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Reportaje:

Las joyas del sultán de Omán

Un grupo de muchachas del país árabe visita España como regalo por sus brillantes notas en la universidad

El sultán de Omán ha regalado un viaje a España a 32 jóvenes universitarias que debajo de sus velos tienen brillantes cerebros con aprovechadas horas de estudio. Como premio a sus fantásticos expedientes académicos, el jueves aterrizaron en Madrid y ayer iniciaron en San Lorenzo de El Escorial una ruta que les llevará a Alcalá de Henares, Salamanca, Sevilla, Granada y Córdoba, hasta completar unas minivacaciones de 11 días. La privilegiada delegación del sultanato paseó sus largos atuendos por la sede de los cursos de verano de la Universidad Complutense.

Ordenadas en una piña indisoluble, la treintena de muchachas componían una foto de 64 ojos, 32 bocas y otros tantos pares de manos, bordadas algunas con bellísimos tatuajes. Las guiaban siete acompañantes con el mismo atuendo que andaban mareadas de tantas cámaras y flashes. Al lado de esta insólita procesión languidecieron las chancletas, los vaqueros y las camisetas de tirantes que lucen en estas fechas las universitarias españolas. Un profesor explicó a las omaníes el funcionamiento de los cursos académicos estivales y las acompañó en su visita turística al monasterio escurialense.

El Sultanato de Omán es un país de 300.000 kilómetros cuadrados que cierra la península Arábiga hacia el sureste, con una población de 2,4 millones de personas. Como una bandera, este territorio, bañado por 2.600 kilómetros de costa, se divide en franjas geográfica y climatológicamente bien diferenciadas. Hay desierto y lluvias monzónicas. Y las explotaciones de petróleo y gas jalonan el país y le proporcionan la más importante fuente de riqueza. Cuando las universitarias dejaron la capital de su país a mediados de semana, el calor allí dejaría sin pulso a cualquier sevillano. Quizá por eso, Anisa Khalifa Al-Saadi, de 21 años, destacaba ayer, sin poder contar todavía mucho de España, el clima de este país. Anisa estudia Matemáticas en la Universidad Sultán Qaboos, la más grande e importante de Omán. Su padre, un ingeniero que trabaja en explotaciones petrolíferas, la lleva en coche hasta allí desde su pueblo, Samail, a una hora de la capital, Muscat.

Anisa ha viajado antes a India, Malasia y Tailandia, pero con sus padres. Así que ésta es la primera vez que viaja sola fuera de las fronteras del sultanato, si no se cuentan las treinta y pico mujeres que la acompañan permanentemente. Más habrían sido, desde luego, de haber venido con ellas el grupo de chicos a los que el sultán ha regalado idéntico viaje a Holanda.

Cuando acabe la carrera, esta joven de preciosos ojos oscuros quiere completar su formación en Inglaterra y dedicarse a la investigación. En su misma universidad, Shakeera Al-Minji estudia Biología Ambiental, una titulación que le permite alternar las clases ordinarias con prácticas en el campo. Vive en la capital y tarda en llegar al campus 20 minutos si coge el autobús y 15 si va conduciendo.

A su compañera Rajaa Al-Lawati le gustan los negocios y ha elegido hacer Comercio. Ya va por el tercero de cuatro cursos. Explica risueña que sus fabulosas notas son una mezcla controlada de estudio e inteligencia. Se levanta a las siete de la mañana, tiene clases hasta las 11, come en la universidad, duerme la siesta y luego, unas horas de hincar codos. En su casa hay servicio doméstico, por tanto ella se ve exenta de hacer las tareas del hogar.

Todas comparten un perfil parecido, pero ya no hubo tiempo de abundar en ellos porque el grupo salió de visita cultural al sultanato de los Austrias en Madrid.

Una comida original en los cursos de verano

A la hora de la comida en la sede veraniega de la Universidad Complutense, 37 túnicas fueron entrando en fila india hasta ocupar sus puestos en dos largas mesas. Como manda la cultura islámica, mayoría religiosa en este país, el vino fue sustituido por zumo de naranja y desapareció el plato que reina casi en exclusiva en cada almuerzo de estos cursos de San Lorenzo de El Escorial: filete de carne. Al relevo acudió el pollo, segundo en la fila de los clásicos. 'Chicken, chicken, ¿quién quiere chicken?', interrogaba solícita en inglés la cónsul del sultanato en España, Ana María de Lara.

La sopicrema de marisco tampoco tuvo mucho éxito entre las universitarias omaníes, que, sin embargo, no perdieron la sonrisa durante todo el almuerzo. Eso es aplomo. '¿Salad, salad? Diez y pico salad de lechuga, tomate y aceitunas sirvieron en el comedor del centro, que hizo un esfuerzo para adaptar la oferta en la medida de lo posible a los hábitos culinarios de las muchachas, teniendo en cuenta que el menú es único para los cursillistas que se apiñan cada día en el comedor y lo convierten en una jaula de grillos.

Un poco de queso y un postre de natillas con galleta remató la faena con éxito, por usar un lenguaje taurino.

Que muchas mujeres islámicas cubren su cabeza con un velo ya no extraña a nadie, pero es casi inevitable que un grupo tan numeroso de jóvenes así atavias haga volver la mirada. A algunos les daba un poco de pena, a otros, calor, sólo con mirarlas, o curiosidad. Pero los comentarios de los periodistas y las preguntas, 'siempre las mismas, llenas de tópicos', incomodaron a la cónsul, que no entendía por qué no se les preguntaba por su experiencia en la universidad, sus estudios o su normalizada vida como mujeres y estudiantes en el sultanato.

Desde luego es un tópico y una torpeza molestarse, si alguien lo hizo, por sus hábitos alimentarios. Ellas, al fin y al cabo, están en España por algo que no tiene que ver con su religión ni su cultura: son universitarias y de las más brillantes.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 10 de agosto de 2002

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