Tinto de verano | GENTEColumna
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El que avisa no es traidor

Hagamos un poco de historia, porque, como diría Jesulín al hilo de una pregunta sobre Belén Esteban, los pueblos que olvidan su historia están condenados a repetirla. Cuando yo conocí a mi santo no me anduve con rodeos. A los tres días le cité en Moratalaz y le dije: este es mi barrio. Dicho esto le subí a la casa de mi progenitor y se lo señalé: 'Y este es mi padre, si lo quieres, bien, si no, puerta. Yo vengo en un pack. Tómame o déjame'. Mi santo vio a aquel hombre vestido con pantalones de ciclista (se los compró por una hernia que tenía, luego le quitaron la hernia pero se quedó con los pantalones y hasta hoy) y una camisa abierta hasta el ombligo. Dicho ciclista sacó una botella de whisky y dos vasos, y dijo: hablemos de hombre a hombre. Mi santo pensó que le iba a preguntar: ¿qué intenciones tienes con mi hija?, pero no, mi padre, durante dos horas, le dio una charla exhaustiva sobre la política de inversiones de Dragados y Construcciones. Al salir mi santo me dijo que se lo tenía que pensar. Por hacerse el interesante. Pero aceptó. Y empezamos a mover los papeles para casarnos. Porque a mí no me gusta estar con un hombre sin un contrato por medio, luego empiezan a llamarte compañera o cosas peores. Cuando estás con un hombre sin contrato, como por ejemplo, estoy yo con Evelio, te deja tirada a la mínima, como me ha dejado ahora Evelio por las fiestas vernáculas, que me lo encontré en la calle con una castaña importante y con un pañuelo rojo al cuello, porque acababa de venir de un encierro, y le dije: 'Evelio, lo de usted no tiene nombre', y Evelio, mirándome las tetas, quería responderme pero no le salían las palabras y casi se cae de cabeza en mis pechos. Sólo acertó a decir: 'Ave María, cuándo serás mía'.

No me gusta estar con un hombre sin un contrato por medio

Pero a lo que iba, que mi santo aceptó y desde entonces tiene un suegro. Dicho suegro vino ayer a comer. Mi padre nunca se te presenta a comer de vacío: trajo una botella de vino dulce que le acababan de regalar y nos dijo que es que a él el vino dulce le parecía una mariconada; el año pasado vino con una ensaladera de cristal esmerilado que le habían regalado en el Banco, y el anterior con una aceitera que le había tocado en un sorteo del DIA. O sea, nos colma de regalos. Le tenemos que decir: 'Papá, nos abrumas'. Mi santo también le llama Papá. Este año ha venido feliz de La Manga porque hay crisis hotelera y le han hecho descuento en el hotel, aunque a él siempre le hacen precio porque lleva nuestros libros dedicados al director y eso enternece a los directores. Este año no ha querido que yo los dedicara porque dice que los está dedicando él, que se siente partícipe. Para que vean si se siente partícipe: hace poco le paró una vecina para decirle que hay que ver lo lista que había yo salido y mi padre le dijo que el mérito no era mío sino de mi carga genética; y luego la señora añadió: aunque a veces no me gusta que se ponga tan ordinaria, hablando de pollas y tal, eso le resta valor. Mi padre le contestó que él no tenía por qué hacerse responsable de las taras de sus hijos.

Pero a mi padre lo mejor que le ha pasado este verano es que ha saludado a Sabino Fernández Campo. Todos los años coincidía con Sabino pero nunca se atrevía a saludarle. Le llamo Sabino porque es así como lo llama mi padre. Cuando volvía de La Manga nosotros le preguntábamos: ¿has saludado a Sabino, papá? Y mi padre decía que no melancólicamente. Pero este año la cosa ha dado el paso. 'Es que la situación era ya insostenible'. Sobre todo para Sabino, sospecho, que debía estar alucinado con ese señor enorme de nariz enorme que no le quitaba el ojo de encima verano tras verano. Este es el principio de una gran amistad, nos ha dicho mi padre. Yo lo transcribo por si Sabino quiere buscarse otro lugar de veraneo. Que no diga Sabino que no le aviso con tiempo.

* Este artículo apareció en la edición impresa del sábado, 24 de agosto de 2002.

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