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Reportaje:

Las Marías Guerreras o las nuevas batalladoras escénicas

Un grupo de 'teatreras', con la autora Itziar Pascual a la cabeza, crea la Asociación de Mujeres de las Artes Escénicas en Madrid

Sabían que estaban condenadas a guerrear juntas. Por toda España se extienden las asociaciones de mujeres relacionadas con el teatro que reúnen fuerzas para apoyarse mutuamente. Madrid ya tiene su propio grupo: la Asociación de Mujeres de las Artes Escénicas (Amaem), que se han dado a conocer como Las Marías Guerreras.

El nombre les va que ni pintado. Están encantadas de ser Marías, se muestran dispuestas a presentar batalla en todos los frentes que crean necesario. Su elección encierra un homenaje a una de las mujeres más populares de la historia del teatro español: la actriz y empresaria teatral María Guerrero, que desarrolló su actividad a caballo de los siglos XIX y XX.

Amaem tiene sus puertas abiertas a actrices, directoras, escritoras, adaptadoras, técnicas, cantantes, circenses, músicas, bailarinas, perfomeras, diseñadoras, escenógrafas, vestuaristas, investigadoras, profesoras, coreógrafas, peluqueras, productoras, distribuidoras, iluminadoras, sastras, constructoras... Muchas de ellas ya se han incorporado a este grupo de trabajo que proyecta crear una federación, de ámbito estatal, con otros grupos similares como Sorámbulas, de Alicante; Proyecte Vaca, de Barcelona; Federicas, de Granada, o Amaem de Málaga.

Las Marías Guerreras dicen haberse juntado para construir un espacio vivo de creación e investigación escénica dirigido por mujeres creadoras y fomentar la difusión de sus iniciativas y producciones. Pero lo suyo no son palabras huecas. De hecho, los resultados ya están a la vista de cualquiera. El grupo de trabajo Mujeres Reinventadas de las Marías Guerreras presenta todos los lunes en el teatro de las Aguas su primera creación escénica, Tras las tocas, un original espectáculo en el que se ofrece una revisión contemporánea de grandes mitos femeninos de la literatura dramática.

El montaje surge de toda una reflexión llevada a cabo entre las dramaturgas de Las Marías Guerreras. 'Muchos de los personajes femeninos más sobresalientes de la historia del teatro emanaron de sociedades en las que las mujeres carecían de derechos elementales de participación, elección y creación', dicen las autoras de Tras las tocas, Itziar Pascual (presidenta de Amaem), Esperanza de la Encarnación, Ana Casas, Margarita Reiz y Antonia Bueno. Ellas recuerdan que Shakespeare concibió personajes femeninos que debían ser representados por hombres, y Esquilo, Sófocles y Eurípides crearon algunos de los personajes más relevantes de la tragedia griega, femeninos, para un público exclusivamente masculino. 'Hoy las mujeres reivindican un lugar activo y decisivo en su posición ante el arte y el mundo, un lugar que revise los parámetros del conocimiento, que exija nuevas perspectivas y proponga nuevas lecturas', afirman.

Para ir abriendo boca, Tras las tocas es una propuesta realizada por nueve mujeres profesionales del teatro residentes en Madrid. Además de las autoras mencionadas están las actrices Nieves Mateo, Ilda Fava y Carmela Cristóbal (además de Antonia Bueno y Esperanza de la Encarnación, que también ejercen de actrices). Y la codirectora Andrea de Gregorio (junto a Encarnación). Todas ellas han planteado un juego en el que, tras el anonimato de los hábitos y el convento, cinco monjas, en medio de su quehacer, cuentan sus vidas anteriores. Unas vidas en las que se descubre a Salomé, Medea, Ifigenia y Adela (la pequeña de la lorquiana La casa de Bernarda Alba) desde una óptica contemporánea.

En realidad son las vidas que esas mujeres han tenido antes de su experiencia conventual. Unas vidas apasionadas, tumultuosas y trágicas. Salomé recuerda que era una jovencita de discoteca que se encaprichó con un extranjero que no le hacía maldito caso, por lo cual decidió vengarse. Medea revisa la tragedia que le llevó a matar a sus hijos, no por despecho y venganza, sino por evitarles una muerte peor. Ifigenia fue en otra época una mujer argentina que los milicos hicieron desaparecer y que se enamoró de su carcelero. Y Adela sorprende al auditorio confesando ser supuestamente la hija de Bernarda Alba que se ha convertido en amante de Pepe el Romano, del que espera un hijo.

Son textos sin aparente conexión entre ellos, aunque como punto de partida tienen en común que son mujeres que, de alguna manera, han sufrido distintos tipos de violencia; que son personajes situados en la tragedia, ya sea antigua o contemporánea, y que sus historias han sido escritas, sin excepción, por hombres.

Un espectáculo que se puede ver los lunes del mes de junio (en agosto participará dentro del Ciclo de teatro iberoamericano de la Sala Ensayo 100) en un pequeño espacio de la ciudad, el teatro de las Aguas (calle de las Aguas, 8, metro Latina), que dirige la compañía, femenina también, El Norte de Venus. Pero ahí no queda todo: los espectadores pueden tras la representación participar en un coloquio con las autoras y actrices sobre cualquier tema que haya suscitado su interés.

Las Marías Guerreras tan sólo llevan un año dibujando el panorama de su futuro. En su presente ya tienen creada una red de información electrónica (mariaguerrer@yahoo.es) a través de la que se informa de festivales, muestras, concursos, certámenes, actuaciones, investigaciones en marcha y toda aquella actividad que fomente la creación e investigación escénicas entre mujeres.

Tras la huella de Casandra

Dice Marguerite Yourcenar, en Peregrina y extranjera, que todas las guerras son variaciones y ecos de la de Troya. Una guerra en la que sólo hubo una superviviente, Casandra, un personaje abordado por Esquilo y Eurípides. Esta princesa troyana terminó de concubina y esclava de Agamenón, el responsable de la destrucción de Troya. Pero muchos siglos después aún se la toma como ejemplo de mujer que nunca se doblegó ni dejó de hablar con su propia voz, reivindicando siempre la verdad, la lógica, el trato igualitario, la paz. En la batalla que libran Las Marías Guerreras también la concienciada troyana es protagonista, ya que sus primeros trabajos se enmarcan en lo que han venido en llamar Proyecto Casandra. La primera fase del proyecto es Tras las tocas. Un montaje que se plantea revisar, meditar, cuestionar y crear alrededor de un personaje que ellas creen que tiene mucho que decir, si sabemos escuchar, de nuestro presente y de nuestro futuro. Detrás de todo y como metáfora está descubrir a las mujeres escondidas, encontrarlas y sacar sus historias a la luz, tal y como ellas las quieren contar. De ahí el nombre de este pequeño grupo de trabajo: Mujeres Reinventadas.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 13 de junio de 2002

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