Selecciona Edición
Conéctate
Selecciona Edición
Tamaño letra
COLUMNA

Un error y una desgracia

El nuevo ministro de Trabajo, Eduardo Zaplana, ha declarado que 'apalancarse' en la responsabilidad de presidir el Consell de la Generalitat 'habría sido por mi parte un gran error'. Y agradece al presidente Aznar que le haya brindado la oportunidad de dejar su responsabilidad en Valencia para ofrecerle otra responsabilidad en Madrid. Es decir, que su paso por la presidencia de la Generalitat era eso, un paso previo que le permitiese alcanzar nuevas metas personales en la política española. No nos ha descubierto nada el molt honorable interino. Era algo que ya sabíamos. Un político que se siente identificado con su pueblo, que quiere luchar por la mejora y el progreso del mismo y accede democráticamente a la presidencia del gobierno de su comunidad, no abandona ese puesto en pleno ejercicio para aceptar una cartera en el gobierno central. Salvo que no se sienta 'identificado con ese pueblo y formando parte del mismo'. Y éste es el caso. Ante el señuelo de los oropeles de un ministerio, Zaplana ha abandonado a su pueblo, al pueblo que le eligió confiando en sus promesas y creyendo de buena fe que era uno de los suyos. Pero a las primeras de cambio, a la primera llamada de las trompetas de la vanidad, se ha dicho, pies para qué os quiero, y sin acabar de cumplir su mandato para el que fué elegido por los ciudadanos contribuyentes, se ha largado con un 'valencianos, ahí os quedáis'. O sea, que el tiempo nos ha dado la razón a quienes veíamos -y lo denunciábamos- que Zaplana, como político, estaba de paso entre nosotros, que le importaba un rábano el pueblo valenciano y su futuro, su lengua y su cultura... que él iba a lo suyo, no a lo nuestro. Ciertamente dice la verdad cuando afirma que era un error haberse quedado presidiendo la Generalitat. Un error para él, claro, para su carrera política.Y una desgracia para el pueblo valenciano. Pero... como ha dicho un ilustre valenciano de pata negra, 'se nos va el de Cartagena y quedamos, provisionalmente, en manos del de Motilla del Palancar'. ¿Es que no habrá un valenciano en buen uso que nos gobierne?

fburguera@inves.es

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 12 de julio de 2002