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Reportaje:

Bové vuelve a prisión

Centenares de simpatizantes respaldan al líder francés antiglobalización

El popular líder del movimiento antiglobalización francés José Bové ingresó ayer en prisión para cumplir una pena de tres meses que le fue impuesta por los daños causados, en 1999, a una hamburguesería McDonald's que se estaba construyendo en Millau. Bové, líder del sindicato Confederación Campesina, llegó a la cárcel haciendo campaña contra las restricciones que impone EEUU a los productos agrícolas europeos.

Bové ingresó en la prisión de Villeneuve-lès-Maguelone, cerca de Montpellier. Eran las cuatro de la tarde cuando llegó encadenado a los nueve compañeros encausados como él por el ataque a McDonalds. Todos llevaban vestimentas similares a las de los presidiarios. Centenares de simpatizantes les apoyaban. El despliegue policial era impresionante, más de 200 gendarmes controlaban el acceso a la cárcel. Los compañeros quisieron franquear la entrada de la prisión con su líder pero sólo Bové quedó dentro ya que los policías se encargaron de cortar las cadenas que unían al grupo. 'No os preocupéis por mi; el combate continúa', dijo a modo de despedida.

Los gendarmes cortaron las cadenas de los 9 compañeros que también querían ser encarcelados

Poco antes, Bové había brindado con sus abogados, François Roux y Marie-Christine Etelin, con vino de Languedoc. 'Mantengo un combate justo y legítimo por los ciudadanos, por una mejor alimentación y sobre todo por la socieda, los marginados, los pobres los sin papeles', comentó el dirigente antiglobalización.

En tono distendido comentó que en prisión va a emprender un ayuno que prolongará al menos hasta el 14 de julio, fiesta nacional de Francia. 'Es mi forma de ayudar al movimiento social frente al gobierno Raffarin'.

Cerraba así una marcha que había iniciado en Potensac a las seis y media de la mañana.Precedido por motoristas de la Gendarmería, partió encabezando un convoy de tractores acompañado de simpatizantes de la Confederación Campesina y numerosos periodistas. Bové llevaba adosada en su vehículo una pancarta que rezaba: Harinas cárnicas, veneno, lucha sindical, prisión. Junto a él circulaban tractores conducidos por los otros nueve militantes de Confederación Campesina que también fueron perseguidos por la justicia por los daños causados en la hamburguesería de Millau. El cortejo incluía también camiones de la asociación humanitaria Emmaus. Al iniciar la marcha hacia la prisión, distante unos 150 kilómetros de su domicilio, había comentado que su encarcelamiento es una provocación y que 'no es una persona sino todo un movimiento' el enviado entre rejas; es, dijo, 'el conjunto de Confederación Campesina y un movimiento ciudadano'.

El líder antiglobalización cumplió 19 días de detención preventiva en 1999 en la cárcel donde ingresó ayer, con lo cual permanecerá internado entre 50 y 60 días, según sus propios cálculos, gracias a las reducciones automáticas de pena.

El pasado 5 de febrero, el Tribunal Supremo rechazó el recurso de Bové contra su condena. Pero la Fiscalía decidió retrasar la ejecución de la sentencia para 'no contaminar' el debate electoral.

En aquellos días Francia estaba en plena campaña para las presidenciales, con la consabida victoria de Chirac. La consolidación de la derecha se confirmó el pasado domingo tras la segunda vuelta de las legislativas. El hecho de que, justo después de la victoria de la derecha, las autoridades comunicaran a Bové su ingreso en prisión ha suscitado protestas en los círculos sindicales y antiglobalización, que denuncian la medida como un golpe bajo 'emblemático' por parte del nuevo Gobierno de derechas. También el diputado socialista Henri Emmanuelli afirmó que el encarcelamiento de Bové 'no honra a Francia'. Emmanuelli dijo que en cuanto abra sus trabajos la nueva Cámara de diputados pedirá explicaciones al Ministerio de Justicia sobre este 'triste comienzo'.

El líder neogaullista Jean-Louis Debré, también diputado, defendió en cambio la medida y pidió poner fin a 'la comedia'. 'La ley fue violada (...) la sanción debe ser aplicada', afirmó Debré, ex ministro del Interior. La polémica ha llegado también a las asociaciones de jueces. Mientras unos aseguran que utiliza la justicia para hacerse publicidad, otros opinan que su acción era meramente simbólica y no merece castigarse con prisión.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 20 de junio de 2002