Tribuna:COYUNTURA INTERNACIONAL
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El Este, cada vez más cerca

Ya tenemos fecha oficial de ampliación. Si todo va según lo previsto, el 1 de mayo de 2004 10 de los 13 países que han llamado a las puertas de la Unión Europea entrarán a formar parte de la misma, a tiempo para participar en las elecciones al Parlamento Europeo de ese mismo año. Los días 12 y 13 de este mes se reunirá el Consejo Europeo en Copenhague, donde se cerrarán los procesos de negociación pendientes. Posteriormente, el Tratado de Adhesión resultante deberá ser firmado y ratificado los candidatos.

Estos países todavía muestran cierto retraso en muchos aspectos (marco jurídico, significativo nivel de corrupción o desequilibrios presupuestarios), pero el avance logrado en los últimos tiempos ha sido notable. Unas tasas de crecimiento económico elevadas y el importante volumen de inversión extranjera directa, especialmente en Hungría, Polonia y la República Checa, permitirán que este proceso de convergencia continúe en los próximos años. Pero la actual UE también debe avanzar en las reformas. En concreto, tras el sí irlandés al Tratado de Niza, es necesario concretar las reformas institucionales básicas de cara a la ampliación y definir el marco de financiación y el futuro de la PAC.

Tras la ampliación de la Unión Europea, los mercados parecen apostar por la incorporación de varios países a la Unión Económica y Monetaria

Pero aunque se siguen discutiendo las condiciones de entrada en la UE, los mercados financieros parecen dar por hecha la ampliación. Más aún, parecen respaldar la intención de estos países, una vez en la UE, de formar parte en un plazo breve de tiempo de la UEM, es decir, de la adopción del euro. En este sentido, el proceso de convergencia en los tipos de interés a largo plazo está muy avanzado, reflejando el notable grado de convergencia nominal de estos países con la UEM. En concreto, los tipos de interés son particularmente bajos en la República Checa (incluso inferiores a los de Alemania en estos momentos), un país candidato con una inflación por debajo de la europea, pese al aumento del déficit público. En Polonia y Hungría, el diferencial de rentabilidades a largo plazo con Alemania es incluso inferior al que presentaba España, salvando las diferencias, cuatro años antes de entrar en la UEM.

Con regímenes cambiarios vinculados ya al euro en la mayor parte de los países, la intención de acceder en un futuro a la UEM es patente. Aunque este proceso debería realizarse sin prisas. Fijar el tipo de cambio con el euro demasiado pronto puede limitar la flexibilidad en política económica que estos países necesitan. Más prisa, en todo caso, debería tener el BCE en preparar su propia reforma, pues la entrada de nuevos países puede hacer el proceso de decisiones inviable si se mantiene el actual sistema de participación de todos los bancos centrales en el Consejo de Gobierno del BCE.

Montse Martínez es economista del Servicio de Estudios del BBVA.

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