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COLUMNA

Réquiem

Comprar y vender es la clave de un negocio. Desarrollar la actividad de una empresa, transformarla o reconvertirla es otra faceta que influye en la efectividad y en la imagen que proyecta. Dentro de un proceso lógico y previsible, la Compañía Valenciana de Cementos Portland ha pasado a denominarse Cemex España, por acuerdo aprobado en su junta general de 24 de junio. La compañía ha hecho coincidir esta decisión con la celebración del décimo aniversario del aterrizaje de Cemex en España con la compra de Valenciana y Sansón, las dos cementeras más importantes del país.

Cemex es una empresa de origen mexicano, que cotiza en Bolsa desde 1976, y que inició su conversión en multinacional con la compra de las mayores cementeras españolas, para después diversificar sus actividades y expandirse en Venezuela, Panamá, República Dominicana, Colombia, Filipinas, Egipto, Tailandia, Haití, Taiwan, Bangladesh y, cómo no, en Estados Unidos, donde se ha convertido en el primer productor de cemento de Norteamérica.

Hasta aquí tenemos los datos escuetos de la evolución característica de una multinacional inmersa en los circuitos contemporáneos de la globalización. Desde que la empresa iniciara sus pasos en Monterrey, allá por 1920, hasta la situación actual de penetración en múltiples sectores económicos y con cifras enormes de facturación y producción, hay un punto de inflexión que coincide con su toma de posiciones en Valenciana de Cementos Portland, que se había constituido en Valencia en 1917. Ese mismo año adquirió la planta de Buñol y en 1928 la compañía Alicantina de Cementos ubicada en Sant Vicent del Raspeig. Valenciana de Cementos se ha movido tradicionalmente en el entorno de los Serratosa, una de las familias más poderosas e influyentes en la Comunidad Valenciana.

La reflexión que motiva este hecho es la desaparición de una marca histórica en el panorama empresarial valenciano del siglo XX. Bien es cierto que el fruto de las transacciones, como la energía, no se destruye sino que se transforma y a menudo su evolución puede llegar a ser espectacular. En esta línea cabe considerar que si Valenciana de Cementos Portland no se hubiera vendido, primero, y transformado después en Cemex, otras entidades de negocio -la compañía aérea Air Nostrum entre ellas-, no existirían. No es menos cierto que los negocios tienen un ciclo vital, de acuerdo con los objetivos con los que fueron creados. El proceso de Valenciana de Cementos se ha culminado con el cambio de denominación para integrarse plenamente en la multinacional mexicana Cemex.

Lo que no conviene olvidar es que la existencia y la trayectoria de una empresa como ésta no son gratuitas y que si fuera posible escribir la saga, a caballo entre la realidad y la ficción, que recogiera las vicisitudes y los episodios que han marcado la vida de esta compañía vinculada a la familia Serratosa, es muy probable que nos aproximáramos un poco más a las claves que han marcado la economía valenciana. Se trata de la reconstrucción histórica del mundo empresarial autóctono que, en más de un caso, daría para un excelente guión cinematográfico. Se ha cerrado la trayectoria de una empresa valenciana de campanillas.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 1 de julio de 2002