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Una sequía que duró 34 años

En la pretemporada, cuando el entrenador del Deportivo, Javier Irureta trataba de moderar las excesivas ambiciones europeas que apreciaba en el entorno del Deportivo, solía poner un ejemplo: "Para ganar en un estadio tan impresionante como el Olímpico de Múnich hay que ser un gran equipo". Aunque ya se sabía, desde anoche, ya no cabe ninguna duda de la magnitud que ha adquirido el Deportivo.

A pesar de todo, el técnico trató de exhibir prudencia tras la gran victoria. Al terminar el partido, los periodistas le recordaron que había definido al Bayern como un equipo de "la cuarta dimensión" y le sugirieron que el Deportivo ha entrado ahora también en esa categoría. "Tenemos los pies en el suelo. No podemos creernos como Einstein, que fue el que inventó la teoría de la relatividad y la cuarta dimensión", ironizó el entrenador deportivista.

Han tenido que pasar 34 años, grandes goleadas y muchas noches amargas para que el fútbol español rompiese al fin el maleficio de Múnich. Desde que en 1968 el Valencia visitase por primera vez la capital bávara y perdiese 1-0 ante el Bayern en un partido de la Recopa, los tránsitos españoles por Múnich fueron una sucesión de desastres. De 12 partidos que disputaron en casa del Bayern, los cuadros españoles, lo máximo que consiguieron fueron dos empates. El último lo logró el Valencia en 1999, también en la Liga de Campeones, y anteriormente el Barcelona también había evitado la derrota en un choque de Copa de la UEFA. El Madrid, con toda su leyenda europea y su entereza para batirse en todo el continente, sólo cuenta derrotas en sus actuaciones en el Olímpico de Múnich.

Los jugadores deportivistas eran conscientes de haber alcanzado una cumbre histórica, pero intentaron reaccionar con naturalidad. La mayoría incluso aseguraba no sentirse sorprendida. "Yo me lo esperaba", dijo Donato. "Ya hemos ganado en grandes estadios y sabía que el Deportivo era capaz de todo. Lo peor es que una victoria histórica como ésta sólo vale tres puntos y tendremos que seguir peleando".

La victoria de anoche tuvo también significados particulares para cada jugador, como fue el caso de Makaay, uno de los héroes por sus tres goles y de nacionalidad holandesa, país con una rivalidad futbolística con Alemania, que viene de años atrás. "Para un holandés ganar en este estadio siempre es algo muy importante. No me puedo olvidar que aquí ganó Holanda la Eurocopa de 1988, y también que una gran selección holandesa perdió ante Alemania el Mundial de 1974".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 19 de septiembre de 2002