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Reportaje:

Síndrome de Ulises, la enfermedad del emigrante

Los psiquiatras observan un aumento de los trastornos psíquicos entre los inmigrantes

La carrera de obstáculos que han de afrontar los inmigrantes les hace especialmente vulnerables a la enfermedad mental. Los psiquiatras han detectado entre los inmigrantes, especialmente entre los que no han logrado sus expectativas, un aumento de una serie de trastornos que especialistas de Barcelona han descrito como el síndrome de Ulises.

Sin una intervención pronta, el síndrome puede derivar en grave enfermedad mental

Los 'sin papeles' son los principales candidatos a sufrir los trastornos mentales

Mohamed tiene la mirada perdida, se encuentra en un estado catatónico y sufre fatiga intensa y cefaleas. Tiene, además, delirios de persecución: de pronto, aparecen en su mente unos enormes peces que se disponen a tragárselo, un tormento que los psiquiatras vinculan al terrible miedo que se apoderó de él en su viaje en patera hacia la Europa próspera. Tres meses después, en Barcelona, este marroquí de 24 años se halla en la miseria, sin papeles, sin trabajo y sin expectativas. Mohamed no ha resistido el trauma y su estado mental le está cobrando la factura.

La sintomatología que presenta Mohamed se encuadra perfectamente en el denominado síndrome del inmigrante o síndrome de Ulises, descrito por el equipo de psiquiatras del Servicio de Atención Psicopatológica y Psicosocial a Inmigrantes y Refugiados (SAPPIR) de Barcelona, un organismo pionero en España en el abordaje de la denominada psiquiatría transcultural. Los inmigrantes afectados por este síndrome sufren un estado depresivo y de estrés crónico que puede derivar en enfermedad mental y que tiene su desencadenante en la dura carrera de obstáculos que supone la migración: un viaje a menudo peligroso, la lejanía del entorno y de la familia, las dificultades para encontrar trabajo y obtener papeles, o el rechazo racista que muchos inmigrantes, particularmente los extracomunitarios, sufren en la sociedad de acogida. El SAPPIR, con sede en Ciutat Vella, el distrito que concentra el grueso de inmigrantes de Barcelona, ha reunido desde 1994 un millar de historiales clínicos de pacientes que presentan el síndrome de Ulises, una denominación que evoca la similitud entre el arriesgado y duro viaje de los inmigrantes en busca de una vida mejor y la odisea del mítico personaje griego, también plagada de peligros y añoranzas, en su largo periplo por el Mediterráneo.

Desde hace unos años está aumentando en las consultas del SAPPIR el número de pacientes con síntomas similares a los de Mohamed. El director del servicio, Joseba Achotegui, augura que este incremento no cesará: en su opinión, la actual política de extranjería, que califica de "demencial" -utilizando un término propio de la psiquiatría-, está limitando las posibilidades de regularización de inmigrantes e incrementa el número de sin papeles, abocados a la marginación y a la miseria. Éstos son los principales candidatos a sufrir el síndrome de Ulises. Según Achotegui, este síndrome se caracteriza por un estrés crónico, muy intenso y duradero, y múltiple, ya que tiene su origen en una serie de "duelos" derivados de la migración. Los psiquiatras definen el duelo como el proceso psicológico de reorganización de la personalidad que se produce cuando el individuo pierde algo que es muy importante para él, en este caso el contacto con la familia y los amigos, la lengua y la cultura propia, su tierra, su posición social y la seguridad física. "Pensemos en la fortaleza física y psicológica que se requiere para resistir en estas condiciones, a las que hay que añadir la indefensión, la persecución policial o la explotación laboral, entre otras", destaca Achotegui.

No todos los inmigrantes son tan fuertes como para saber afrontar estas adversidades y penurias, y cuando no es así pueden aparecer algunos o todos los síntomas que se engloban en el síndrome de Ulises: ansiedad, depresión, tristeza, temores, irritabilidad, trastornos disociativos y psicosomáticos (cefaleas y dolores abdominales o fatiga intensa) y, en el peor de los casos, trastornos de tipo psicótico. Una intervención pronta evita que estos males se cronifiquen y deriven en enfermedades mentales graves, en infartos o en suicidios. Los antidepresivos y ansiolíticos son a veces imprescindibles para tratar a estos pacientes, pero los psiquiatras prefieren optar por las terapias psicosociales que ayuden al enfermo a reorganizar su vida relacional y social. Achotegui destaca en este sentido la necesidad de adaptar las terapias a los ritos propios de la cultura del paciente, a través de la ayuda de mediadores culturales.

Los psiquiatras, sin embargo, no tienen en sus manos uno de los remedios que más ayudarían a estos pacientes: facilitarles papeles si no los tienen y una vida mejor.

"Como si me hubieran apuñalado"

La mayoría de los pacientes que han sido derivados al Servicio de Atención Psicopatológica y Psicosocial a Inmigrantes y Refugiados han llegado a este centro después de un largo periplo por varias consultas de médicos de atención primaria, que no habían logrado encontrar el origen de su mal. Éste es el caso de Rashid, un paquistaní de 35 años que visitó a varios médicos, a los que explicaba que tenía un dolor muy intenso en el abdomen "como si me hubieran apuñalado". En un cuestionario en profundidad sobre sus vivencias de la migración, los psiquiatras del SAPPIR advirtieron que además del dolor abdominal, Rashid presentaba síntomas de ansiedad (preocupaciones recurrentes, irritabilidad, tristeza, temores....), fruto del fracaso personal que le suponía llevar cuatro años en Barcelona y no haber logrado papeles ni trabajo, y sin vislumbrar la mínima posibilidad de mejora de su situación. Los especialistas en psiquiatría transcultural explican que muchas culturas tienden a somatizar los problemas psíquicos, es decir, a expresarlos mediante dolencias físicas. Muchos inmigrantes también suelen atribuir sus males a causas mágicas (mal de ojo, brujería...). Los expertos en psiquiatría cultural aseguran que la expresión de los síntomas psicopatológicos se halla fuertemente condicionada por la cultura de la persona afectada. "Saber interpretar estos síntomas en función de la cultura del paciente, para evitar errores de diagnóstico, es hoy uno de los retos a los que se enfrentan los médicos y psiquiatras", señala Luis Caballero, de la Unidad de Psiquiatría del Hospital Puerta de Hierro de Madrid y profesor de un curso de doctorado de psiquiatría cultural que se imparte desde hace cinco años en la Universidad Autónoma de Madrid.Aunque de manera incipiente, en España se están empezando a tomar iniciativas para incorporar la psiquiatría cultural en la práctica diaria de los profesionales.En Cataluña, la Generalitat ha convocado a varios expertos para que elaboren un protocolo o guía que permita a los médicos de cabecera identificar los trastornos psíquicos de los inmigrantes y poder trasladar al paciente, si es necesario, a una consulta psiquiátrica. En Madrid, explica Luis Caballero, se realizará un estudio para determinar las necesidades asistenciales de los inmigrantes, incluidas las de tipo psiquiátrico, y para la formación de médicos especialistas para afrontar esta nueva necesidad. En comunidades como Andalucía y Galicia se está trabajando en la misma línea.

Más recursos y formación especializada

Una psiquiatría clínica de calidad ha de integrar, como un elemento imprescindible, la psiquiatría cultural", afirma Luis Caballero. El doctor de la unidad de psiquiatría del hospital Puerta de Hierro admite, sin embargo, que lograr este objetivo requiere recursos que las administraciones deben aportar. Caballero elogia la labor que ejerce desde hace años el SAPPIR en Barcelona, dedicado especialmente a los inmigrantes más vulnerables: los indocumentados. Sin embargo, el especialista de Madrid considera que este tipo de servicios deben universalizarse y estar presentes en toda la red pública de salud, donde deben ponerse los medios necesarios para que "los profesionales tengan la formación adecuada para atender a estos nuevos pacientes, con la ayuda de traductores y mediadores culturales si es necesario".El equipo de psiquiatras que dirige Joseba Achotegui en el SAPPIR tiene previsto pedir al Parlamento Europeo, conjuntamente con especialistas de otros países europeos que trabajan en el terreno de la psiquiatría cultural, que aporte recursos para afrontar una nueva demanda sanitaria que va en aumento. "Estos ciudadanos tienen un derecho que no podemos negarles: el de poder expresar sus males psíquicos y que los profesionales sanitarios sepan interpretarlos correctamente para no errar en su diagnóstico", afirma Achotegui.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 26 de noviembre de 2002

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