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CRÓNICA

El Barça recibe el alta en San Mamés

Dos goles de Luis Enrique y Saviola apuntillan con prontitud a un Athletic lleno de juventud

Teóricamente, el esquema de Van Gaal reclama extremos natos que ensanchen el campo y revaloricen el papel primordial del medio centro -es decir, Xavi-. Pues bien, el Barcelona juega sin extremos. La apuesta de Mendieta es puro marketing futbolístico y Motta es un muchacho que tiende al centro. Curiosamente, el profeta del tacticismo, es decir Van Gaal, tiene como principales baluartes dos futbolistas que van por libre y gustan de la imaginación más que de la programación. Como quiera que Kluivert ya se ha acostumbrado a buscarse la vida, resulta que los tres futbolistas menos vangaalistas del equipo resolvieron por su cuenta una lucha desigual, abusiva, entre un equipo curtido y una pléyade de muchachos tan llenos de voluntad como de inexperiencia.

ATHLETIC 0 | BARCELONA 2

Athletic: Lafuente; César, Lacruz, Murillo, Larrazabal; Javi González, Gurpegi; Arriaga (Carlos García, m. 87), Guerrero (Tiko, m. 46), Ezquerro (Aduritz, m. 76); y Urzaiz. Barcelona: Valdés; Puyol, De Boer, Navarro; Mendieta, Xavi, Cocu, Motta; Saviola (Gabri, m. 81), Luis Enrique; y Kluivert (Geovanni, m. 76).Goles: 0-1. M. 21. Saque de falta desde la derecha que peina Kluivert, el disparo de Cocu golpea en Murillo y el balón cae a los pies de Luis Enrique que bate a Lafuente.0-2. M. 35. Kluivert pica por encima de la defensa y Saviola marca.Árbitro: Esquinas. Amonestó a César y NavarroUnos 25.000 espectadores en San Mamés. El hijo del músico Carmelo Bernaola, autor del nuevo himno del Athletic, recientemente fallecido, realizó el saque de honor.

El Athletic está enfermo. Tiene la enfermería plagada (diez bajas) y además se encuentra en pleno reforzamiento de su filosofía. Acostumbrado los últimos años a buscar fuera lo que creía que no tenía dentro (aunque lo hubiera), ha decidido ahora fortalecer su fe en la cantera. Una apuesta ilusionante de futuro y preocupante para el presente, pero la única apuesta posible, que sin embargo requiere la presencia de futbolistas cuajados (Tiko, Yeste, Exteberria, Karanka y compañía) sin los cuales la chavalería pierde el norte y, más que progresar, se frena.

Por eso al Barça le bastó la paciencia para hurgar en las heridas y encontrar sangre. La olisqueó Kluivert, que siempre estuvo presente en los asuntos fundamentales. Primero para peinar un saque de falta desde la derecha y desarreglar la nerviosa defensa del Athletic, facilitando el gol final de Luis Enrique, y después para ponerle un sombrero, al más puro estilo Kiko, a todos los defensores rojiblancos y habilitar el segundo gol de Saviola.

El estilo, como los males, permanecen. El estilo Kluivert es inconfundible. Un delantero con aspecto de panzer y juego sutil, enamorado de la sopresa como mejor arte futbolístico. Los males del Athletic continúan, es decir la blandura defensiva por el centro sigue siendo su asignatura pendiente. Ayer le costó dos goles y el partido, sin que mediara por parte de su oponente más esfuerzo que un poco de imaginación.

El resto era cuestión de solvencia, esa que aportan futbolistas como Cocu, Xavi o Puyol y que ocultan las carencias de jugadores más livianos como Motta -que dejó un precioso disparo al larguero- y Navarro, al que el joven Arriaga puso muy en entredicho. Arriaga, un chico más listo que hábil, fue el arma ofensiva de un Athletic que aún no ha encontrado la mejor forma física de Urzaiz y que sigue esperando a Guerrero, ya con poca fe de que vuelva a ser quien fue. Tuvo Arriaga el empate en un mano a mano con Valdés, pero se atracó de balón en el disparo cuando sólo requería un toque sutil. Y tuvo Urzaiz la posibilidad de aminorar la desventaja tras un libre directo de Larrazabal que repelió Valdés.

Por momentos, pareció que el Athletic se sobreponía a los dos goles encajados en la primera mitad y que un tanto le metería en un partido que el Barça había rebajado a la categoría de tran tran a la vista de la bisoñez del rival. Todo el balón que el Athletic no había tocado en la primera mitad, lo encontró en la segunda, un poco por su apelación al orgullo y otro poco por un cierto grado de abstencionismo blaugrana. Cuando todo parecía muerto, el partido revivió. No es que el Barcelona sintiera peligrar su resultado, pero jugó con fuego y sin calor. Echó veinte metros atrás al equipo, se despegó de sus futbolistas más intuitivos y le concedió al Athletic lo que no había tenido anteriormente: posesión, metros y desparpajo, tres argumentos que siempre anteceden a la posibilidad de gol.

Si los goles curan males, el Barça recibió el alta en San Mamés, pero aún no tiene buena cara y deberá mantener tratamiento para no seguir partiéndose en dos, para ser más solvente cuando en vez de la muchachada rojiblanca de ayer tenga enfrente una cuadrilla hecha y derecha. El Athletic se consuela con la actitud en espera de que los enfermos se restablezcan.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 15 de septiembre de 2002