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COLUMNA

Democracia

En Madrid tenemos un Manhattan cutre, situado en los alrededores del Bernabéu, al que en los telediarios llaman 'corazón financiero de la urbe' y tonterías semejantes. Sus edificios más conocidos son Torre Picasso, Torre Europa y la central del BBV. En los espacios libres dejados por estos rascacielos de clase media hay restaurantes, tiendas de moda y galerías de arte excavadas en bloques de cemento de cuyas grietas, por las noches, salen ratas que van a los cubos de la basura con la expresión con la que otros van a la oficina. El lunes, un policía municipal hurgó con su porra en una de estas grietas y en lugar de aparecer un grupo de roedores surgieron 12 hombres como 12 apóstoles.

Hasta aquí no hay noticia. ¿O a quién le extraña que las ratas y los mendigos convivan en los sótanos de los corazones financieros? Lo que ha merecido las primeras páginas de los periódicos es el hecho de que entre los indigentes hubiera un economista, un abogado y un agente inmobiliario. Es como si destapas una alcantarilla y salen media docena de subsecretarios. Tranquilícense: esto constituye un avance democrático. Antes, para ser mendigo, tenías que recorrer un escalafón agotador. Ahora, desde la clase media se puede saltar a la miseria sin pasar por la pobreza. Los Gobiernos progresistas de centro nos hacen a todos más iguales por abajo, que es por donde se debe igualar. No pretenderá usted dar un tropezón económico y caer en el despacho de Emilio Botín, desde donde se ganan dos millones y medio de euros.

Si usted viene a Madrid, no deje de dar un paseo por la Castellana para conocer nuestro Manhattan de provincias. Sus oficinas están llenas de seres humanos con contratos basura y siete idiomas que en cualquier momento pueden volar desde el último piso de uno de esos rascacielos cutres hasta sus sótanos. Se trata de un espectáculo democrático que le pone a uno los pelos de punta, pero que vale la pena contemplar, sobre todo si consideramos que la vocación del Estado es la quiebra y que el dinero metido en el plan de pensiones vale hoy menos que ayer pero más que mañana. ¡Viva el sálvese quien pueda! ¡Arriba el decretazo!

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 28 de junio de 2002