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Entrevista:MARTÍN AUZMENDI | Presidente del CRL

"No acepto que la política bloquee el diálogo social"

Martín Auzmendi (Ataun, 1951) fue nombrado presidente del Consejo de Relaciones Laborales (CRL), el órgano de encuentro de la Administración y los agentes sociales, en plena crisis entre la patronal Confebask y el Gobierno vasco. Este enfrentamiento, unido a la división entre sindicatos nacionalistas y no nacionalistas, hace que su cargo se asemeje más a una incomodidad que a un mirador desde el que poder lucirse. Aunque se muestra escéptico sobre las posibilidades de recomponer las relaciones entre unos y otros, se niega a "aceptar que la crispación política bloquee el diálogo sociolaboral". En los próximos días tendrá ya el calendario de reuniones con centrales y patronal.

Pregunta. ¿Cómo se sitúa en este panorama de enfrentamiento político y falta de diálogo entre los agentes sociales?

"Disponer de las transferencias pendientes tendría un efecto pacificador importante"

Respuesta. Con mucho respeto por las partes, con realismo y por qué no decirlo, con escepticismo, pero con el propósito de trabajar el papel que me asigna la ley que creó el CRL: dinamizar las relaciones entre las partes. Hay que recordar que el presidente del CRL no tiene voto.

P. ¿Cuál es su objetivo a corto plazo?

R. No me he marcado objetivos. Creo que de momento es mejor, pero quiero hablar con todas las partes para hacer un diagnóstico común, ver cómo hacer balance de los últimos 20 años y lanzar un trabajo compartido que, desde el análisis del pasado y del presente, nos permita plantear unas bases sólidas para trabajar de cara al futuro.

P. ¿Trabajar por un marco autónomo de relaciones laborales?

R. Trabajar para recomponer el diálogo y por qué no, para ver si, se llame como cada cual quiera llamarlo, existen en Euskadi condiciones específicas en la negociación colectiva. Si tenemos o no especificidades en salarios, en convenios, que nos permitan, insisto, llamándolo de esa manera o como se quiera, tener un escenario y una dinámica específica. Tenemos actores sociales organizados desde aquí, centrales específicas y sindicatos con prolongaciones fuera, pero con organizaciones autónomas, federadas o confederadas. No se pueden imponer marcos de negociación.

P. Pero, aun con un marco propio, seguiría siendo influenciable por una eventual reforma de la negociación colectiva, como ya anunció y luego retiró el Gobierno central el pasado año.

R. Sí, salvo que los agentes sociales y la patronal firmaran un acuerdo interprofesional de carácter general. Eso blindaría las condiciones y la negociación aquí.

P. En las actuales condiciones y sólo con mirar la trayectoria del CRL parece una utopia.

R. Tenemos que partir de la base de que el estado de las relaciones laborales no es el adecuado, y coincidir en que el objetivo de las relaciones es contribuir a la mejora de las condiciones de los trabajadores y al desarrollo de la economía. Creo sinceramente que para eso sólo hay un camino, el del diálogo y el acuerdo, y ése es el que hay que explorar. Aunque ya he dicho antes que soy escéptico, porque hay que ser realista, no he venido simplemente para contemplar esa realidad.

P. ¿Y cómo se trabaja frente a la estrategia del conflicto que alguna central sindical ha reforzado como método?

R. El conflicto es inevitable. Surge en todas las relaciones, pero más allá de los conflictos puntuales lo razonable sería tener un marco estable de relaciones.

P. Por ejemplo, ELA firma menos convenios que LAB.

R. Hay que respetar las tácticas y estrategias.

P. ¿Las relaciones laborales pueden funcionar al margen de la política?

R. Hay un espacio para las relaciones laborales que está en un plano diferente al de la política. No se trata de que nadie renuncie a sus ideas, pero no vamos a discutir sobre el marco político, sino de un espacio para el acuerdo en ámbitos laborales y de relaciones, de negociación para mejorar la situación económica y de los trabajadores. En ese sentido sí que creo que se puede trabajar. Lógicamente la crispación política nos limita y condiciona, pero me niego a aceptar que bloquee el diálogo laboral y social.

P. ¿Serían más fáciles las relaciones laborales con el Estatuto completado?

R. De entrada, disponer de las transferencias pendientes en política de empleo, ocupacionales o la gestión económica de la Seguridad Social, entre otras, tendría un efecto pacificador muy importante. Después, nos daría instrumentos para regular mejor todos esos elementos y, por lo tanto, legislar y disponer de más medios. Creo que el resultado final ayudaría a estabilizar las relaciones.

P. Aunque ya ha dicho que no se ha marcado objetivos, ¿se ha puesto algún plazo para comenzar a ver los frutos de su gestión?

R. No, pero quizás se produzca alguna sorpresa.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 21 de noviembre de 2002