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Crónica:FÚTBOL | Segunda fase de la Liga de Campeones

El Valencia se rebela contra el infortunio

El equipo de Benítez es muy superior al Ajax, pero sólo empata al final con un gol de Angulo

El Valencia se rebeló ayer contra el infortunio, contra su mala puntería y contra las controvertidas decisiones del árbitro. Y esa rebelión le sirvió tan sólo para cazar un empate en el último suspiro, convertido por Angulo cuando Mestalla ya se creía víctima de la fatalidad. El cuadro de Benítez mereció golear a un Ajax que se limitó a resistir, pero ahí está la verdad del tópico: ésa es la belleza y la miseria del fútbol. El Ajax fue poca cosa. Un conjunto muy tierno sustentado por el espíritu combativo de su capitán, el rumano Chivu, que a sus 22 años fue uno de los responsables de aguantar el asedio. El otro fue Didulica, un arquero australiano desconocido que vivió la noche de su carrera. Lo paró todo menos el postrer disparo de Angulo. En cuanto al ataque ajacied, cabe rescatar un nombre: Rafael Van der Vaart, el media punta de madre gaditana que dejó su sello en acciones de notable calidad. La más decisiva ese sutil pase en profundidad que permitió a Zlatan poner el resultado patas arriba.

VALENCIA 1 - AJAX 1

Valencia: Cañizares; Curro Torres, Ayala, Pellegrino, Carboni (Fabio Aurelio, m. 74); Angulo, Albelda (De Los Santos, m. 84), Baraja, Vicente; Mista (Sánchez, m. 66) y Carew. Ajax: Didulica; Trabelsi, Bergdolmo, Chivu, Maxwell; Galasek, Pinaar (De Jong, m. 70), Van der Vaart; Litmanen (Zlatan, m. 59); Van der Meyde y Mido (Boukhari, m. 86). Goles: 0-1. M. 87. Pase en profundidad de Rafael van der Vaart a Zlatan, que marca ante Cañizares. 1-1. M. 92. Angulo, con la izquierda, tras un pase en corto de De Los Santos. Árbitro: Pilles Veissiere. Amonestó a Chivu, Mido, Albelda, de Jong y Galasek. Unos 40.000 espectadores en Mestalla.

El equipo local sometió a un asedio a Didulica, el portero australiano del Ajax, que lo paró todo

El Valencia acogotó al Ajax en su habitual primera media hora de altísima intensidad, con unas ganas enormes de resolver el partido en un instante. Fue un pim pam pum. Al portero australiano Didulica, que evidenció un pie de madera, le caían tiros por todos lados. Pero ninguno certero. Vicente fabricó una brecha por la banda izquierda y Angulo otra por la derecha. Baraja y Albelda marcaron la raya en el centro del campo y otro tanto hicieron atrás Ayala y Pellegrino. El dominio fue aplastante. El cuadro de Benítez masticó el encuentro como de costumbre, con un ritmo de vértigo, pero ofreció una novedad: nadie acertaba a rematar tanto empeño.

En el minuto uno Carew falló el gol de su vida: solo, sin portero delante y a dos metros de la línea de gol, golpeó a las nubes tras un excelente pase de Vicente. Quiso el noruego que se lo tragara la tierra. Y el monumental error pareció afectarle psicológicamente al delantero, que jugó sin la confianza de los últimos meses. En realidad, fue de más a menos y su relación con Mista en el ataque careció de la química esperada. Siempre se les fue el gol en el último momento. En el decisivo. Se echó entonces de menos la lucidez de Aimar para resolver el crucigrama.

Los jóvenes futbolistas ajacied se encogieron irremediablemente en esta primera parte. Notaron el peso de Mestalla, la fuerza de un rival embravecido. Todos menos Rafael Van der Vaart, que sacó su vena latina para dejar tirado a Ayala en un par de regates muy cortos. Litmanen evocó viejos tiempos con un remate forzado a escasos metros de Cañizares, que pulió sus reflejos. Pero el delantero finlandés no está ya para muchos trotes y menos para enfrentarse solo a Pellegrino y a Ayala. Pareció un jugador retirado.

Pese a todo, el Ajax salió indemne de la acometida y eso se le antojó muy peligroso al Valencia, que había quemado muchas de sus naves en ese primer tercio del encuentro. El conjunto de Koeman se fue desprendiendo del miedo y empezó a sacar fuera sus virtudes: el bueno manejo del balón y la velocidad.

La segunda parte la arrancó Rafael Van der Vaart con un culebreo por la izquierda que causó cuatro damnificados, el último de ellos Ayala. El Valencia, en cambio, empezó a ser perjudicado en todos los rebotes, síntoma inequívoco de que se le estaban esfumando las energías. El equipo holandés se cerró como un embudo y al español se le nublaron las ideas. Tanto como al árbitro francés, que cometió una pifia de categoría regional, de una cobardía absoluta. Primero le dijo a Baraja que se levantara, que no era falta, y cuando Bergdolmo cogió el balón con la mano dentro del área creyendo que había señalado la infracción, rectificó e indicó la primera falta. Una indignación que aprovechó el Valencia para recuperar el brío de su ataque, que se había desvanecido.

Y surgió Didulica, el portero, y lo paró todo: un cabezazo a bocajarro de Carew, un pelotazo de falta de Baraja... Benítez hurgó en el banquillo en busca del tesoro del gol: es decir, Sánchez, que salió como revulsivo. Efectivamente, Sánchez disparó a discreción. Se repitió el asedio. La imagen de Chivu golpeándose contra el poste para repeler un centro de Carew describía perfectamente lo que era el partido en esos momentos. Mestalla echaba humo y Benítez más madera con la entrada de Fabio Aurelio para que aportara su tremenda pegada. El efecto fue el contrario. El brasileño entró frío, sin la intensidad que requería el partido y volvió a desinflarse el Valencia. Benítez optó por De Los Santos para recuperar el centro del campo y, en cierto modo, lo consiguió. Aunque antes Rafael van der Vaart dio un puñetazo a la grada cuando metió ese pase entre líneas que convirtió en gol Zlatan. Tenía motivos para hundirse completamente, pero el Valencia siguió intentándolo. Y, por fin, de un pase de De Los Santos, Angulo, inasequible al desaliento, remedió levemente la injusticia.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 28 de noviembre de 2002