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Crónica:

La grada maltrata a Figo

El partido se suspendió 16 minutos a causa del lanzamiento de numerosos y contundentes objetos

Y a partir del minuto 72, empezó otra historia, otro partido, nada que ver con el fútbol. Figo se dispuso a lanzar un córner en el Gol Norte, la zona ocupada por los boixos nois, el grupo que goza de un amparo indiscutible por parte de la junta del presidente Joan Gaspart, que siempre ha presumido de tener su carné. Y allí se armó. El Camp Nou se convirtió en un estadio imposible: una lluvia de botellas cayó sobre el córner, ante la impotencia de los agentes de seguridad, incapaces de frenar lo que caía de la grada. Hubo de todo: desde pelotas de golf, hasta una botella de cristal de whisky, pasando por un móvil. Puyol pidió calma. Figo logró, pese a todo, sacar el córner y casi (a no ser por la mano de Bonano) marca. Y a empezar de nuevo. Figo fue otra vez. Lo intentó. Nada que hacer. El árbitro llamó a los dos capitanes y el portugués, que habló con Puyol, se acercó de nuevo al punto fatídico. De nada sirvió. Y así hasta siete minutos. El árbitro, según coincidieron en afirmar el azulgrana Puyol y Jorge Valdano, director general del Madrid, decidió suspender unos minutos el partido hasta que la grada se calmara. Era imposible jugar. El partido estuvo 16 minutos paralizado. Las imágenes se vieron en medio mundo.

El Camp Nou ofreció un paisaje esperpéntico: medio centenar de policías antidisturbios, con cascos y escudos, rodearon el perímetro del terreno de juego. La mayoría de espectadores callaron, atónitos, mientras los boixos danzaban por su gradería felices por ser protagonistas, por haber tomado el estadio. La megafonía -el locutor había hecho una intencionada pausa cuando pronunció el nombre de Figo al anunciar las alineaciones- pidió entonces, con el partido ya suspendido, a los aficionados que no arrojaran objetos a la hierba por razones de "seguridad y deportividad". El encuentro se reanudó mientras Figo se disponía a botar el córner. La lluvia de botellas, ahora menor, reapareció. Al árbitro le debió pasar por la cabeza anular definitivamente el encuentro. Por los altavoces, se volvió a pedir serenidad y se añadió que los incidentes perjudicaban y dañaban la imagen del club. El juego, ya roto, tan contaminado por los incidentes, acabó en medio de un volcán. Figo intercambió al final unas palabras con Reiziger, saludó a Kluivert y, cuando entró en el túnel de vestuarios, esquivó la última de las botellas.

El Barça, que se enfrenta a una grave sanción por parte del Comité de Competición, se vio desbordado. No ha servido de mucho que contratara recientemente a un nuevo jefe de seguridad. Alguien debió recordar que, hace unos meses, el club anunció que colocaría unas redes detrás de las porterías para evitar incidentes ante el Panathinaikos, en un encuentro de la Liga de Campeones. La estructura está preparada, pero nunca se han visto dichas redes. Un miembro del equipo de seguridad aseguró hace semanas que el club había comprado unas pantallas para proteger los goles, pero que finalmente se descartó su utilización. Anoche quedó claro que la junta pudo hacer bastante más: nada más empezar seis bengalas cubrieron el estadio de un humo blanco y en una pancarta se leía: "Hierro, carnicero; Figo, muérete". Ya antes del partido, el autocar que trasladaba al Madrid desde el hotel al Camp Nou sufrió la rotura de dos lunas.

Pese a todo, nada hacía prever que el partido acabaría como lo hizo. Al principio, la atmósfera fue bastante menos tensa hace dos años, cuando el portugués apareció como madridista. Quizá fue por la lluvia, por los paraguas o porque la ausencia de Ronaldo parecía quitarle hierro al clásico. Pero la ausencia del brasileño actuó de bumerán contra el portugués, que jugó todo el partido acompañado de una brutal y ensordecedora bronca. Pero Figo volvió esta vez (hace una temporada no estuvo en el Camp Nou por lesión y luego sanción), dispuesto a sacarse una espina que tenía clavada desde hace dos años, cuando fue acusado de haber tenido miedo de hacer en Barcelona lo que hace siempre: sacar los córners. Ayer, no sólo los lanzó sino que fue uno de los mejores de su equipo. El Madrid voló indignado por el trato mientras Valdano informaba de que Casillas había sufrido un bombardeo de objetos y Raúl añadía que por el vestuario había corrido el comentario de que en el césped se había visto "hasta un cuchillo".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 24 de noviembre de 2002