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Crítica:CRÍTICA

Una loca reducción de la mujer a bicho

La cosa esta, a ratos chistosa e hilarante, de 8 mujeres -que recibió, mezclado con aplausos, un abucheo en el festival de Berlín- forró a sus fabricantes con la veloz millonada de euros barrida durante su exhibición en Francia, donde el cine suele romper el dicho de que nadie es profeta en su tierra.

El hallazgo, como reclamo comercial en Francia, del reparto del filme fue decisorio en la balanza del negocio, pues llenó incontables salas el tirón popular de seis de las ocho actrices que encabezan y cubren el reparto de estas 8 mujeres. En concreto, la veteranísima Danielle Darrieux -una egregia superviviente del cine de la anteguerra y la posguerra mundial, que actuó en filmes dirigidos nada menos que por Robert Siodmak, Billy Wilder, Max Ophüls y Joseph Mankiewicz, entre otros capítulos con nombre propio de la historia del cine- y otras cinco inmensas comediantas: Isabelle Huppert, Emmanuelle Béart, Catherine Deneuve y Fanny Ardant, a las que se añade la magnífica muchacha, en vertiginoso ascenso, Virginie Ledoyen. Son seis mujeres pobladoras de las cúpulas del boyante cine francés, a las que se unen para llenar el cupo de 8 mujeres del juego las estupendas, y el alza, Ludivine Sagnier y Firmine Richard.

8 MUJERES

Dirección y guión: François Ozon. Intérpretes: Danielle Darrieux, Isabelle Huppert, Catherine Deneuve, Fanny Ardant, Emmanuelle Béart, Virginie Ledoyen, Ludivine Sagnier, F. Richard. Género: comedia. Francia, 2001. Duración: 103 minutos.

Estamos ante ocho comediantas desatadas, ocho magníficas locas de atar, que aquí sostienen con su presencia y su arrollador ingenio histriónico un curioso tinglado policiaco-musical trazado en vertiginoso ritmo de farsa y a veces de pantomima e incluso de payasada. Y con eficacia, solvencia y desenvoltura, estas ocho actrices dan ráfagas de consistencia a las oquedades de una película hecha con astucia para ganar dinero y nada más, pero aireada por alguna publicidad encubierta como cine importante, sin serlo en absoluto.

Procede el filme de un guión plagado de marrullerías, muy trucado y escrito con fácil linealidad, que fue arrancado por el director François Ozon de las apolilladas páginas una vieja comedia del inglés Robert Thomas. Pero es precisamente esa condición indisimuladamente esquemática del guión lo que estimula a actrices tan sabias, audaces e imaginativas como Isabelle Huppert -que sobreactúa y exagera con tan apabullante precisión y tan asombrosa velocidad gestual que paraliza a sus colegas y contrincantes-, Fanny Ardant, Emmanuelle Béart -que hace un memorable numerito sexy- y Catherine Deneuve se atrevan a llenar por su cuenta y riesgo el vacío del juego escénico con una exhibición en la cuerda floja de sus refinadas facultades interpretativas, juego que ronda lo impúdico y lo circense, una especie de más difícil todavía sin apenas vuelo y de alcance elemental, pero en el que logran algunos instantes truculentos y vivaces de comicidad gruesa, derivados más de su redomada técnica y del refinamiento de su oficio que de las calidades de la escritura y la dirección de Ozon, que dan lugar a cine menor, por no decir nulo.

Es 8 mujeres una frenética carrera de relevos de ocho feroces señoras, con ocho truculentos e hilarantes números musicales intercalados, en el papelón de posibles culpables del asesinato del único hombre de la casa, lo que deja abrirse paso en la secuencia de los encadenamientos de rostros y réplicas a un rosario de situaciones equívocas, en las que las ocho damas van dejando caer, entre otras maldades, zarpazos envenenados del arte del disimulo, la ira, la perversidad, la hipocresía, el esquinamiento, la intriga, el cinismo, la zorrería, el retorcimiento, la mezquindad, el apuñalamiento trapero, la sordidez, la delación, la represión, la crueldad, el encono, la inquina, el zancadilleo y toda la gama de una antología de la misoginia, de la reducción de la mujer a arpía, a alimaña, a hiena, a bicho, lo que, aunque tenga chistosas ráfagas de gracia iconoclasta, impide a 8 mujeres ser un espectáculo noble y libre.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 29 de noviembre de 2002