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Gestión diferenciada

La industria de la gestión de activos financieros ha venido ofreciendo soluciones innovadoras a las necesidades de los principales agentes del mercado: los clientes institucionales. Sin embargo, datos recientes nos revelan un aumento de la proporción de activos financieros en manos de particulares, que, a nuestro juicio, no ha venido acompañada de igual innovación. La gestión profesionalizada de patrimonios de inversores individuales ha optado en la mayoría de los casos por reproducir las metodologías utilizadas con el cliente institucional. Aunque en general el planteamiento es correcto, algunas estrategias y conceptos pueden no ser válidos, o resultar insuficientes para los inversores particulares, en especial si atendemos a su sensibilidad ante la fiscalidad. Con unos ejemplos lo entenderemos mejor. Por un lado, mientras que la medición de la rentabilidad de las inversiones en clientes institucionales no discrimina las fuentes de ingresos ajustadas al riesgo (dividendos, ganancias de capital, etcétera), los individuales requieren un tratamiento diferenciado que analice la rentabilidad después de impuestos de cada fuente de retorno. Por esto, al binomio rentabilidad riesgo debemos añadir un elemento nuevo: la eficiencia fiscal entendida tanto en las estrategias para reducir el pago de impuestos como aquéllas dirigidas a retrasar lo máximo posible las obligaciones tributarias.

El inversor individual requiere un tratamiento diferenciado que analice la rentabilidad después de impuestos de cada fuente de retorno

Por otro lado, en la gestión de patrimonios adquiere relevancia el punto de partida de la cartera global del inversor privado. Ventas de activos o rebalanceos del patrimonio con el objetivo de optimizar el resultado de la gestión se pueden encontrar con restricciones derivadas de asumir costes fiscales que pueden mermar la rentabilidad esperada de las inversiones, en especial si hay plusvalías latentes.

En conclusión, las entidades deben aplicar dichas enseñanzas a la hora de determinar sus políticas de gestión y de elegir las soluciones tecnológicas de gestión de patrimonios.

Alberto Ruiz Rodríguez y Alfonso Amor son, respectivamente, socio-director y responsable de fiscalidad de AFInet Global (Grupo Analistas).

* Este artículo apareció en la edición impresa del sábado, 01 de junio de 2002.

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