'Soy gitana, pero no es cuestión de ir diciéndolo con un cartel'

Lo suyo es vocacional. Debía tener como cinco o seis años cuando empezaron a fascinarle aquellos abogados que salían en las series de televisión de la sobremesa. Fue entonces cuando decidió que de mayor sería abogada. Se lo propuso y ahora, con 21 años, va camino de conseguirlo. Hija de un gitano y una paya, Neli Suárez Fernández estudia tercero de Derecho en la Universidad del País Vasco.

La segunda de cuatro hermanos, es la primera de su familia que llega a la universidad. También es una excepción entre los de su etnia. Tanto que hace un mes la asociación Kalé dor Kayikó (Gitano del Mañana) le homenajeó en Bilbao junto a 35 niños y adolescentes gitanos que han terminado Primaria o Secundaria. Son cada vez más, pero todavía representan una minoría en una comunidad lastrada por el fracaso escolar. Neli lo atribuye a dos motivos: 'Se casan pronto o igual no se han concienciado de que los medios de vida que tenemos los gitanos se están quedando totalmente obsoletos'.

Aquel homenaje a estudiantes gitanos le gustó, 'sobre todo por los chavales'. 'Ojalá esto les motive para seguir adelante', desea.

La clave, en su caso, fue su padre. 'Él nació en un pueblo. Con 17 años se fue a Madrid y allí conoció a mi madre. Luego se vinieron a Bilbao. Él no ha podido ir al colegio, pero siempre ha tenido inquietud; me la inculcó y me animó. Le gusta mucho leer y él en ese aspecto es muy abierto. Y yo no me he cerrado'.

Sus hermanos parece que sí porque, explica, a ninguno le gustaba estudiar. Apunta que, de todos modos, 'en cualquier familia hay hermanos a los que les gusta estudiar y a otros a los que no'.

Ella tuvo la oportunidad y no la dejó escapar. Estudió en el instituto de Txurdinaga Artabe, en Bilbao. 'Allí los profesores me apoyaron mucho, yo me sentía bien. Ni el colegio ni el instituto fueron duros'. Y aunque acabó 'octavo de EGB tambaleando', nunca se quiso cerrar ninguna puerta. El sueño de ser abogada aún le rondaba en la cabeza.

El camino no ha sido sencillo. 'Por el hecho de ser gitanos, nacemos con un plus de dificultad. Y además siempre hemos sido familias numerosas, y eso se nota'. De hecho, Neli estudia con una beca. 'A mí ya se me ve que soy muy blanca, quizá por eso no he tenido muchas dificultades, pero hay cosas que me indignan. Mi padre ha sido discriminado muchas veces. Ha ido a buscar trabajo y le han dicho: 'No, es que queremos gente normal'. No sé a qué se referían con lo de 'normal', a lo mejor es porque le ven fuerte y con sus rasgos'.

Ella no oculta que es gitana, pero tampoco lo va proclamando. 'Sé que no tengo nada que ocultar, pero tampoco es cuestión de ir con un cartel de 'Soy gitana'. Si sale el tema, lo cuento', comenta.

Sus profesores nunca le enseñaron la historia de los gitanos en la escuela. 'Mikel Arriaga, me gustaría que le nombrara, hizo un seminario sobre los gitanos para sus alumnos de sociología de la UPV y, a través de Kalé Dor Kayikó, me invitaron. Es la primera vez que alguien se molestó en coger información y enseñársela a los alumnos. Eso ya es mucho. Es más, mi padre compró en el mercadillo un libro sobre las razas del mundo. Allí estaban todas menos los gitanos'.

* Este artículo apareció en la edición impresa del 0013, 13 de julio de 2002.