cúbicos por segundo que llevaba el río, ya que la capacidad del canal proyectado es de 50 metros por segundo.

Pero además, en las grandes avenidas los ríos suelen arrastrar arenas y limos que obligan a paralizar los bombeos, para no destrozar la maquinaria. En esta ocasión, las aguas del Ebro arrastraban también toneladas de mejillones cebra y de algas, que habrían hecho aún más imposibles los bombeos.

Tampoco se puede argumentar que los caudales de la crecida hubieran podido ser almacenados en embalses, para su trasvase posterior. La Ley del PHN, en su Artículo 16 c), descarta esta posibilidad, reservando los embalses pirenaicos para las demandas de la propia cuenca. Afortunadamente para el Ebro, para el Delta, para las playas y para la pesca del Mediterráneo, con o sin trasvase más del 95% de las aguas de esta crecida, y de cualquier otra, llegarán hasta el mar.

Lo que la actual crecida del Ebro pone una vez más de manifiesto es lo contrario de lo que sostienen los trasvasistas valencianos: la irregularidad del río Ebro lo hace muy poco adecuado para confiarle el suministro de agua de la comunidad.

De hecho, el año hidrológico actual es el tercero consecutivo en el que el trasvase del Ebro, si hubiera estado en servicio, no habría podido trasvasar el caudal previsto. Según los aforos oficiales, en el año hidrológico 2000-2001 el trasvase sólo habría proporcionado un 87% del caudal previsto. En el 2001-2002, que fue marcadamente seco, se habría quedado en el 12%. Y en el actual ya no podrá superar el 78%, porque octubre y noviembre han sido muy secos, y el trasvase habría fallado casi por completo en ambos.

La aportación media del trasvase en estos tres ejercicios, en el mejor de los casos, habría sido del 59% de lo previsto. Y si esto ocurre ya en la actualidad, ¿qué ocurrirá dentro de diez o veinte años, cuando se desarrollen los extensos planes de regadío de Álava, Navarra, La Rioja, Aragón y Cataluña, buena parte de los cuales están ya en ejecución?.

Va tomando forma de día en día el fantasma de un fracaso anunciado, similar al del trasvase Tajo-Segura, pero con un serio agravante para la Comunidad Valenciana: Murcia al menos conservó su río Segura tras el fracaso de aquel trasvase, pero Valencia se está dejando expoliar el Júcar a cambio de la promesa del Ebro, y corre un riesgo cierto de quedarse sin uno ni otro. Con el PHN, la Comunidad Valenciana se quedará en cola y a sobrantes de dos ríos (el Júcar y el Ebro) sobreexplotados con todas las bendiciones legales. No cabe imaginar una posición hidrológica más desfavorable. Por estas razones, y por la calidad del agua, por el coste del recurso (107 pesetas / metro cúbico, para el rendimiento del 59% del presente trienio), y por los deterioros ambientales previsibles, el PHN es una amenaza muy grave para la Comunidad Valenciana.

El PP necesita ocultar los problemas del PHN al menos hasta después de las próximas citas electorales, y para ello está desplegando toda su capacidad de influencia mediática, amedrentando a casi todas las instituciones no dependientes del PP, que reconocen en privado sus dudas sobre el PHN, pero no se atreven a expresarlas en público.

La Universidad Politécnica de Valencia es la institución valenciana con competencias científicas más directamente relacionadas con esta materia. El compromiso social que los valencianos podrían haber esperado de la UPV en el PHN debería haber alcanzado, como mínimo, a promover activamente un debate sereno y neutral, y a velar para que no se intoxique a la opinión pública con manipulaciones técnicas como la organizada en torno a la última crecida del Ebro.

Sin embargo, la UPV ha estado y sigue estando ausente del debate sobre el PHN. Ha tenido que ser la delegación de alumnos de la Escuela de Caminos la que organizara, el pasado 28 de noviembre, el primer y único debate público sobre el PHN celebrado hasta el momento en la UPV, debate que, por cierto, contó con más de 400 asistentes, dando lugar al mayor lleno nunca registrado en el salón de actos de la Escuela de Caminos.

Con su actitud, la UPV está asumiendo una grave responsabilidad histórica ante la sociedad valenciana. Porque con su clamoroso y persistente silencio, puede estar ayudando, consciente o inconscientemente, a legitimar la grave agresión hidrológica de la que está siendo objeto desde hace años la Comunidad Valenciana.

Antonio Estevan es ingeniero industrial y miembro fundador de la Fundación Nueva Cultura del Agua.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 14 de diciembre de 2002