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PERIASAMY KOUSALYA | CONFERENCIA INTERNACIONAL DEL SIDA

'La India se ha convertido en una bomba de relojería'

Una nueva casta se ha sumado los últimos años al de por sí complejo entramado social de India. Sus miembros reciben el mismo trato que los denominados intocables y sufren hasta la extenuación el estigma del rechazo. Son los enfermos de sida. Cuando supo que estaba infectada, Periasamy Kousalya se negó de plano a pertenecer a este grupo. Esta mujer de 28 años lucha a diario contra el estigma y la marginación de los alcanzados por el virus desde la denominada Red de Mujeres Positivas del Sur de la India, de la que es presidenta.

Le notificaron que era seropositiva hace dos años, cuando los síntomas de la enfermedad ya eran más que evidentes y se estaba quedando sin fuerzas para salir adelante. Hoy las ha recuperado, en parte gracias a los antirretrovirales, pero también por la necesidad de hacer escuchar su voz en una sociedad que ni escucha ni respeta a la mujer.

25% de infectados

Su central de operaciones es Madrás, una ciudad donde, según el Ministerio de Salud de la India, hay algunos barrios con hasta el 25% de personas afectadas por el virus. Y esto en una ciudad con más de cinco millones de habitantes es mucha gente. 'Pero la mayoría no lo saben', asegura Periasamy, quien recuerda que saberlo y contarlo lleva directamente a la marginación. 'Te acusan de drogarte o de ser una puta'.

Ella lucha para que la India, que fabrica y suministra antirretrovirales sin marca a cientos de ONG de todo el mundo, ofrezca el tratamiento a todos los seropositivos, casi cuatro millones de personas, según los datos más optimistas de Onusida. Periasamy cree, sin embargo, que esta cifra se queda corta. 'India se ha convertido en una auténtica bomba de relojería', afirma.

Periasamy está convencida de que el sida puede arrasar su país y cree que sus compatriotas sólo pueden salvarse con prevención, tratamiento y cambios sociales. El primero, el trato que reciben las mujeres. 'Tenemos que dejar de ser un objeto sexual, sin autonomía reproductiva no hay solución'.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 9 de julio de 2002