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Camps y Pla aparcan las promesas electorales para debatir el papel que debe jugar el Consell

El PP opone su modelo de "democracia autonómica" al "federalismo cooperativo" del PSPV

Los candidatos autonómicos del PP y del PSPV, Francisco Camps y Joan Ignasi Pla, respectivamente, han aparcado esta semana la realización de promesas electorales para confrontar su visión sobre el papel institucional que debe tener la Generalitat en un futuro inmediato. La discusión sobre el modelo territorial del Estado y, fundamentalmente, sobre el lugar que debe ocupar la Comunidad Valenciana en España se ha traducido en dos posiciones antagónicas: "democracia autonómica" versus "federalismo cooperativo". Conceptos que revelan cambios en las posiciones de los partidos.

Los candidatos de los dos principales partidos que se disputarán la presidencia de la Generalitat el próximo 25 de mayo mantienen ideas muy diferentes sobre el papel que debe jugar la institución que aspiran a dirigir. El popular Francisco Camps "apuesta decididamente por la democracia autonómica". Un concepto que resume la voluntad del PP por mantener el actual statu quo y centrar sus esfuerzos en perfeccionar el actual funcionamiento del Consell, la Administración y las Cortes Valencianas. Ayer, con motivo del acto de celebración del Día de la Constitución, los presidentes del Gobierno y de la Generalitat fueron mucho más explícitos. José María Aznar se mostró firme partidario de mantener "el bloque constitucional, es decir, la Constitución y los estatutos de autonomía, en los términos que conocemos en estos momentos". José Luis Olivas señaló que con el actual marco institucional la Comunidad Valenciana "ha podido alcanzar el máximo nivel competencial".

La "democracia autonómica" defendida por Francisco Camps supone un cambio en las tesis del PP valenciano, que ahora se enmarcan en la apuesta por la segunda descentralización impulsada por el Gobierno Aznar que aboga por transferir competencias autonómicas a los ayuntamientos. Hasta el XIV congreso nacional del partido, celebrado a finales de enero, los populares valencianos, con Eduardo Zaplana al frente, habían apostado por afrontar la reforma del Estatuto de autonomía, se hallaban predispuestos a hablar de cambiar el funcionamiento del Senado y habían actuado legislativamente para controlar desde la Generalitat el ente metropolitano de Valencia y coordinar determinadas políticas locales, lo que les valió numerosas acusaciones por parte de la oposición de ataques a la autonomía municipal.

Sin embargo, no han sido los populares los únicos que han variado sus posiciones. También los socialistas valencianos han evolucionado su propuesta de modelo territorial coincidiendo con la designación al frente del PSOE de José Luis Rodríguez Zapatero y con la consolidación del liderazgo de Joan Ignasi Pla en el PSPV.

Así, tras años de apostar por un desarrollo del marco autonómico que tenía su límite infranqueabre en la capacidad de disolución plena de las Cortes Valencianas por parte del presidente de la Generalitat, el PSPV ha terminado apostando por el "federalismo cooperativo". Una propuesta que, como la del PP, parte de la bondad de la Constitución y del Estatuto de Autonomía; pero que llega a una conclusión bien diferente: para mantener los actuales niveles de desarrollo y convivencia es necesario realizar modificaciones en el actual modelo territorial. En esencia, la propuesta de Joan Ignasi Pla -que coincide de manera importante con las tesis del resto de dirigentes socialistas de los territorios de la antigua Corona de Aragón- aboga por transformar el actual modelo radial de España -"con relaciones bilaterales entre el Gobierno central y los autonómicos aisladamente considerados"- en otro reticular que permita mecanismos de codecisión entre el Gobierno central y los autonómicos cuyo objetivo final sería incrementar la cohesión territorial de España respetando las peculiaridades de sus distintos territorios. Un marco desde el que los socialistas defienden una reforma amplia del Estatuto de Autonomía, apuestan por una reforma del Senado y reivindican una mejor redistribución del gasto por habitante que realiza el Gobierno central, que debería ir acompañada de una mayor corresponsabilidad en las decisiones políticas sobre las grandes infraestructuras.

De réditos electorales

La discusión sobre el modelo territorial que proponen populares y socialistas valencianos parte de una base (el buen funcionamiento hasta hoy de la actual estructura administrativa) y un objetivo común (garantizar e incrementar el nivel de desarrollo de la Comunidad). Sin embargo, difieren en el instrumento necesario para conseguirlo. Y es en este terreno donde, además de defender un proyecto, se busca el rédito electoral. Los populares han visto en el debate sobre el modelo territorial una oportunidad para volver a presentarse como los garantes de la unidad de España frente a los socialistas, a los que califican de radicales y de defender posiciones diferentes en cada territorio. Un argumento, que en el caso de la Comunidad Valenciana se aliña habitualmente con el tradicional espantajo del anticatalanismo. Así, el portavoz del PP en el Senado, el valenciano Esteban González afirmó ayer: "En el federalismo asimétrico los valencianos sólo tenemos dos opciones: o quedarnos en la segunda división o sumarnos a la gran Cataluña socialista".Por su parte, los socialistas, que mantienen la estrategia de moderar sus respuestas para presentarse ante la sociedad como una alternativa constructiva a los gobiernos del PP, recurren al recuerdo de la dictadura franquista para desgastar la propuesta de sus adversarios.El vicesecretario general del PSPV, José Luis Ábalos,afirmó ayer: "Si algo positivo tiene la actitud del PP en estos momentos es que, aunque sea un poco tarde, termina pareciéndoles bien nuestro modelo de descentralización porque el PP, entonces Alianza Popular, no estaba de acuerdo con él en el debate constitucional y apostaba por un Estado regionalista unitario". "No son los más indicados para poner freno a cualquier reflexión o innovación que se plantee porque siempre han estado en contra. La reacción típica de la derecha es acudir a la idea de la España única, impidiendo el debate que es el que nos importa y que no es el de las fórmulas jurídicas, sino la igualdad de todos los ciudadanos a partir de una situación que es desigual".Esquerra Unida también apuesta por una revisión del actual marco constitucional para avanzar hacia un modelo federal. Su coordinador Joan Ribó manifestó ayer: "La Constitución no se puede utilizar como un libro sagrado, como si fuera el Corán o la Biblia, por parte sobre todo de aquellas personas como el presidente del Gobierno, José María Aznar, que, en el momento de votarla, se opusieron a ella; ni tampoco para plantear, a nivel territorial, un modelo de Santiago y cierra España contra reivindicaciones de carácter nacionalista".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 7 de diciembre de 2002

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