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Reportaje:ATLETISMO | Mañana comienzan los Campeonatos de Europa al aire libre

España busca la cosecha de su historia

El equipo se marca el desafío de alcanzar 15 medallas tras las 11 conseguidas hace cinco meses, en Viena, en pista cubierta

Nunca ha acudido España en mejor situación a un gran campeonato de atletismo. Y nunca las posibilidades han estado más contrastadas por los precedentes. España llega a los Europeos apenas cinco meses después de la impresionante cosecha que recogió en Viena, donde obtuvo once medallas en los de pista cubierta. El éxito generó un efecto expansivo que no se detiene. José María Odriozola, el presidente de la federación, ha situado en 15 medallas el horizonte real del equipo en la competición que comienza mañana en el célebre estadio Olímpico de Múnich. Parece una cifra inabordable para un país que tradicionalmente ha figurado en la segunda fila. Y hasta se podría dudar del pronóstico a la vista de las actuaciones en las grandes reuniones de verano. No se han producido grandes explosiones ni se han conseguido marcas espectaculares, excepto las de Manolo Martínez en el lanzamiento de peso, pero la sensación es que España se encuentra ante la oportunidad histórica de colocarse entre las primeras de Europa.

Hace un año, en los Mundiales de Edmonton (Canadá), España dio una sólida impresión que ha tenido desarrollo desde entonces. Más que las medallas, funcionó una amplia estructura, apenas conocida anteriormente. Allí se acabó definitivamente con la idea de un país de mediofondistas, maratonianos y marchadores. Para empezar, fue el campeonato que vio la primera medalla de una atleta en una prueba de pista. El éxito de Marta Domínguez en los 5.000 metros fue el símbolo de la notable aportación de las mujeres al deporte español. En un país cuyas deportistas han obtenido más de la mitad de las medallas olímpicas desde Barcelona 92 faltaba la consagración de las atletas de pista. Marta, también candidata a medalla en Múnich, es la representación de un grupo espléndido, como Maite Martínez y, especialmente, Natalia Rodríguez, la liviana, ágil y elegante especialista de los 1.500 metros. A ellas se unen María Vasco en las pruebas de marcha, así como Niurka Montalvo y Glorie Alozie, de cuyo talento no hay duda.

No hay muchos datos sobre el estado de forma de Montalvo, pero no parece que el salto de longitud atraviese su edad de oro. En condiciones normales podrá pelear por las medallas. Y quizá con la compañía de Concha Muntaner, que da signos alentadores de su futuro. En el caso de Alozie, que ha recibido este año la nacionalidad tras largos años de estancia en Valencia, nadie parece en condiciones de cuestionar su hegemonía en los 100 metros vallas. Y hasta buscará su oportunidad en los 100 lisos, en los que la ucrania Zhana Pintusevich y la francesa Muriel Hurtis son inalcanzables.

Si el atletismo femenino empieza a cobrar peso, lo mismo se puede decir de disciplinas que hasta hace poco eran inhábiles para los españoles. Tanto en los saltos como en los lanzamientos hay posibilidades de lograr excelentes puestos. Martínez ha sido el lanzador europeo más consistente del año. Es cierto que algunos consiguieron grandes marcas a comienzos de temporada en Estados Unidos, pero casi nadie ha logrado situarse por encima de los 21 metros. Él, sí. Es curioso que su figura casi siempre pasa inadvertida cuando se elige a los deportistas del año. Sin embargo, pocos tienen más mérito que este maravilloso lanzador, eje sobre el que se extiende el interés por los lanzamientos en España. A su rebufo ha surgido Mario Pestano, uno de los mejores especialistas en disco. No lo tendrá fácil frente a los colosos rusos, bálticos y alemanes, pero si lanza alrededor de 67 metros, y es posible, quizá encuentre un puesto en el podio.

En los saltos, Raúl Fernández y Yago Lamela están tapados en una especialidad en la que nadie se destaca. Por los resultados del verano, ninguno de los dos parece en la forma que demostraron en los Europeos de pista cubierta, en los que fueron primero y segundo. Pero eso no quiere decir nada. Pueden repetir el éxito, que en el caso de Fernández sería el definitivo despegue tras varios años a la sombra de Lamela. En el del asturiano, decepcionó un tanto su actuación en los Campeonatos de España, en los que se le vio inseguro, con algunos de los síntomas que le afectaron durante las dos últimas temporadas. En Múnich tendrá la oportunidad de romper con los fantasmas que le persiguen desde los Mundiales de Sevilla 99.

Quedan los clásicos: mediofondistas y fondistas. Por tradición, España siempre ha sacado petróleo en estás pruebas, sobre todo en los Europeos, en los que no soportan el yugo de los astros africanos. Curiosamente, no será el 1.500 la prueba fetiche. Ni Reyes Estévez, ni Juan Carlos Higuero, ni José antonio Redolat se han mostrado contundentes. Ahora bien, sus rivales son accesibles. Sólo el portugués Rui Silva parece en estado de gracia. Los 3.000 metros obstáculos serán la gran prueba. Tanto Luis Miguel Martín Berlanas como Antonio Jiménez Pentinel y Eliseo Martín son alguien, lo mismo que Alberto García en los 5.000, en los que su candidatura no se discute. En los 10.000 se echará en falta a Fabián Roncero, lesionado, pero José Ríos comienza a sentirse importante en una prueba devaluada en nuestro continente. Y en marcha no hay novedades: Paco Fernández, en 20 kilómetros, y Jesús García Bragado, en 50, tienen historial de sobra para lograr medallas. Con esta perspectiva, el pronóstico de Odriozola no parecería descabellado si no fuera porque por primera vez España se obliga a un gran desafío. Eso significa buscar 15 medallas, algo que puede generar demasiada ansiedad.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 5 de agosto de 2002