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Reportaje:FUERA DE RUTA

Antigua, al pie de los volcanes

Tres cumbres vigilan la barroca urbe guatemalteca

'En esta ciudad de iglesias se siente una gran necesidad de pecar', escribió Miguel Ángel Asturias. Erupciones y terremotos marcaron la historia de la que fue capital de Centroamérica.

Antigua es la ciudad más romántica del mundo', dijo Aldous Huxley sobre la llamada Ciudad de las Rosas. Un lugar en el que se respira un ambiente tranquilo y sosegado, y una de las urbes coloniales que mejor refleja la tenacidad del hombre por resistir una naturaleza violenta de terremotos.

Su historia es larga y azarosa; don Pedro de Alvarado derrotó a los cakchiqueles y fundó en 1524 la ciudad de Santiago sobre las ruinas mayas de Iximché. Las continuas luchas con los indígenas obligaron a su traslado a las faldas del volcán Agua, que en 1541 la sepultó de lodo. Y eligieron su nueva ubicación en el valle de Panchoy, por donde discurre el río Pensativo. Un sitio de belleza natural y de clima suave, rodeado de volcanes que son visibles desde cualquier punto (Agua, 3.766 metros; Fuego, 3.763, y Acatenango, 3.975).

La docena de temblores, terremotos y epidemias del siglo XVI al XVIII requirieron un esfuerzo extra a sus pobladores, hasta que los tres terremotos de 1773 vencieron a las autoridades y Carlos III dio la orden del abandono de la capital y su traslado a un nuevo asentamiento, hoy Ciudad de Guatemala de la Asunción. Con sus habitantes perdió también su nombre: La Muy Noble y Muy Leal Santiago de los Caballeros de Guatemala pasó a ser conocida como Antigua.

Como capital del Reino de Guatemala, que comprendía desde Chiapas (México) hasta Costa Rica, gozó en sus múltiples reconstrucciones de fuertes apoyos económicos, convirtiéndose en el siglo XVIII en un importante centro urbano de 60.000 habitantes de un esplendor comparable con México o Lima. A diferencia de éstas, Antigua, con la mitad de habitantes que entonces, conserva hoy su estilo colonial salpicado de ruinas de conventos e iglesias y con las casas pintadas de alegres colores.

Se urbanizó siguiendo el modelo cuadriculado en torno a una gran plaza donde se ubican la catedral, el palacio arzobispal, el palacio de los Capitanes Generales, el Ayuntamiento y el Portal de las Panaderas. Las viviendas, alineadas en las calles empedradas, son de muros gruesos, amplias, de una planta con patios ajardinados y fuentes, balcones con rejas de forja adornados de flores y una gran puerta en la entrada. Declarada por la Unesco patrimonio de la humanidad, las normas municipales obligan a la conservación del estilo colonial.

El recargado estilo barroco entusiasmó a los indígenas mayas, que lo incorporaron a su expresividad en textilería, cerámica y ebanistería. Son famosos los huipiles (camisas mayas) confeccionados en telares y bordados con vivísimos colores. Las mujeres mayas, muy silenciosas, hablan a través del color, las figuras y las texturas de mitología, de escenas diarias y sentimientos en las telas de su vistosa vestimenta. Un ejemplo del valor de estos textiles es que las jóvenes regalan a su futura suegra el mejor de sus trabajos.

De los más de 40 templos católicos que se construyeron merecen una visita la Merced, Santa Catalina, Santa Clara, las Capuchinas y San Francisco, en donde reposan los restos del hermano Pedro, un canario que murió en Antigua en 1667 y que fue beatificado por sus obras. Debido a su fama de milagrero, la gente acude de todas partes del país a depositar ofrendas, flores, velas y exvotos.

Es una delicia escuchar leyendas y habladurías en medio del murmullo de las fuentes de un refrescante patio de las antiguas casonas, palacios y conventos, algunos convertidos en hoteles lujosos, confortables pensiones, restaurantes y cafés. Aparte del turismo, la ciudad apuesta por la cultura restaurando museos y abriendo galerías. Abundan las academias de enseñanza del español, a las que acuden muchos jóvenes norteamericanos. Herencia del pasado cultural es la Universidad Pontificia de San Carlos de Borromeo, considerada la tercera en importancia en la América colonial, ubicada en un edificio bien restaurado que guarda un tesoro de pinturas barrocas.

GUÍA PRÁCTICA

Datos básicos Población: Antigua tiene 44.604 habitantes. Prefijo telefónico: 00 502. Moneda: quetzal (1 euro equivale a 6,97 quetzales). Clima: de 15º a 22º C (la mejor época es de noviembre a mayo, durante la estación seca). Cómo ir - Iberia (902 400 500). Vuelo diario a Guatemala desde Madrid vía Miami. Ida y vuelta, 827 euros con tasas. - KLM (902 222 747). Diario desde Madrid vía Amsterdam a México, y de allí con Mexicana a Guatemala. Billete de ida y vuelta, 715 euros más tasas. Dormir - Casa Santo Domingo (832 01 40). 3ª calle Oriente, 28. Ex convento colonial decorado con buen gusto y con un excelente restaurante. La habitación doble, 114 euros. - Posada de Don Rodrigo (832 02 91 y 832 03 87). 5ª avenida Norte, 17. La casa del primer gobernador de Antigua, Rodrigo Oviedo Ibáñez, construida en 1678. La doble, 77 euros. - El Claustro (832 07 12). 5ª avenida Norte, 23. La doble, 68 euros. - Convento Santa Catalina Mártir (832 30 80). 5ª avenida Norte, 28. La habitación doble, 68 euros. - Posada San Sebastián (832 26 21). 3ª avenida Norte, 4. La habitación doble, 49,70 euros. Comer - Mesón Panza Verde (832 29 25). 5ª avenida Sur, 19. Precio medio, 21 euros. - Doña Luisa Xicoténcatl (832 25 78). 4ª calle Oriente, 12. Sándwiches y refrescos. Precio medio, 5 euros. - El Sereno (832 05 01). 4ª avenida Norte, 16. Precio medio, 20 euros. Visitas e información - Casa K'ojom (832 07 96). 1ª calle esquina 1ª avenida. Jocotenango. Museo de música y ceremonias mayas. - Casa Popenoe (sin teléfono). 6ª calle Oriente esquina 5ª avenida. De lunes a viernes, de 14.00 a 16.00. Casona del siglo XVII con muebles originales. - Nim Pot (832 26 81). 5ª avenida Norte, 29. Especializada en textiles. - La Casa del Jade (832 39 74). 4ª calle Oriente, 10. Museo, fábrica y tienda de jade, mineral tallado por los mayas. - Oficina de información turística en Antigua (832 07 63; www.guatemala.travel.com.gt).

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 1 de junio de 2002

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