Las ropas gruesas fueron un lastre fatal en el naufragio de 'L'Oca'

Las declaraciones de algunos de los testigos franceses que han comparecido en el juicio por el hundimiento de L'Oca en el lago de Banyoles corroboran la hipótesis de que los gruesos ropajes de los pasajeros actuaron como un lastre fatal cuando intentaban nadar para ponerse a salvo.

Françoise Vayer, que tenía 64 años en el momento del naufragio, explicó que su esposo llevaba mucha ropa y acabó agotado por el esfuerzo de mantenerse a flote. "Se hundió dos veces y pudo salir a flote, pero a la tercera, desapareció", explicó Vayer al tribunal. La superviviente del naufragio aseguró que los intentos para mantenerse a flote la dejaron totalmente agotada y acabó "medio desmayada". También Rolande Menard, otra pasajera de L'Oca, relató cómo vio hundirse ante ella a su marido, a pesar de que éste sabía nadar.

Los supervivientes del naufragio del catamarán turístico L'Oca se debaten entre el dolor catártico de revivir ante el tribunal su estremecedora experiencia y la irrefrenable indignación ante las temerarias imprudencias que causaron el siniestro. "Considero que es un asesinato", espetó ayer al tribunal Gilberte Farouault, una jubilada que acababa de relatar sus vanos intentos de hacerse con un aro salvavidas. "Traté de arrancarlo, pero estaba atado", explicó. Farouault, que perdió a su hijastro en el naufragio, también tuvo palabras de reconocimiento hacia las personas que la socorrieron, así como para los servicios asistenciales que le dieron "un trato humano". La anciana sólo alcanza a recordar que alguien la sacó del agua y la llevó hasta la orilla.

"Fuera de normas"

Françoise Vayer también fue crítica hacia los supuestos responsables del naufragio. "No entiendo cómo puede navegar una embarcación que no cumple las normas", razonó Vayer, quien reconoció que estaba dispuesta a no comparecer en el juicio, aunque acabó accediendo porque sus hijos se lo pidieron.

Entre los testigos que ayer prestaron declaración se encontraban dos jóvenes familiares de uno de los fallecidos, el menor de los cuales tenía 14 años.

La mayoría de los supervivientes que han declarado hasta ahora son mujeres que perdieron a sus esposos en el naufragio. Algunas de estas viudas han resaltado las dificultades económicas en que se encuentran sumidas, puesto que disponen de pensiones muy bajas. La declaración de los testigos franceses continuará hoy en la sala da vistas de Fira de Girona.

* Este artículo apareció en la edición impresa del 0025, 25 de noviembre de 2002.

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